El empleo ha sido el gran motor de la economía en los últimos doce años. En 1995 había 12,5 millones de ocupados. Hoy el empleo se sitúa en 20,3 millones, casi ocho millones más. Este fuerte incremento del empleo, ha generado un espectacular crecimiento de la masa salarial, es decir, más renta y, por tanto, mayor demanda de consumo y de viviendas. Esto implica una mayor producción de bienes de consumo y más construcción, es decir, más crecimiento económico que, a su vez, demanda más puestos de trabajo y aumenta la renta, etcétera. Un círculo virtuoso que se ha basado en el crecimiento del empleo de baja productividad en la construcción y los servicios. Sin embargo, en agosto se frenó y el paro registrado aumentó un 2,9% más que en julio y un 2,25% más con respecto a agosto de 2006.

Parece, por tanto, que se está acabando el boom de crecimiento y empleo. Además, a lo largo de este año, seguirán subiendo los tipos de interés para muchas familias que tienen hipotecas y que pueden restringir su consumo. El desempleo aumenta en todos los sectores, pero donde aumenta más es en la construcción (9,6%) y en la industria (4,1%).

El paro de la construcción viene provocado por la desaceleración del mercado inmobiliario. En la industrial, se debe a la deslocalización de la producción fuera de nuestras fronteras. Parece urgente un cambio en el modelo económico español que hasta ahora se ha basado en actividades intensivas en mano de obra y con bajos niveles de productividad. Es evidente que España debe dirigirse hacia sectores de alta y media tecnología. El resultado final dependerá de nuestra capacidad para aumentar nuestro nivel tecnológico y nuestro capital humano. Desgraciadamente, éste es un proceso lento.

Rafael Pampillón es catedrático de la Universidad CEU-San Pablo y profesor del Instituto de Empresa.

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