Nunca llueve a gusto de todos, pero algunos prefieren que llueva, que truene, que sople más fuerte el viento. Confían en el cambio climático y la fuerza de la naturaleza como contenido televisivo eficaz. La telerrealidad ataca con ello.

El ser humano contra la naturaleza. Este es el tema escogido por los productores y guionistas televisivos para el nuevo curso. La telerrealidad aprovecha el clima creado por las predicciones de los expertos sobre las consecuencias del cambio climático y la virulencia creciente de los fenómenos meteorológicos, cada vez más devastadores –eso dicen– para regenerar este género camaleónico y preparar nuevas sorpresas y tendencias de contenidos que buscan la perpetuación del reality show en nuestras pantallas y en nuestras vidas.

A pesar de la eficacia de esta tendencia creciente del ser humano luchando contra el clima, lo cierto es que la CBS ha abierto la veda de la polémica –siempre asociada a estos shows– con Kid Nation, un reality que comienza a emitirse el próximo 19 de septiembre, en el que 40 niños de 8 a 15 años son confinados en una ciudad fantasma del desierto mexicano, cerca de Santa Fe.

El programa ya ha provocado duras críticas sobre la posible violación de derechos y el peligro que supone poner a trabajar a menores que, durante ese periodo, deberán buscarse literalmente la vida. Las autoridades de Nuevo México se muestran escandalizadas de que bajo sus leyes y sobre su suelo pueda desarrollarse un programa de televisión como este.

A las críticas, los responsables del programa han respondido que los participantes “tendrán que hacer durante las 24 horas, los siete días de la semana, aquello que les requieran los productores, si no desean ser expulsados del show”. Además, los menores y sus progenitores están sujetos a unas cláusulas leoninas de confidencialidad que se extenderán durante tres años, en los que ninguno podrá revelar ningún aspecto del programa. La violación de éstas condiciones podría acarrearles multas de hasta 5 millones de dólares.

Hombre Vs. clima

Parece que el sufrimiento ajeno es un contenido de moda, y que sólo el afán de superación no vale. Así, los productores han puesto a trabajar a sus guionistas para que éstos aprieten las tuercas a los futuros participantes.

La telerrealidad exige cada vez más sufrimiento y sacrificio a sus estrellas potenciales. A la dureza del desierto mexicano para unos niños menores de 15 años se pueden añadir otros ingredientes mucho más naturales. Y numerosas cadenas han encontrado un filón para el “más difícil todavía”: las fuerzas de la naturaleza y las catástrofes del agua, el viento o el fuego, animadas por el cambio climático, se convierten en un contenido ideal para realities y series que ya prueba su eficacia en numerosos canales.

Los platós de la telerrealidad se han trasladado al tormentoso Mar de Bering, al desierto del Sahara o a los parajes traicioneros del Noroeste canadiense. Disfrutar de las desventuras de otros desde el sillón de casa parece ser un nuevo aliciente televisivo para millones de espectadores, que han hecho de los programas de aventuras peligrosas –y reales– en tierras prohibidas un éxito televisivo basado en la lucha contra las fuerzas de una naturaleza cambiante.

Deadliest Catch, un programa en el que unos pescadores casi suicidas justifican lo caro que está el pescado de Alaska es el gran éxito de Discovery Channel, mientras que Ice Road Truckers –un reality en el que los transportistas de materiales básicos para diversas minas y líneas de producción se juegan la vida en las peores carreteras, bajo las peores condiciones meteorológicas posibles– es una de las bazas de The History Channel.

La audiencia de Deadliest Catch creció el pasado junio un 20%, logrando cuatro millones de espectadores, y la de Ice Road Truckers llegó a los 3,5 millones, lo que supone un share espectacular para canales temáticos de cable, que tienen en estos realities sus particulares American Idol.

Discovery ha creado asimismo una nueva estrella llamada Grylls, un ex miembro de las fuerzas especiales británicas que se lesionó al lanzarse de un helicóptero y hoy lucha en la televisión –Man Vs. Wild– contra desiertos, volcanes, tundras y cualquier paraje desolado, con la única protección de su cuchillo.

Ambas cadenas, pioneras de este nuevo género, ya planean nuevos programas: Discovery, Last Man Standing, con seis participantes compitiendo en deportes originados por tribus primitivas. The History Channel, Tougher in Alaska, sobre los trabajos más peligrosos en aquellas tierras.