ENAGÁS EXPLORA CON ÉXITO EL ACUÍFERO DE REUS PARA CONVERTIRLO EN UN GRAN ALMACÉN SUBTERRÁNEO

Todas las pruebas que se han realizado hasta ahora han sido un éxito. Si los resultados de los estudios que quedan pendientes siguen la misma línea, el subsuelo de parte del municipio de Reus y Riudoms se convertirá en un gigantesco depósito subterráneo de gas. Hace unos meses la Generalitat renovó a Enagás las autorizaciones para llevar a cabo prospecciones en un espacio de 20.000 hectáreas, es decir, la proyección en superficie de la estructura geológica que se está explorando desde hace casi un lustro. Este área, de unos 200 kilómetros cuadrados, situada junto a Reus abarca, además de terreno agrícola, varias urbanizaciones residenciales en expansión, un club de golf y el Club de Tennis Reus Monterols. Los vecinos han desenterrado el hacha de guerra contra un proyecto que avanza con paso firme.

"Haremos todo lo que esté en nuestra mano para evitar que tengamos que vivir encima de un depósito de gas", mantiene Josep Barberà el presidente de la Associació de Veïns Reus Sud Misericòrdia. Precisamente, uno de los motivos fundacionales de esta asociación, la única de fuera del núcleo urbano de Reus, fue la oposición a este depósito subterráneo. Fuentes de Enagás explicaron a La Vanguardia que los estudios y todas las pruebas que se han realizado hasta el momento confirman la viabilidad del proyecto que consideran "fundamental" para garantizar el suministro eléctrico en España, pero especialmente en Catalunya y Barcelona. Aunque desde Enagás insisten en que hasta que la última de las pruebas no sea satisfactoria, el proyecto no tendrá la luz verde definitiva, "todas las expectativas son positivas".

Si estas expectativas se cumplen, el acuífero que se está estudiando, ubicado a un kilómetro y medio bajo tierra, podrá almacenar hasta 2.000 millones de metros cúbicos de gas. El impacto en superficie se reduciría a una hectárea en la que se ubicaría la planta para inyectar el gas a presión bajo tierra. El alcalde de Reus, Lluís Miquel Pérez (PSC) mantiene que si se garantiza la seguridad y se cumple estrictamente la normativa establecida para este tipo de instalaciones, el Ayuntamiento no se opondrá al proyecto, que considera "muy importante" para garantizar el suministro de energía. Hasta ahora el Consistorio se ha limitado a autorizar las prospecciones que se han efectuado en el término municipal de Reus y en su momento tendrá que tramitar la licencia de actividad, aunque es la Generalitat la que tiene la última palabra sobre la autorización de este proyecto.

Los vecinos, sin embargo, tienen una visión muy distinta y aseguran que volverán a manifestarse, como ya hicieron a finales del año 2000 si es necesario. "Sabemos que Enagás va buscando fincas para alquilarlas y hacer nuevas pruebas, pero estamos en contra del proyecto porque en estas comarcas ya tenemos centrales nucleares y un enorme polígono petroquímico como, para soportar encima, un almacén subterráneo de gas en una zona tan densamente poblada como ésta y con el turismo que tenemos", insiste Barberà.

El presidente de la asociación de vecinos espera que con la puesta en marcha del depósito de gas submarino proyectado enfrente de la costa del delta del Ebro y consiguiente planta de tratamiento que se ubicará a 1,5 kilómetros de Alcanar y que tanta polémica y rechazo ha generado, frenará la necesidad de otro almacén, el de Reus, a apenas cien kilómetros de distancia. Nada más lejos de la realidad. "Madrid está a punto de tener un almacén de gas subterráneo en Guadalajara y Valencia lo tendrá - con la planta junto a Alcanar- si Catalunya deja pasar esta oportunidad de Reus será una infraestructura más que se perderá", mantiene Mariano Marzo, catedrático de recursos energéticos de la facultad de Geología de la Universitat de Barcelona (UB) y director del equipo de asesoramiento técnico y científico del proyecto de Reus.

Según Marzo, las características geológicas de este emplazamiento son idóneas. El acuífero de Reus se detectó durante la década de los setenta, cuando se realizaron prospecciones para buscar yacimientos de petróleo en la zona. Durante los primeros años de estudio se hicieron las exploraciones necesarias para confirmar que los datos de que se disponía eran correctos. Para ello se han llevado a cabo durante los últimos años numerosas pruebas, como estudios de sísmica de reflexión que han servido para hacer una suerte de radiografía del subsuelo. Ahora, los últimos estudios pendientes consisten en sondajes para limitar definitivamente la estructura del almacén.

El equipo de Mariano Marzo deberá aportar una visión independiente sobre las características técnicas de la instalación y realizará nuevos sondeos para comprobar la impermeabilidad y estanqueidad de la estructura, para cumplir el protocolo internacional establecido para garantizar la seguridad de la instalación y para comprobar que no hay riesgo de fuga de gas. Una tarea laboriosa teniendo en cuenta la magnitud del acuífero. Fuentes de Enagás insisten en que "pueden pasar varios años, quizás tres o quizás ocho" hasta que termine este proceso: "Somos optimistas, pero la inversión es de alto riesgo y hay que dar los pasos con muchísimo cuidado, las pruebas son complicadas".

La Agencia Internacional de la Energía destacó la falta de almacenes de gas en España - donde un 30% de la energía eléctrica la proporciona precisamente el gas- para hacer frente a las puntas de demanda de consumo, ya sea por variaciones estacionales o por interrupciones en el suministro. En estos momentos, Enagás gestiona dos almacenes subterráneos: el de Serrablo y el de Gaviota. Ambos eran antiguos yacimientos de gas natural ya agotados que se han reutilizado. Serrablo está situado entre las localidades de Jaca y Sabiñánigo (Huesca) y Gaviota - propiedad de Repsol YPF- está situado cerca de Bermeo (Vizcaya). El primero tiene una capacidad de almacenamiento de 1.100 millones de metros cúbicos y el de Gaviota supera los 2.400 millones de metros cúbicos. El almacén proyectado frente al delta del Ebro era un antiguo yacimiento petrolífero y tendrá una capacidad de almacenamiento de más de 1.300 millones de metros cúbicos, mientras que el de Reus puede alcanzar los 2.000 millones. Y mientras avanzan los estudios en Reus, en Yela, una localidad de Guadalajara, ya están en la recta final. Este almacén está destinado a cubrir las necesidades de Madrid.

El almacén de Reus tiene unas características singulares porque se trata de un acuífero natural de agua salada, "que tiene unas condiciones geológicas idóneas". Sin embargo, los vecinos que hasta ahora han mostrado su frontal oposición mantienen que esta zona del Baix Camp, ubicada junto a la Costa Daurada, tiene una alta densidad demográfica y un sector turístico que podría verse afectado por la puesta en marcha de una instalación de estas características.

"En lugar de una postura visceral, hay que informar a la gente y abrir un debate serio y responsable, hay que explicar las medidas de seguridad que contemplan este tipo de almacenes y la normativa internacional que hay que aplicar y la necesidad que Catalunya tiene de este tipo de infraestructuras, no podemos dejar pasar el tren", mantiene Mariano Marzo, con el que coincide el propio alcalde de Reus. Según Marzo, el territorio es el que tiene que rentabilizar su aportación energética al conjunto del país. No en vano a menos de quince kilómetros de donde se situará el almacén subterráneo de gas se ubica el polígono petroquímico norte y sur de Tarragona y a menos de sesenta kilómetros están las tres centrales nucleares. "Hay que asumir que será difícil encontrar un almacén subterráneo de las características geológicas como éste en otra parte" y sugiere que las comarcas de Tarragona podrían pedir por ello compensaciones, ya sea en forma de centros de investigación o de medidas fiscales o de lo que sea, "eso tiene que ser una reivindicación del territorio", explica. Mientras se abre este debate en Reus, en Alcanar, donde la oposición al almacén acuático frente al delta del Ebro ha sido unánime, mañana mismo se celebrará la primera manifestación pública en contra del proyecto, tramitado en pleno verano.