EN LA COLUMNA DE UMBRAL / 4

«De asco, no te carneo». Las palabras de Francisco Real el Corralero, trajeado de negro y la chalina baya, barbado de alma como el Rajoy de Umbral, no alteran a Rosendo Juárez el Pegador, que permanece a lo Zapatero con el rabo entre las piernas, su rival erecto. El Corralero había entrado altivo en la taberna para injuriar con su boca aindiada al Pegador, entre los respingos del hembraje y el ganchillar de los bolaceros. La 'Lujanera', con la crencha a la espalda y los pechos enhiestos, se fue a su hombre y le entregó el cuchillo filoso, la vaina al aire. Para asco del Corralero, Rosendo se arrugó ante el hombre de fuera, la palabra estevada, el gesto de vino rojo, la frente cérvida, encendiendo la vergüenza de todos al rehuir enfrentarse al balaquero.

Suena entonces la milonga «Linda al ñudo de la noche», agarra del talle Francisco Real a la Lujanera y se larga con ella, los juláis y el braguerío atónitos. Pero otro hombre, el de la esquina rosada, el gallardo al que atropelló con desdén el Corralero al irrumpir en la taberna, se le enfrenta con prisa en el secreto de la noche, saca su cuchillo cachicuerno, le desafía a lo macho y le sangra hasta los visajes de la agonía. Después el preterido se aprieta al poder de la Lujanera y se orgasma de por vida en las sombras de la esquina rosada.

El médico sabio Juan Abarca le preguntó a Francisco Umbral por Rajoy y Gallardón cuando cerrábamos el encuentro con el escritor la semana pasada, poco antes de morir. Como tengo hoy el día un poco cabrón cuento ahora lo que por piedad callé, eso sí, con esas veladuras borgianas entre las que Umbral buscaba «la tenue ceniza de las rosas inalcanzables». Paco, cachondo de sornas, la piel exangüe, la palabra todavía pedernal, respondió al doctor con la embestida del escritor al que admiraba. «Hombre de la esquina rosada» era para Umbral, tam-bién para mí, el mejor relato escrito en el siglo XX, un prodigio del idioma español en el desgarro de la literatura. Alberti fueron y Umbral los que dijeron que la política es una vieja puta albriciada de calles y turbada. No es éste un periódico alfombra. Aquí se puede denunciar la tendencia de los políticos al bóvido y al pienso.

El autor de Mortal y rosa habló con lucidez de Rajoy y Gallardón. Como el Borges de las aporías de Zenón y El Aleph de guerreros y cautivas, resumió la situación con un par de opiniones certeras. Si Umbral viviera, si escribiera Umbral, preguntaría al gentío: ¿Quién es el hombre de la esquina rosada en la vida política española? Y dejaría las vides abiertas de la palabra para que Pedro J. Ramírez, entre el rosmar de los albañales, desarzonara al jinete descubierto.

Como la metáfora es el honor de la metafísica, junto a Valle y Neruda, saltaban ya los nombres de Eliot, Ezra Pound, los haikus japoneses, Baudelaire y Whitman, Quevedo al fondo. Desde el silencio sonoro del libro, Umbral se pasó la vida persiguiendo un reguero de dioses por el mundo. Nieva, decía, sobre los reyes melancólicos y sobre el eco azul de sus palacios, mientras el viento de las letras bordonea en el mar y los políticos velan encabronados las armas de las elecciones que llegan.

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