¿Es posible que un banco central se haga trampas jugando al solitario? No solamente es posible, sino que, además, es probable. Así es como ven algunos analistas la trascendental reunión que celebrarán hoy, en Francfort, los 19 miembros del Consejo de Gobierno del Banco Central (BCE). Si hasta las sacudidas financieras de la primera de semana de agosto se daba por descontado que el BCE subiría en su primera reunión de septiembre el tipo de intervención en un cuarto de punto -hasta el 4,25%-, hoy nadie tiene una idea meridianamente clara sobre lo que harán los banqueros centrales.

El hecho de que los analistas estén divididos sobre la oportunidad de subir o mantener los tipos de interés es normal. Ya decía Churchill que si hay dos economistas en una habitación, habrá dos opiniones; excepto si uno de ellos era Keynes, en cuyo caso habría tres veredictos. Lo verdaderamente sorprendente es que nunca antes, desde la creación el BCE, el Consejo de Gobierno de la autoridad monetaria se había reunido en medio de tanta expectación de la opinión pública. Pero también de tantas presiones por parte de algunos dirigentes políticos, a la cabeza de ellos el presidente francés, Nicolás Sarkozy, que durante todo el verano no se ha cansado de repetir que los banqueros de Francfort son insensibles a la economía real.

Jean-Claude Trichet, que es también francés, rehusó polemizar con el político conservador, pero tras la reunión de agosto dejó claro que los tipos de interés iban a subir al mes siguiente. Al menos, así lo entendieron los mercados, que desde entonces parecen haber descubierto un viejo concepto manoseado hasta la saciedad por el FMI: la aversión al riesgo. “Lo que ha sucedido en los últimos años es que se ha actuado como si el riesgo no existiera, lo que ha provocado una caída en picado de la calidad crediticia. Ahora, la banca ha endurecido las condiciones de los créditos y eso, en realidad, es lo que ha producido las últimas tensiones”, asegura un experto vinculado a la autoridad monetaria.

Recuperar el prestigio

Y quienes han estado detrás de esa estrategia encaminada a restaurar el prestigio de la aversión al riesgo han sido, precisamente, los banqueros del BCE, que hasta el momento habían mantenido una posición común, sin que hubieran trascendido disensiones relevantes. El hecho de que el Banco Central Europeo no publique las actas de sus reuniones -al contrario que el Banco de Inglaterra o la Reserva Federal- impedirá conocer hoy con exactitud la posición de cada uno de los miembros del BCE (los seis funcionarios del Comité Ejecutivo más los 13 gobernadores de los bancos centrales que forman parte del euro), pero las fuentes consultadas ayer por El Confidencial reconocían tensiones desconocidas prácticamente desde la creación de la autoridad monetaria europea. Entre los asistentes (la reunión se hace por videoconferencia), dos españoles, el gobernador Miguel Fernández Ordóñez y el hacendista José Manuel González-Páramo, a quien habitualmente se le vincula con una línea más ortodoxa o monetarista, como se prefiera.

Quienes sostienen que pese a las turbulencias monetarias el BCE debe seguir adelante con su estrategia de endurecimiento de las condiciones del crédito, basan sus argumentos en que los tipos de interés reales en Europa siguen siendo hoy por hoy inferiores a los de EEUU, por lo que difícilmente se puede acusar al BCE de caer en las redes de los monetaristas más recalcitrantes. Los datos indican que el tipo de interés a corto en EEUU (a tres meses) se sitúa en el 5,39%, mientras que la inflación alcanzó en julio una tasa interanual del 2,4%.

Tipos de interés reales

En la zona del euro, por el contrario, el tipo a tres meses se encuentra en el 4,54%, mientras que la inflación se sitúa en el 1,8%. Es decir, que mientras en EEUU el tipo de interés real es de tres puntos, en la eurozona es de 2,74 puntos porcentuales. A falta sólo de ese cuarto de punto que tenía previsto subir el BCE. La política monetaria es, por lo tanto, más acomodaticia en Europa, como le gusta decir a Trichet, y de ahí que estaba cantado que el BCE subiría hoy los tipos.

Por medio, sin embargo, se ha cruzado la crisis financiera, y de ahí que, como dice un analista, la reunión de hoy sea más de psicólogos que de economistas, toda vez que lo que realmente preocupa es cómo vender a la opinión pública que en plena desaceleración de la actividad económica, a la autoridad monetaria no se le ocurra hacer otra cosa que elevar el precio del dinero, y, con ello, la financiación de la economía. Máxime cuando el propio BCE, a lo largo del mes de agosto, hizo hasta cuatro inyecciones de liquidez, lo que va en sentido contrario a un endurecimiento de la política monetaria. Una aparente contradicción que explica que los analistas hablen de que el Banco Central Europeo corre el peligro de estar haciendo trampas jugando al solitario. Por un lado, aumenta la liquidez del sistema financiero, y días más tarde, neutraliza esa decisión con una subida de tipos.

La economía real, sin embargo, no parece entender estas disquisiciones, y lo cierto es que todo apunta a que durante el último trimestre de este año la inflación en la eurozona va a tender a subir de una forma sensible. En el caso español por encima, incluso, del 3,1% que apuntó Fernández Ordóñez en sus últimas previsiones.

El repunte de la inflación preocupa sobre todo en Alemania, Francia e Italia, los países más volcados al comercio exterior. De ahí que los banqueros de esos países parecen ser los más proclives a una subida de tipos. Mientras que en el otro lado se encuentra España, donde restricciones adicionales del crédito pueden acelerar el debilitamiento de la actividad económica, y en particular del consumo privado, que ha sido el eje del crecimiento español durante los últimos años.