A los franceses les gusta todo lo que recuerda a la unidad nacional, al Gobierno de los mejores, a la concentración de voluntades, de Gilles Finchelstein en El Periódico
LOS FICHAJES SOCIALISTAS DEL ELÍSEO
He aquí el culebrón del verano. ¿Su título? La apertura. ¿Su argumento? La caza furtiva de la derecha en territorio de la izquierda. ¿Su realizador? Nicolas Sarkozy. Sus actores principales: Bernard Kouchner, nombrado ministro de Asuntos Exteriores; Dominique Strauss-Kahn, apoyado para ocupar la dirección general del FMI, y Jack Lang, postulado para participar en la comisión sobre la modernización de las instituciones. ¿Su audiencia? Excelente, los franceses y los medios de comunicación comentan cada nuevo episodio y sus repercusiones. Sin embargo, en este punto conviene pulsar la tecla de pausa. La apertura constituye una transgresión respecto al juego tradicional de la política. Crea confusión. Y por lo que respecta a los comentarios sobre la apertura, todavía añaden más confusión a la confusión. Así pues, intentemos aclararla.
Primera pregunta: ¿la apertura constituye una novedad? No, porque ya en el pasado algunos presidentes recién elegidos intentaron lo mismo. No... aunque esta vez la naturaleza de la apertura es un poco diferente. No se trata de una apertura ideológica, como la que llevó a cabo Valéry Giscard d'Estaing al introducir reformas -como la legalización del aborto- que inicialmente defendía el bando contrario. No se trata de una apertura social, como la que emprendió François Mitterrand después de su reelección al abrir ampliamente su Gobierno a la sociedad civil. Se trata de una apertura de un tercer tipo: una apertura puramente política, que adopta pocas ideas de la izquierda, que no deja más que migajas a la sociedad civil, pero que bombea alegremente en los depósitos de los responsables del Partido Socialista.
Segunda pregunta: ¿es la apertura un fenómeno homogéneo? ¡La respuesta es no! No hay una apertura, sino unas aperturas. Hay adhesiones políticas, como en el caso de quienes, procedentes de la izquierda, han decidido entrar en el Gobierno. Hay, y esto es muy distinto, cooperaciones democráticas, como en el caso de quienes aceptan misiones de reflexión, pero conservan toda su libertad. Finalmente, y esto no tiene nada que ver, hay envites de interés nacional, como en el caso en que Nicolas Sarkozy considera que su deber es defender la candidatura de un francés, aunque sea socialista, a la dirección general del FMI. Si se es de izquierdas, se puede estar en contra de las primeras, aceptar las segundas y alegrarse de las terceras.
Tercera pregunta: ¿cuál es el objetivo de estas aperturas? Nicolas Sarkozy persigue un objetivo táctico muy simple: desestabilizar lo más profundamente posible a su principal adversario; anestesiarlo a corto plazo para amordazarlo; debilitarlo a medio plazo para derrotarlo en el 2012. Pero hay más: todo ello también apunta a favorecer las reformas ampliando la base de la mayoría presidencial en la opinión pública. Se trata, pues, de una doble inversión, para la acción de mañana y, al mismo tiempo, para las elecciones de pasado mañana.
Cuarta pregunta: ¿qué sentido tienen estas aperturas? El episodio no es anodino en absoluto. Expresa la hiperpresidencialización del régimen. Simboliza la erosión de la divergencia izquierda-derecha para mostrar que es natural, fácil y lógico franquear la frontera; en todo caso desde la izquierda hacia la derecha... Y además, sobre todo, y todavía más significativamente, expresa el pesimismo de ciertos responsables socialistas que, considerando que Nicolas Sarkozy se ha instalado en El Elíseo para un periodo de 10 años como mínimo, se niegan a recluirse en una oposición sin salida.
Quinta pregunta: ¿qué acogida tiene la apertura? Excelente entre los franceses y dolorosa en los partidos políticos. A los franceses les gusta todo lo que recuerda a la unidad nacional, al Gobierno de los mejores, a la concentración de las buenas voluntades. Así pues, son masivamente favorables a la apertura y a quienes la practican: Nicolas Sarkozy obtiene un 41% de opiniones favorables entre el electorado socialista y Bernard Kouchner ha visto como su cuota de popularidad aumentaba todavía más desde que ha entrado en el Gobierno, y vuelve a ser el hombre político más popular del país. En cambio, la apertura es contestada en los partidos políticos. Esto es, evidentemente, lo que sucede en el Partido Socialista, que la siente como una sucesión de traiciones; a excepción del caso particular de Dominique Strauss-Kahn. Pero esto también sucede en la UMP, el partido del presidente, que no comprende que la victoria de la derecha se traduzca en la promoción de tantos hombres de izquierdas.
QUEDA, PARA finalizar, una pregunta sin respuesta. Se sabe que la apertura la inició el centro y su candidato François Bayrou, que quería trascender la división izquierda-derecha, pero que ha sido llevada a cabo por Nicolas Sarkozy... en detrimento, al mismo tiempo, del centro y de la izquierda. En cambio, no se sabe cuál será el futuro de la apertura. Puede ser un momento efímero, que marque los inicios del mandato antes de dar comienzo a un retorno a prácticas más tradicionales. Así sucedió en anteriores aperturas. Pero puede ser una marca profunda que constituya el hilo conductor de este quinquenio. No sería la menor novedad de esta singular situación política que Francia vive en la actualidad.
Gilles Finchelstein. Miembro de la Fundación Jean Jaurès.
