PRISMA

Entrados ya en el mes de septiembre, uno advierte que la vida cotidiana vuelve a su normalidad. Atrás quedaron esos dos meses un tanto ligeros, en los que las propias vacaciones se suman a las de los otros para generar un espacio de tiempo donde nada parece definitivo. En septiembre las cosas se ponen de nuevo en su sitio y el calendario de acontecimientos se sucede implacable.

En el mundo de la cultura, el curso que ahora empieza nos puede aportar novedades importantes. Tenemos un nuevo ministro de Cultura que en pocas semanas ha dado muestras de una considerable autoridad. De hecho ha cortado las polémicas asociadas a la destitución de algunos altos cargos de manera personal e implacable, dotándolas de argumentos tan sólidos como pocas veces hemos visto en un departamento público. El Ayuntamiento de Barcelona estrena equipos en la mayor parte de sus estructuras culturales igual que la Diputación de Barcelona y algunos ayuntamientos importantes de Cataluña. Y en la Generalitat, ERC deberá empezar a explicarnos su programa para el próximo año, una vez agotados los recursos de la planificación que se encontraron hecha por el anterior equipo socialista.

En clave política, el curso cultural vendrá determinado por tres factores importantes. En primer lugar, la aprobación y su inmediato desarrollo del Consell de les Arts; en segundo lugar, los cambios que se generen alrededor de la nueva ley de la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió; y en tercer lugar, por la reconstrucción de un nuevo modelo de municipalismo cultural al que parecemos abocados tras los cambios en el nomenclátor del sector.

La puesta en marcha del Consell de les Arts supondrá todo un reto para el sector, en la medida que implica un cambio en su estructura de poderes. Nadie pone en duda a estas alturas de la jugada el peso que tiene el CAC en el sector audiovisual y la importancia de su capacidad reguladora, situación que progresivamente ocurrirá con el Consell en el ámbito de la cultura. Por eso, y al margen de las competencias exactas con las que nazca o de aquellas que vaya adquiriendo con el tiempo, la selección de sus miembros adquiere una gran trascendencia, porque marcará la pauta de su funcionamiento.

En el caso de la CCRTV sería una lastima que los cambios tuvieran únicamente efectos administrativos y económicos. Es evidente que está en juego la autonomía de los medios públicos y su modelo de gestión, pero mucho más importante es debatir su participación en la construcción del imaginario cultural catalán. Hasta finales del siglo pasado su papel fue fundamental, pero en la actualidad es notoriamente ecléctico y en algunos aspectos regresivo. A mi juicio, la reformulación de TV3 va mucho más allá de un mero debate de personas y cargos, posibilidad que, por aparatosa, puede camuflar el auténtico problema de fondo.

En el terreno municipal se observan una serie de cambios, en buena parte asociados al progresivo relevo de alcaldes y concejales.Sería deseable que los ayuntamientos catalanes recuperaran el protagonismo cultural que tuvieron hasta mediados de los años 90, cuando la eclosión de Internet y las industrias culturales eclipsaron buena parte de su actividad, variando los parámetros de medición de la participación y el consumo cultural.

En último lugar debemos esperar a ver qué nos depara un programa pensado en función de los criterios culturales de ERC y hasta qué punto sus principios se dibujan a partir de, o para conseguir los objetivos políticos del partido.

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