El trazado de la enorme construcción china podría desaparecer en 20 años

La Gran Muralla de China se cae, informa esta semana la agencia oficial de noticias Xinhua. En veinte años su trazado "podría desaparecer por completo", especialmente en el oeste del país, afirma. De la muralla china se han dicho tantos despropósitos que ya no importa uno más. ¿Recuerdan aquello de que "se puede ver desde la Luna"?

E incluso lo de "la única obra humana visible desde el espacio". Pues bien, los astronautas no lo confirman. Aunque desde hace años presencian muchas obras humanas - desde el incremento de la contaminación y la disminución de la claridad de la atmósfera-, la Gran Muralla de China no la han visto, a simple vista, ni desde la estación orbital Mir de la URSS ni desde la actual Estación Internacional. Y no es sólo un problema de distancia.

La Gran Muralla no se ve, sencillamente, porque en muchos casos ya no está. En grandes sectores del oeste de China ha desaparecido por completo o es apenas perceptible. Y eso desde hace muchos años. Dentro de veinte años, las cosas estarán, seguramente, algo peor, pero la noticia de Xinhua, que atribuye el fenómeno a la acción humana y a la erosión, llega con... algunos siglos de retraso.

Efectivamente, la muralla tiene, en algunos sectores, hasta 2.000 años de antigüedad. Históricamente separaba dos mundos; al sur los territorios válidos para la agricultu ra (China) y al norte las zonas dominadas por los pueblos pastores de la estepa. Militarmente la muralla es la máxima expresión arquitectónica de la lucha secular entre nómadas y agricultores. Su longitud se estima entre 5.000 y 6.500 kilómetros, dependiendo de dónde empiece uno a contar, pero en la época del máximo apogeo imperial chino, con la dinastía Ming, se considera que su punto más occidental comenzaba en la fortaleza de Jiayuguan, en la actual provincia de Gansú. En el año 2000, un argentino llamado Diego Azubel recorrió, caminando, toda la muralla desde Jiayuguan hasta el mar: 4.000 kilómetros. Primero en documentarla a pie, Azubel es la mejor fuente para hablar sobre su estado.

"Poco después de Jiayuguan, la muralla casi desaparece, es una línea de adobe, hay muchos puntos en que es tan bajita que si no te dicen que eso es la Gran Muralla, ni te das cuenta", explica Azubel, que tardó quince meses en completar el recorrido, nueve de ellos en solitario.

Lo primero que hay que comprender es que la muralla se construía con los materiales existentes en el terreno, y en el extremo oeste y en el centro del país, tierras desérticas y de una arcilla muy fina formada por polvo de roca, esos materiales son mucho más frágiles y perecederos que el ladrillo o la piedra. Ésa es la principal razón de que en amplias zonas del oeste de China la muralla haya desaparecido, sea una caricatura apenas perceptible de lo que fue o esté tan deteriorada, mientras que más cerca de la costa, donde dominan el ladrillo y la piedra, esté mucho mejor conservada.

En Shaanxi (capital Xian), la siguiente provincia, el desierto ha cubierto por completo la muralla en muchos sitios. Inmediatamente más al este, en la provincia de Shanxi (capital Taiyuan), "hay una sección en la que la muralla ha desaparecido por completo y sólo la puedes deducir a partir de toda una serie de torres sin conexión", explica el caminante. El ladrillo sólo se empieza a ver en Shaanxi, hacia mitad de trayecto, y adquiere absoluta predominancia a partir de Hebei, la provincia oriental en la que Pekín está enclavada. Aun así, en este último sector, el mejor conservado, hay muchos sitios en los que no se puede caminar por la muralla de lo arruinada que está. En algunos puntos, tampoco hay muralla: "Desde Pekín hasta el mar, la muralla existe en un 80%", dice Azubel, residente en Pekín, que ha dedicado una página web con esplendidas fotografías a su pequeña hazaña (www. thegreatwalk. com).