Aunos lectores que requieren mis impresiones sobre el brutal apagón eléctrico que se cernió sobre Barcelona -cuando esta columna había iniciado sus vacaciones-, debo contestar que fueron curiosas. Así, lejos de esta ciudad, y un tiempo entre trigales y olivos provenzales, recibía nuestro periódico con días de retraso, luego pude percibir que, aparte las dramáticas vicisitudes del desastre, en cuanto a sus soluciones no acontecía nada nuevo. No importaba leer nada, pues.

Osea, que los gobernantes y directivos de empresa responsables en Catalunya y Madrid, como quienes ejercen su oposición, se repetían invariables voceando vaguedades, culpando a los demás y atacándose, sin aclarar la causa ni responsabilidad de lo ocurrido. Hasta que llegó el presidente del Gobierno español, con un discurso en verdad agradable, pero como ya se conoce su dadivoso e inane modelo, pasaba como con los demás, que resultaba inútil leerlo. Aunque animó un formidable Pizarro al arrasarlos a todos, auténtico Napoleón... de las tinieblas.

Pero alguna noticia política sí que se produjo, como una, que el nuevo presidente de la Diputación de Girona se dobló o triplicó el sueldo. Otra, que un servidor se equivocaba al creer que Felipe II había establecido en España no sólo la cerrazón mental - prohibió la entrada de libros extranjeros y la escritura y lectura de muchos propios-, sino también un minucioso sistema administrativo.

Pues esto último constituye una filfa, pues el actual mandatario máximo, Rodríguez Zapatero, ha comunicado al país que él mismo deberá montarse una oficinita en la Moncloa y atenderla, para vigilar que se decidan y cumplan las inversiones económicas del Estado en Catalunya. O sea, que España se halla trufada de altos y medianos cargos que incumplen y boicotean su cometido, mintiendo al respecto. Menos mal que el presidente del Gobierno vela por nosotros catalanes, por lo que en agradecimiento estaría bien ayudarle en su vigilancia, para la que podemos enviarle a ese presidente gerundense, pues su sueldazo dará para mucho.

Aunque de todo lo dicho no puede deducirse que los políticos en lid se hayan sentido muy desconsolados. Por el contrario, diversos de ellos que tuvieron la amabilidad de telefonearme estaban contentos argumentado: "Aquí tanta crítica con las infraestructuras, y fíjate Estados Unidos, donde igualmente se dan apagones masivos y hasta se les hunden los puentes". Alo que les contestaba fraternal: "Cierto, ¡qué felicidad, ya somos cual Estados Unidos!, ahora también a esperar que nuestro cine les invada y moldee las mentes, y que en otoño nos lluevan sus premios Nobel científicos".