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1 Septiembre 2007

¿Compensa estudiar en la universidad?, de Francisco Cabrillo en Expansión

Un reciente informe de la OCDE ha puesto de manifiesto que las diferencias salariales entre los trabajadores que tienen estudios superiores y los que no han accedido a la universidad son muy bajas en nuestro país.

De acuerdo con las estimaciones de este organismo, un licenciado universitario ganaría en España, en promedio, sólo un 50% más que una persona con estudios básicos que no hubiera terminado el segundo ciclo de enseñanza secundaria. Es cierto que el informe de la OCDE muestra que existen diferencias marcadas en los países más desarrollados.

Pero resulta llamativo que la situación española se parezca más a la de los países del norte de Europa que a la de naciones con un modelo social similar al nuestro, como Italia o Francia. No es sorprendente que en economías en las que existen un amplio abanico salarial, como en los Estados Unidos o Gran Bretaña, un profesional con un elevado nivel de formación gane mucho más dinero que una persona sin estudios (un 160 % más en el caso norteamericano y un 140 % más en el británico); y tampoco resulta extraño que en naciones cuya política social tiene como uno de sus objetivos básicos la redistribución de la renta –como ocurre en Suecia o Finlandia– las diferencias salariales por nivel de formación sean más bajas. Pero cabe preguntarse por qué España se encuentra en el grupo de estas últimas naciones.

Las explicaciones que se pueden ofrecer desde la teoría económica son diversas. La más obvia sería la reducción de la de la productividad del capital humano, debida al fuerte crecimiento que este activo ha experimentado en España a lo largo de las últimas décadas. Es decir, una aplicación directa de uno de los principios básicos en economía, el de la productividad marginal decreciente de los factores de producción.

Es bien conocido el dato de que el porcentaje de empleados con un título universitario ha aumentado en España de forma espectacular; y esta es una tendencia que va a continuar, sin duda, en el futuro, dado el elevado número de jóvenes que estudian hoy en nuestras universidades. Pero esto no explica, por ejemplo, la diferencia con los Estados Unidos, país en el que existe una gran acumulación de capital humano y las diferencias salariales son, como hemos visto, muy altas.

Por ello otros dos factores explicativos, al menos, deberían ser tomados en consideración. El primero es la estructura de la economía española, en la que la participación en el PIB de empresas que utilizan alta tecnología es relativamente pequeño para el nivel de renta per capita de nuestro país. Como estos sectores demandan un elevado número de trabajadores de elevado nivel de cualificación y pagan salarios elevados, esta característica reduciría la remuneración media de los licenciados españoles.

No debe olvidarse tampoco que las administraciones públicas están dando empleo en nuestro país a un gran número de licenciados universitarios; y se trata de empleos de baja productividad, en un sector en el que, además, las diferencias salariales entre los distintos niveles de funcionarios son muy pequeñas, en comparación con el resto de la economía.

Hay, sin embargo, otro factor al que no parece haberse prestado demasiada atención y que puede ser muy importante…y muy preocupante para el futuro. La idea es que tal vez, cuando se habla de los títulos universitarios en distintos países, no se hace referencia a productos homogéneos. Y la baja calidad de la enseñanza española puede estar empezando a pasar factura a los trabajadores formados en los últimos años.

Todos los informes realizados por organizaciones internacionales sobre el nivel relativo de conocimientos de los estudiantes de enseñanza primaria y media sitúan a nuestro país en los puestos de cola, con muy pocas excepciones. No conozco estudios semejantes para titulados superiores, pero cualquier profesor universitario con alguna experiencia en las aulas es consciente del cada vez peor nivel con el que los estudiantes empiezan sus carreras, lo que tiene, como efecto, lógicamente, un deterioro de la enseñanza.

Es cierto que, al haber hoy muchos más universitarios que hace algunos años, la varianza, con respecto a la calidad, ha crecido de forma notable y hay algunos estudiantes con gran nivel y dedicación a su formación. Pero no es éste ciertamente el caso de la gran masa de alumnos, que viven a gusto en el ambiente de mediocridad que existe en la mayoría de los centros universitarios en nuestro país.

No hay que olvidar, desde luego, que conseguir mayores ingresos y tener más probabilidades de lograr un buen empleo no es la única razón para estudiar en la universidad; y que es perfectamente racional dedicar algunos años de la vida al estudio de la filosofía o la cultura clásica, aunque el mercado no remunere los conocimientos adquiridos. Pero me parece que no es éste nuestro problema.

Más razonable es pensar que, en el largo plazo, el bajo nivel de la enseñanza, combinado con un sistema inadecuado de formación en el puesto de trabajo, tiene efectos sobre los niveles salariales. Y este problema no es baladí, ni puede ser resuelto con esas medidas para salir del paso que tanto gustan a los gobiernos. O la sociedad española toma conciencia de lo que está ocurriendo…o vamos por el mal camino.

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