EL NUEVO CURSO POLÍTICO: ANÁLISIS
Cuando un hombre sale disparado al combate, siempre tiene un punto de apoyo. Visible o invisible. Real o imaginario. Radiante o melancólico. José Luis Rodríguez Zapatero ayer no lo escondió. Su principal punto de apoyo este decisivo inicio de curso es la debilidad de ETA. El éxito policial.
En sólo tres meses, ha conseguido atajar la sospecha que iba en aumento, la terrible sospecha de un Gobierno débil ante los terroristas. La metáfora del traidor todavía no se ha deshinchado del todo, pero ha dejado de infectar los ganglios decisivos de la sociedad española. El relato es ya otro. El elefante de Lakoff -luego hablaremos de este señor y de su paquidermo- se ha desvanecido.
Zapatero fue directo al grano ayer en la campa de Rodiezmo, a los pies del puerto de Pajares, donde los mineros de la UGT celebraban su fiesta anual. Así arrancó: "De la misma manera que abrí una puerta al diálogo, dije que sería implacable si volvían al terrorismo. No admito ni amenazas, ni violencia alguna. Toda la fuerza de la ley y de las cárceles caerá sobre ETA. Dije que seríamos implacables y lo estamos siendo".
La eficacia del Ministerio del Interior y de las fuerzas policiales, más la fuerza creativa de ese gran fabricante de realidad que es el tiempo han rescatado a Zapatero de las garras del oprobio. La implacable cadena de detenciones de los últimos tres meses ha desmontado la acusación que más podía dañar a los socialistas: la de haber bajado la guardia por culpa del inexcrutable proceso negociador. La narración hoy ya es otra.
Reconstruida la veracidad del relato oficial, la autoridad del Gobierno parece capaz de absorber la onda expansiva de un atentado mortal, hipótesis que no hay que descartar en absoluto en los próximos meses. El poder ejecutivo ha recuperado el mando y Alien, que aún puede hacer mucho daño, ha sido expulsado, por fin, de la peligrosa sala de reactores.
Y en la medida en que la política española parece muchas veces una disparatada carrera de sacos, otro acontecimiento de notable relevancia -el atolladero en el que se halla metido el adversario-, permitió ayer al presidente estrenarse en Rodiezmo con el furioso instinto del vencedor, ese feronoma ibérico que tanto seduce al buen pueblo español. Quien ahora tiene la pelota peligrosamente colocada en el punto de penalti es el Partido Popular, o mejor dicho, Mariano Rajoy, que no ha levantado cabeza desde su severa derrota en el debate parlamentario del pasado 3 de julio. El tiempo, efectivamente, es un gran fabricante de realidad.
El PP huele estos días a jaula de grillos. Ayer mismo, Manuel Fraga defendía en el diario La Razón las aspiraciones de Alberto Ruiz-Gallardón y volvía a insistir en la idea de que la derecha debe contar con dos o tres líderes de reserva. Y en ABC, Jaime Mayor Oreja, el Maquiavelo del Norte, admitía que el nuevo partido que promueven Fernando Savater y Rosa Díez en férrea defensa de la Nación Española, puede perjudicar más a la oposición que al PSOE. En la salvaje olla a presión de Madrid, no es ésa, en absoluto, una buena manera de comenzar el curso. Que los dioses se apiaden de Rajoy.
Lo cual nos conduce, por fin, a George Lakoff, que es el nuevo dios de los demócratas norteamericanos. Autor de un ensayo de reciente traducción titulado No pienses en un elefante, el lingüista Lakoff defiende que las metáforas, más allá de ser un elemento formal del lenguaje, poseen una gran capacidad de articulación del pensamiento humano. Crean marcos mentales. Al igual que el tiempo, son grandes fabricantes de realidad.
En los restaurantes de Madrid frecuentados por los dirigentes socialistas no se habla de otra cosa que del dichoso elefante. "¡Política es relato!", exclaman entusiasmados ante la certeza de que la metáfora es un arma cargada de futuro. Y Zapatero está en ello.
Ayer lo demostró. Citó varias veces a Catalunya con gran puntillismo lingüístico. "Catalunya tendrá infraestructuras de primera...", prometió dos o tres veces, para añadir a continuación: "... pero Asturias y León, también". El resentimiento que se ha expandido estos tres últimos años es tan hondo, que al presidente del Gobierno probablemente se le paralizaría la laringe antes de decir una cosa tan simple y obvia como la siguiente: "Vamos a hacer un esfuerzo inversor en Catalunya, porque España necesita que su primer motor industrial tenga la máxima potencia". Y es que ya lo dijo el sabio Lakoff: no pienses demasiado en los catalanes, que te van a correr a gorrazos.

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