EN LA MUERTE DE UN MAESTRO
Los autores destacan la figura de quien dedicó parte de su obra a alabar a Pla o Eugeni d'Ors
La relación de Francisco Umbral con la literatura catalana supera la pequeña estancia del escritor en Barcelona durante los años 70. Pasa por la huella que ha dejado en muchos de los escritores catalanes en activo y, sobre todo, por el encumbramiento que hizo durante toda su carrera de grandes nombres de la literatura catalana como Josep Pla o Eugeni d'Ors.
Umbral los colocó en el lugar que se merecían. Cuando el escritor y columnista publicó, en 2003, ¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary?, un conjunto de descripciones completas de aquellos a los que denominaba «mis queridos escritores europeos», no dudó en colocar a Pla al lado de Stendhal, Flaubert o Sartre. En esta misma obra recuerda cómo ambos llegaron a ser compañeros de página en la revista Destino, uno de los focos culturales más importantes de la época franquista.
Nombrado asiduamente en sus columnas, Pla aparecía también en los textos de Umbral como «el gran profesional del Mediterráneo», un mar al que el escritor se sentía muy vinculado. Así lo describía en Ibiza, una de las últimas columnas de julio que publicó en EL MUNDO. Escuchar a Pla, decía, era «como escuchar a los coros de todo el Mediterráneo, con sus túnicas griegas y sus leyendas marinas».
De los paisajes catalanes también guardaba grato recuerdo ayudado por libros como Viaje al Pirineo de Lérida, de Camilo José Cela.Una obra «sólo igualada por los libros viajeros de Josep Pla», quien aparece otra vez en sus crónicas literarias. También lo hace al hablar del dietario personal, un estilo que el escritor catalán convirtió en género de primera fila literaria y que Umbral cultivó durante toda su obra, ya sea en alusiones directas al yo o en obras biográfico-reflexivas como Diario de un escritor burgués. Ambos persiguieron un mismo objetivo en estos textos: hacer arte de la cotidianeidad.
Eugeni d'Ors también aparecía entre las palabras de Umbral, quien lo consideró uno de los maestros del surrealismo y a quien nombraba, con respeto y mucho humor, «Don Eugenio». Lo recordó, por última vez, en su Los placeres y los días del pasado día 28 de julio.
Esas mismas columnas son las que ahora se han convertido en un referente para muchos escritores catalanes, que reconocen el genio de Umbral de la misma manera que él ensalzó el valor de los literatos catalanes del siglo XX. «Era el columnista de la órbita española más brillante de los últimos 50 años», considera el escritor Baltasar Porcel, amigo de Umbral desde los años 60.
El columnismo en España se parece más «a los viejos sermones dominicales de los curas», piensa Porcel. En ese panorama, destacaban las ácidas columnas de Umbral, que sabía «crear su propio mundo».Por eso, Porcel nunca entenderá por qué la Real Academia no quiso admitir a Umbral, algo que «él llevaba clavado en el corazón».«Creyeron más en sus insolencias que en sus méritos literarios», lamenta.
El periodista Arcadi Espada coincide con Porcel y asegura que Umbral, en vez de trabajar con temas recurrentes, tenía a la actualidad como materia poética, «poniendo en sus columnas las palabras a pensar, obteniendo en este ejercicio resultados notables e incluso espléndidos». El articulista sostiene que Umbral se inscribe en la tradición periodístico-literaria, en la que el periodista y escritor «acaba actuando como un personaje, como materia de su propia obra». Según Espada, Umbral sigue la misma senda que su maestro César González Ruano o de Camilo José Cela, compaginando la «doble condición» de poeta y personaje.
El también periodista y escritor Iván Tubau conoció a Umbral en los 60, cuando le tocó hacer una crítica de su primer libro, Tamouré. Tubau recuerda que en la reseña dijo que «aquel tipo de literatura había que ser Cela para hacerla y que aquel debutante aún no era Cela». Pocos días después, una colega intentó presentarles en el Ateneo de Madrid pero Umbral se negó a saludar a Tubau.Pero el tiempo les reconciliaría y se dedicarían artículos mutuos.Con los años, «aquel debutante superaría a Cela, autor de una sola obra interesante, La Colmena», afirma Tubau.
Incluso aquellos que no compartían ni sus ideas ni su narrativa reconocen «su ingenio como periodista», admite el también escritor Enrique de Hériz.
A Miquel de Palol, el madrileño siempre le pareció un «prosista de gran consideración literaria pero excesivamente mediatizado».En su Gran Diccionario de la Literatura, Umbral aparece como un «personaje tierno que se adecúa poco a sus exabruptos públicos», opina. En los medios se daba una «imagen distorsionada de su gran profundidad intelectual», critica el escritor.
Anna Caballé, autora de la biografía no autorizada de Francisco Umbral, también destaca el valor de sus columnas diarias: «Se ha acabado imponiendo el escritor de periódicos al creador».Además, la autora de Francisco Umbral. El frío de una vida destacó de toda su obra los libros de la década de los 70, tales como Mortal y rosa o Diario de un escritor burgués.
Es en esa misma época en la que Umbral escribió en la sección de cultura del periódico barcelonés La Vanguardia, donde aún le recuerdan. El redactor jefe de cultura, Llàtzer Moix, destacó su «habilidad malabarista» con el lenguaje. Un lenguaje que en sus columnas se tornaba «caprichoso y un poco pintoresco, buscando un efecto gratuito».
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados