Flores detenidas, nunca secas, de Francisco Nieva en El Mundo
EN LA MUERTE DE UN MAESTRO
¿Cómo hablar de una persona que tan bien ha hablado de nosotros, teniendo a la vez una fama de denostador y de crítico? Se le suben a uno los colores a la cara.
A mí, Paco me cayó bien desde el principio. Me hablaba con entusiasmo de él Alfonso Gradolí, que tenía sus puntas de esnob, pero no en sentido peyorativo; era un tipo enterado, que me llevó a escuchar una conferencia de Paco sobre Mariano José de Larra, que era mi obsesión literaria y que puse suficientemente de manifiesto en mi comedia -estrenada muchos años después- Sombra y quimera de Larra.
Yo había llegado tras un largo exilio en París, muy resabiado de literatura, de comunismo y decadentismo a partes iguales y, a la sazón, triunfaba como escenógrafo innovador y un poco estrella en aquella mi especialidad momentánea. Y además era de Valdepeñas, cosa que a Paco le chocaba mucho, cuando le hablaba de la comtesse Marie Laure de Noailles.
Lo que estaba muy claro es que teníamos muchos gustos en común y, para él, yo resultaba un manchego elegante y excéntrico, que se liaba una manta como abrigo sobre el traje a rayas y con corbata de pajarita. Que yo no era del todo así se ha demostrado con el tiempo, porque pasamos como dioses felices por ese breve lapso de euforia, de amor por la vida, por las relaciones y escarceos con el misterio, lo oculto y lo aparente, el gran teatro del mundo, en el que nos sentimos protagonistas. También Paco cuidaba su estampa, que me recordaba un poco a la de Aristide Bruant, el chansonnier de la belle époque: abrigo y sombrero negros, larga bufanda blanca o roja.
Mas, por encima de estas minucias o sutilezas vestimentarias, lo que más le he podido agradecer a Paco ha sido su atención crítica hacia mi teatro, desde que estrené por primera vez. Que lo entendiese en sus intenciones estilísticas, que lo degustase con delectación de espectador que se sorprende y aplaude con ganas. ¿Quién no pide un espectador así, que es un escritor original y extraño y un periodista popularísimo? Si todo pasa y las palabras en letra impresa quedan, las palabras de Francisco Umbral contarán también en la historia del teatro español como la más positiva opinión emitida por un español culto y contemporáneo. ¿Cómo no sentirme colmado hasta sentir un poco de vergüenza? Es como si me hubieran regalado, después de un estreno, un ramo de flores -flores detenidas, nunca secas- tan grande que no cupiese en el camerino y hasta puede que molestase a los invitados.
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