RUTINAS DE VERANO

Aunque la liga de fútbol no empiece hasta la última semana de agosto y la emoción competitiva no marque la pauta vital de tantas y tantas personas, en verano se celebran centenares de partidos.A esta particular liga de pretemporada donde cada equipo elige a sus contrincantes para jugar partidos de costellada y cuyo interés deportivo, siempre relativo, va in crescendo con el objetivo de poner a punto a los equipos y popularizar las futuras estrellas del campeonato, lo que realmente le importa es generar los máximos ingresos para las habitualmente escasas economías de los clubes.

El fútbol es un deporte curioso. Pareciera que es cuestión de darle patadas a una pelota y marcar goles, pero en realidad se trata de vender antena televisiva y camisetas, de colocar nombres en el famoseo y controlar un mercado al que no le afecta el déficit ni el agujero negro. Se puede presidir un equipo de fútbol en bancarrota sin que nadie te pase cuentas, de tal manera que el verano se convierte en un mercado de segunda mano donde los intermediarios hacen negocios con la copa y el puro, planificando una eterna inflación de la que sacarán pingües beneficios repartiéndose la comisión.

La principal aspiración veraniega de un equipo de fútbol es realizar una gira en un país de bajo nivel futbolístico y mucho poderío económico donde el impacto de nuestra liga de estrellas galácticas genere contratos televisivos y venta de derechos aunque para ello haya que contratar a algún jugador exótico. Son viajes polémicos porque el calor y el cansancio amenazan el futuro rendimiento durante la temporada pero forman parte del contrato e incrementan los salarios que, al final, es de lo que se trata. Como estas giras tienen un escaso atractivo deportivo, la máxima eclosión de este calendario futbolístico de verano son los trofeos domésticos.Cada ciudad tiene el suyo, o más de uno si en ella conviven varios equipos de cierto nivel. El Barça tiene uno de gran tradición y prestigio que se llama Joan Gamper y que, con el tiempo, se ha convertido en un observatorio privilegiado de las perspectivas de futuro del equipo.

El socio del Barça lo tiene perfectamente ubicado en su calendario mental y, con independencia de dónde esté pasando sus vacaciones, verá el partido en vivo o por la televisión (últimamente con pago previo, porque las increíbles sumas que se pagan por los derechos del Barça impiden que se ofrezca en abierto) con la esperanza de descubrir ese talento novedoso que de una vez por todas convierta al equipo en un seguro de triunfos internacionales.Cada año aparece ese jugador del segundo equipo, ese joven valor con un nombre que todavía es extraño sobre el que depositamos la confianza, que nos hará soñar y que enmudecerá de rabia los estadios enemigos.

Aunque el Barça nos haya acostumbrado últimamente a ganar ligas con cierta frecuencia, la tendencia histórica a perderlas en el último minuto convierte al socio en un persistente pesimista.Desde los tiempos en que las oscuras artes del régimen franquista nos robó a Di Stéfano, el seguidor culé vive atormentado por la inseguridad y la duda, sentimientos que combate con el muy animoso grito de aquest any sí de sonora fortaleza y eficacia más bien dudosa. La historia del Barça está repleta de malos malísimos que nos la han jugado por pura envidia o sumidos en el delirio de una mano negra que conspira y manipula. Recordemos si no la entrada de Goicoechea a Maradona, el secuestro de Quini o el penalti de Guruceta. Esa es la razón y no otra por la que al socio del Barça, frío y generalmente comedido, alguna vez se desmadra y le afea la traición a Figo con la cabeza de un cerdito.

A quien no le guste el fútbol le diré que el Joan Gamper representa el momento del año previo a los azarosos días donde cada partido puntúa y los errores son irreversibles, en el que el corazón azulgrana respira más tranquilo y siente que puede comerse el mundo. A ello contribuye, sin duda, el tranquilo devenir de las tardes soleadas, el pantalón corto y la chancleta y las tertulias facilonas donde se descubren a los cracks del futuro antes que el fracaso de la temporada los convierta a todos en perversos peseteros a quienes importan un bledo los colores.

A mí me da que en el fútbol hay mucho espabilado que juega con los dineros de todos, pero hay que reconocerles cierta habilidad.Ojalá los del cine consiguieran convertirse en materia de obligado interés nacional o las televisiones dedicaran el mismo tiempo a enseñarnos lo importante que es ir a votar.

LA EMOCION NUNCA CESA EN ESPAÑA SI SE TRATA DE FUTBOL. eL TORNEO AMISTOSO DEl BARCELONA ES UNA DE LAS FECHAS SEÑALADAS PARA LA AFICION AZULGRANA. OTRA OPORTUNIDAD, COMO TANTAS, PARA MANTENER VIVA LA LLAMA DE ESTE CURIOSO DEPORTE