El programa electoral socialista comulga mejor que el ideario del PP con las críticas al liderazgo americano y las amenazas como el efecto invernadero o la dependencia energética que los ciudadanos ven como riesgos globales.
España sigue siendo socialdemócrata en su percepción del mundo. Así, al menos, se deduce de un sondeo realizado en doce países europeos y EEUU, entre más de 1.000 personas, realizada por German Marshall Fund y en la que ha colaborado la Fundación BBVA. El diagnóstico del estudio sobre España revela que el programa electoral socialista, en sus aspectos esenciales, se aproxima más al sentimiento totalmente europeista y al arraigo antiamericano de la sociedad española que al ideario político del PP.
Aunque en Europa, en general, se han acrecentado las críticas al liderazgo estadounidense –que ha pasado de tener un apoyo del 64% en 2002, al 36% este año–, en paralelo al deterioro que despierta entre los socios comunitarios la labor presidencial de George Bush –cuyo nivel de aceptación ha caído 21 puntos, hasta un pírrico 17% en el mismo periodo–, esta visión se acentúa en el caso español. Sólo el 18% lo considera deseable, lejos del 52% de apoyo holandés o el 50% británico.
En este sentido, España supera la media europea en las críticas hacia la intervención bélica de EEUU en Irak y al actual inquilino de la Casa Blanca, con el 39% y el 38% de respuestas que eligen estos factores como causas de tensiones transatlánticas. Una percepción que liga más con la retirada de tropas de Irak, decretada por Zapatero, que con la foto de las Azores. Al igual que la diplomacia de tintes europeistas del actual Gobierno conecta mejor con el 75% de simpatía que despierta la UE entre los españoles –frente al 39% de EEUU–, y que sitúa a España como tercer país con mayor entusiasmo por este club y en el segundo más receloso hacia la mayor potencia del planeta.
Sin embargo, hay otros puntos de conexión, al margen de este antiamericanismo. Pese a que el terrorismo global acerca el sentimiento de amenaza de españoles y estadounidenses –sin duda por haber sufrido atentados islamistas–, e incluso este temor es siete puntos superior en España que en EEUU, una visión que reforzaría la sólida alianza tejida en su día por Bush y Aznar.
Por ejemplo, en la radiografía y resolución de las amenazas mundiales. Los españoles –se deduce del resultado del estudio–, se declaran más partidarios de la filosofía ecologista del Ministerio de Medio Ambiente y de su defensa de Kioto que de la opción nuclear que defiende el PP.
No sólo porque el calentamiento del planeta sea la principal preocupación social –riesgo que está más implantado en la doctrina socialista que popular–, sino porque la segunda amenaza –la dependencia energética–, se debería resolver incluso si supone un incremento brusco del precio final –así lo cree el 42%– y a través de cauces diplomáticos (29%).
Y el Gobierno ha planteado subir las tarifas eléctricas, pese a los recortes del alza a última hora, al margen de las críticas desde las filas populares a la pérdida de peso exterior y al encarecimiento de la factura energética de los hogares.
Además, los españoles dan un alto nivel de apoyo al ingreso de Turquía en la UE –un 25% lo juzga bueno, cota sólo inferior a la de Rumanía, Italia y Reino Unido–, que concuerda con la Alianza de Civilizaciones patrocinada por Zapatero y Erdogan y que, en cambio, se desmarca de los temores a una intromisión de un país islámico en un club cristiano, como declaró Aznar. E impulsarían una acción exterior de la UE más influyente, mediante más ayuda al desarrollo, relegarían a la OTAN a un papel menos esencial para la seguridad mundial, mientras lideran el rechazo al envío de tropas a zonas de combate, y su presencia en misiones de paz, directrices que encajan con el ideario socialista.

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