Ante los primeros síntomas de crisis en el sector de la construcción, Serafín Abilio, el líder de la patronal, mueve ficha en el intrincado (por no decir tenebroso) tablero del negocio inmobiliario. Comprensiblemente preocupado por esos síntomas, y tal vez también por el hecho de que ahora IU haya pasado a la oposición y ya no vaya a ser tan indulgente con la política del PSOE de construir a todo trapo en la costa (y también en el interior, que pasa más desapercibido pero destroza igualmente el paisaje), el presidente de los constructores asturianos sale a la palestra pidiendo un plan para construir de forma «equilibrada» en la costa. Del interior, por cierto, nada dice, de lo que se deduce que no tiene inconveniente en seguir construyendo como hasta ahora. Es decir, sin plan alguno, sin medida y al socaire de la oferta y la demanda pura y dura.
Serafín Abilio lanza una vez más su pegajosa red al Gobierno del Principado para que facilite la labor de los constructores en la costa, sabiendo como sabe que en el Principado no le hacen ascos a las plusvalías del negocio del ladrillo, la verdadera sopa boba de los políticos de éste y de todos los tiempos. En su día, ciertamente, la patronal asturiana suscribió con el Principado el POLA, el plan que impide construir en la primera línea de costa (con numerosas excepciones, claro), pero tanto la patronal como el Gobierno de Areces están implícitamente de acuerdo en construir todo lo que se pueda en la segunda línea de costa, para la que no hay ninguna figura de protección específica. De esta forma siempre podrán seguir diciendo que Asturias tiene la primera línea de costa más protegida de España, aunque a partir de la segunda línea se pueda hacer prácticamente todo lo que sea susceptible de venderse.
Este periódico ha ofrecido ya en varias ocasiones las cifras previstas de nuevas construcciones en la segunda línea de costa, y en particular en la comarca oriental. No voy a tomar al pie de la letra esos números, pues tienen tan sólo el aval de IU y de grupos ecologistas, y voy a usarlos tan sólo como referente aproximativo, pero la verdad es que cortan la respiración. A pesar de que el sambenito habían intentado colgárselo a Ribadesella en la época en que aquí gobernaba el PP, la realidad es que proporcionalmente a la población de cada concejo quien encabeza la lista comarcal de barbaridades es Colunga, con muchísimas más viviendas previstas que habitantes, seguido de Llanes, Ribadedeva y Caravia, todos con más viviendas previstas que habitantes. Ribadesella, a pesar haber sido utilizado hipócritamente como chivo expiatorio, estaba y está en el último puesto del litoral oriental, y es el único concejo en el que las viviendas previstas no supera (por los pelos) el número de habitantes. En todos los casos, incluido Ribadesella, las perspectivas para el conjunto de la costa de esta comarca son sencillamente aterradoras, tal como suena.
Volviendo a Serafín Abilio, que pretende llevar a Areces a su redil a punta de muleta, pide ahora que se reparta la construcción por toda la costa, en una especie de «café para todos» del ladrillo. O, dicho de otro modo, que no quede ningún rincón sin construir en la costa. Y lo quiere justificar diciendo que «tenemos que llegar a un acuerdo para conseguir entre todos un turismo de calidad y evitar la especulación del suelo». Empezando por el final, resulta irónico que sean los de la patronal los que hablen de evitar la especulación, cuando son precisamente ellos quienes más colaboran en su generación. Y el concepto de que esas segundas residencias costeras sean sinónimo de «turismo de calidad» habría que ponerlo prudentemente en cuarentena, pues no está claro ni siquiera que el negocio de las segundas viviendas forme parte del sector turístico, pues estos usuarios («de clase media-alta», dice Abilio) acostumbran a traer el aprovisionamiento de fuera y dejan aquí los residuos. Aquí compran el pan y el periódico, aunque con la crisis hipotecaria a lo mejor deciden comer pan duro y leer la prensa de la semana pasada.

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