28/08/2007 - 17:50 h

El pasado miércoles, día 22, en medio de una impresionante tormenta, José Luis Rodríguez Zapatero llegaba a Santa Eufemia, pequeña parroquia de Santa Eulalia de Oscos, dedicada a una santa distinguida por su locuacidad y su rico verbo, impropio de una virgen martirizada a tierna edad.

Un lugar simbólico, sin duda, para el hombre que ha conseguido prometerles a los asturianos las mismas cosas, a lo largo de cuatro años, sin que prácticamente nadie se lo reproche, porque pocos lo intentan por la cuenta que les tiene, y quienes se atreven, no tienen espacio en los periódicos para dar testimonio de verdades tan evidentes.

Miles de razones anuales de los fondos del gobierno, destinados a engrasar consensos, explican que Zapatero se pueda marchar de aquí, sin que nadie le recuerde el número de veces que nos ha venido prometiendo las mismas cosas, desde que entrase como inquilino en La Moncloa. Eso no quiere decir que él tuviese la intención de volver a prometerlas una vez más. Las circunstancias le obligaron.

Por mucho dinero que aquí se dedique a dar altavoz a los sonidos del silencio, todo fluye, y Zapatero, que de tonto no tiene un pelo, encargó a su gente de confianza que le evitasen las comparecencias públicas comprometidas, en las que tuviera que explicar qué pasa con sus promesas atávicas, puesto que ni él mismo consideró ni por un solo momento la posibilidad de formular otras nuevas, dado que las antiguas son tan onerosas, que lanzar otras produciría una gran carcajada que recorrería los confines del Principado de principio a fin.

Dicho y hecho: Zapatero llegaba a Asturias a descansar –ese cuento chino nos colocaron-, y sus fieles amigos y colaboradores, Antonio Masip y Álvaro Cuesta, nos comunicaron a los asturianos que efectivamente eso es lo que quería, descansar, aislarse, estar sólo, por lo que nos pedían que nadie fuese a molestarle porque si alguien nos hace el honor de venir a buscar aquí un retiro temporal, ¡qué menos que dárselo! Por eso, en aquel momento, a la llegada de Zapatero, a nadie le extrañó que Areces no fuese a recibirle.

Los asturianos somos muy educados.

Pero es que estábamos ante una burda mentira, y algunos ya tenemos experiencia sobre la manera en que hacen siempre estos apaños.

Zapatero no venía a descansar, la que venía a descansar y aislarse era su mujer, Sonsoles Espinosa, puesto que a los dos días de llegar, el viernes 24, el presidente del Gobierno se iba a Madrid a presidir un Consejo de Ministros, un día antes de trasladarse a Fonsagrada, a un multitudinario espectáculo, comprometido desde hacía tiempo por el secretario de organización del Partido Socialista, José Blanco, diputado por Lugo -que celebraba su éxito contra el PP en su demarcación-, en el que el propio Zapatero y Blanco, junto con Emilio Pérez Touriño, daban buena cuenta de la verdadera razón por la que el jefe del ejecutivo había venido a establecer sus reales en la comarca de Los Oscos, fronteriza con Lugo, y reclamada como territorio gallego por los socios nacionalistas de Touriño en el gobierno de Galicia. Zapatero vino a quedarse a la mítica provincia gallega de Britonia, o Tierra Navia Eo, como suele denominársela por aquí.

Desde las agencias de prensa, y con alguna emisora de radio por todo altavoz –ECTV hacía lo que podía desde Internet-, surgió la voz solitaria de la diputada Alicia Castro denunciando la cruda burla a la que estábamos siendo sometidos, el porqué de la desaparición de Areces, y cómo nuestros políticos se esmeraban para que Zapatero pudiese pasar por aquí sin dar cuenta de sus promesas incumplidas.

La respuesta del PSOE fue terrible, y en una comparecencia pública de Álvaro Cuesta y Fernando Lastra, dos puntales del hombre del “talante” en Asturias, se le contestó con feroces insultos por atreverse a abrir la boca. El número uno en el Congreso por el PSOE, Cuesta, se atrevió a decir de ella que tiene un “fétido aliento”, simplemente por sugerir que algo raro estaba pasando.

La evidencia era de tan grueso calibre, y la gran mentira tan insostenible –que Alicia Castro se moviese e hiciese declaraciones a pesar de la desaparición permanente de Ovidio Sánchez fue determinante-, que el presidente del Principado, se vio obligado a anunciar el mismo viernes 24 que esta semana tendría una reunión con Zapatero –para volver a darle otra vuelta más a las mismas promesas de siempre-, a pesar de estar misteriosamente desaparecido en unas supuestas vacaciones de las que a estas alturas aún nadie sabe nada, y muchos son los que sospechan que, estuviese donde estuviese –El Mundo y La Nueva España habían dicho que en Canarias, pero presidencia lo niega-, se había esfumado para no tener que dar cuenta públicamente del afrentoso trato que Zapatero le estaba dedicando –a él y a nosotros-, dado que nada tenía que prometer para Asturias, puesto que toda su capacidad de oferta se había quedado en Galicia, donde comprometió, en Fonsagrada, una nueva autovía de Santiago a Lugo, para “antes de fin de año”, mientras se licitaban arreglos de carreteras por toda la provincia gallega y especialmente en los alrededores de la propia Fonsagrada.

Recordar el largo desarrollo de las tomaduras de pelo permanentes en que se han convertido la autovía entre Ponferrada y La Espina, así como el peaje del Huerna, sería una auténtica novela río. Da igual. Han vuelto a prometer lo mismo de siempre. Zapatero sabía perfectamene lo que había y por eso habló de lo que iba a hablar Areces al final de la reunión, antes de entrar a ella. Se sabe la música y la letra de memoria. Hasta ese momento había logrado no hablar de Asturias para nada.

Lo del Huerna fue una sonada promesa de las últimas elecciones generales, que inmediatamente se convirtió en una letanía inacabable: “es que el PP prorrogó su adjudicación”, sin que el hecho evidente de que tal prórroga se hubiese producido antes que la promesa que la alega como pretexto, suponga ningún problema para quienes la utilizan, para volver a colocar esa carta marcada encima de la mesa una y otra vez.

Lo de la autovía a Ponferrada, tiene aún más delito, pues si lo del peaje resulta una burla descarada, en este caso, es la misma vaina de hace dos años, que se repite por las mismas fechas. Como el turrón en la televisión por navidad. Pero es que además, cuando Zapatero vino a ver a Areces en el año 2005 y le adelantó que en la Fiesta Minera de Rodiezmo que se celebraba unos días después, iba a anunciar la financiación con cargo a los fondos europeos de la autovía que ahora ha vuelto a prometer a través de Areces, el proyecto llevaba años de interminables discusiones sobre su oportunidad, y hacía unos meses que se había culminado la creación del Parque Natural de las Fuentes del Narcea que impedía su construcción. Luego nos dijeron que los fondos previstos habían desaparecido.

En fin, un lamentable episodio éste de la visita de Zapatero, que podía haberse organizado con normalidad, sin tanta mentira, sin tanto subterfugio ni tanto cuento chino, para evitar que los asturianos pudiésemos preguntarle a Zapatero ¿qué hay de lo nuestro?

La mejor prueba de la verdad de lo que estamos diciendo son los hechos a los que una vez más nos tenemos que remitir. Finalmente Areces ha ido de visita a Santa Eufemia, y allí, han dicho públicamente lo que no quisieron decir a la llegada de Zapatero: que vamos a firmar un convenio para ver de dónde sacamos el dinero para la autovía de Ponferrada y que a finales de año se hará otro recorte en el cobro del peaje.

Y dentro de unos días tenemos Rodiezmo: ¿qué van a prometer allí?

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