Murió Ingmar Bergman, un gran creador de nuestro tiempo, con cintas formalmente tan diversas como de fondo homogéneo: El séptimo sello,Fresas salvajes,Fanny y Alexander,para citar títulos suyos intensos, originales y sabios. ¿Cuántos directores se le asemejan? Pocos, aunque su deceso ha coincidido con el de otro insigne innovador, Michelangelo Antonioni.

Sin embargo, éste aparece más conceptual, menos hincado en las ideas y realización viscerales que atento a hipótesis intelectuales. Mientras, la técnica de Bergman, los actores, el sentido del filme, alcanzaron una contenida y dramática apoteosis indagando en el destino de las almas, veracidad y complejidad de la sombra. De igual manera, Akira Kurosawa fue capaz de elaborar con Kagemusha,Dersu Uzala y Ran,un cine épico, patético y novedoso, en la magna línea de un Eisenstein. Aunque a éste, como a tantos, el soviet le devorara las entrañas.

Por ahí se iniciaron el Clint Eastwood de Sin perdón o el formidable Teo Angelopoulos de La mirada de Ulises.Pero sin bucear después mucho en más incógnitas reveladoras, sino repitiendo esquemas, aunque atención al Eastwood de Iwo Jima...Pero supongo que hoy resulta difícil escapar a los patrones de Hollywood, tan idénticos pese a sus movidas, y al fin con sus directores, películas y actores justificados abrumadoramente por la innovación tecnológica, el éxito en taquilla y la inversión publicitaria. Resulta curioso que los últimos filmes de Clint Eastwood y de Woody Allen, que gozó de una acusada personalidad, se vayan resolviendo según la resobada pauta de la intriga policiaca. Taquillera, vamos. Estamos, más que con Bergman o Kurosawa, en la mucha habilidad remansada de un Hitchcock, como Marilyn fue atractiva y es mítica, aunque vera actriz lo sean las Meryl Streep. Curioso: la mejor cinta de Allen, Manhattan,es un contra-Bergman incluso confesado.

Bergman ha sido el último, y uno de los primeros, genios del cine hondamente expresado desde sí mismo, sin copiadas ni teoréticas culturalistas y artísticas tautológicas. Y que acaban insertas al económico y audiovisual americano. Bergman parte de su intuición y formación, en unos pequeños países aislados y puritanos, con recursos más ingeniados que naturales, pero vibrantes en su marginación climática, su exigencia social y su fibra creadora: en teatro, con el demoledor Ibsen y el desgarrado Strindberg, en pintura con el angustiado Munch. Nada que ver, en fin, con el localismo protegido del listillo y paródico celuloide barcelonés. Aunque en España se pugne y alcance con autenticidad ciertos logros. Pero más hizo Italia.