El Gobierno libanés acusa al régimen sirio de manipular al grupo suní extremista
Cuando el comandante en jefe del ejército general Sleiman dijo que el grupúsculo Fatah al Islam, que durante más de tres meses ha resistido y desafiado en su reducto, entre las ruinas, del desahuciado campo de refugiados palestinos de Nahr al Bared, no estaba vinculado ni a los servicios de inteligencia sirios ni a una fracción gubernamental - aludiendo a la poderosa familia Hariri- sino que dependía únicamente de la organización terrorista Al Qaeda, todos se sintieron aliviados en Beirut.
Sigue habiendo, sin embargo, libaneses, habitantes de Trípoli, que creen que Siria, cuya frontera se halla a pocos kilómetros de Nahr al Bared, está implicada, directa o indirectamente, con Fatah al Islam. Poco antes de la afirmación de Sleiman, que se perfila como posible candidato a las inciertas elecciones del mes próximo a la presidencia de la República, el general francés Pellegrini, que había estado al mando de los soldados de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en Líbano (Finul) se refirió al tema. Dijo sin ambages que los mismos que apoyaban al grupo salafista Jundi al Cham, en el campo de refugiados de Ain El Helue, en el sur - vale decir la hermana del asesinado ex jefe del gobierno Rafiq el Hariri- estaban detrás de Fatah al Islam.
Durante todo el verano ha ido ampliándose la especulación sobre la verdadera identidad de esta organización hasta hace muy poco tiempo desconocida, infiltrada en los refugiados palestinos de Nahr al Bared , y que tantos estragos ha causado a su población civil y al débil ejército libanés.
La tesis original establecía que Fatah al Islam, compuesto de unos cuatrocientos combatientes de diversas nacionalidades árabes, además de sus familias, recientemente evacuadas, estaba financiado por Arabia Saudí, por la familia suní de los Hariri con el apoyo de líderes de la Administración Bush. Su objetivo podría ser fomentar, en el dividido Líbano, un nuevo enfrentamiento entre islamistas suníes y guerrilleros chiíes de Hizbulah, en una guerra asimétrica controlada por los saudíes para desafiar al Irán.
Los políticos antisirios del Gobierno de Fuad Siniora acusan, en cambio, a los mujabarats del régimen baasista sirio de Bashar el Asad de manipular Fatah al Islam. En el minado territorio libanés con profusión de grupos de presión e injerencias exteriores, Fatah al Islam está rodeado de un cierto misterio.
En los atentados contra la Finul se especuló sobre la posible implicación de grupos salafistas suníes radicales. Ante la escandalosa prolongación de la batalla de Nahr al Bared, Estados Unidos envió aviones para reforzar al maltrecho ejército regular. Aunque, como se temía, el conflicto no se ha propagado a otros campos de refugiados palestinos, esta batalla no puede considerarse un episodio banal.
En estas comarcas suníes del norte libanés hay grupos islamistas muy activos desde hace tiempo. En el 2000 tuvieron lugar en Diniye enfrentamientos entre extremistas y soldados. En Trípoli, si bien se ha restablecido un ambiente de normalidad y las calles vuelven a estar animadas al atardecer, y en las playas se han organizado en agosto nocturnas beach parties, nadie pronosticaba cuándo acabaría la batalla de Nahr al Bared. Libaneses y palestinos son unánimes al tratar a los hombres de Fatah al Islam de terroristas.

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