Nostalgia del insulto, de Joan Barril en El Periódico
LOS DÍAS VENCIDOS
Lo dijo una persona amable, educada y correcta como es Carod-Rovira el domingo en un acto político. Dijo que el presidente Zapatero no iba más allá de la corrección, la amabilidad y la educación. Entiendo el contexto en el que Carod inscribe esta valoración. En el objetivo de la autodeterminación, la amabilidad y la buena educación son más bien un obstáculo. Carod sabe que Zapatero no va a convertirse de la noche a la mañana en independentista. Ya es mucho que sea del Barça. Pero implícitamente lo que nos viene a decir Carod es que a la independencia no se va a llegar con buenas palabras ni amabilidades. Y cuando se renuncia de entrada a la buena educación política y se ridiculiza al amable y al correcto, ¿qué camino nos queda?
¿Desde cuándo es nocivo para la sociedad un dirigente amable y educado? Otra cosa es la eficacia, el rigor, la coherencia, la representatividad, valores que la historia se encarga de subrayar. Pero en el mundo de la política las formas son determinantes. Una dictadura y una democracia pueden llevar a cabo grandes obras públicas, pero no es lo mismo que se construyan con trabajadores forzados que con operarios sindicados. El sistema democrático también contempla diferencias entre el recurso permanente a la fuerza pública y el ejercicio del diálogo. Sin crispaciones se vive mejor, es evidente. Pero, naturalmente, el consenso y la amabilidad dejan a los maximalistas sin argumentos.
Un gobernante educado es considerado como un narcotizador de las tensiones nacionales. ¿Cómo se puede convocar a la resistencia popular frente a aquel que no está dispuesto a agredir pero tampoco a ceder? Los manuales de instrucciones del secesionismo no tienen en cuenta esa posibilidad. Sería mucho más fácil galvanizar para la autodeterminación a ciudadanos que se sintieran cotidianamente zaheridos, humillados y perseguidos por un presidente como en su día fue Aznar. Pero la amabilidad de Zapatero es un virus sin antídoto conocido.
¿Las vías? Muertas
Leo hacia atrás la gesta inusual del señor Víctor Morlán, secretario de Infraestructuras, al haber protagonizado de incógnito su descenso al infierno ferroviario catalán. Lo importante son los retrasos, dicen. Y lo son. Pero hay en el tendido ferroviario demasiados vestigios que no son imputables al AVE. Cualquier empresa seria no toleraría que la gente incívica usara las vías como vertederos. Para eso no hace falta ser ingeniero: unas brigadas de limpieza son suficientes para que el paisaje de la incuria no cale en el imaginario de los pasajeros. Las estaciones cerradas con sus ventanas tapiadas indican un tiempo de trenes antiguos que nunca fueron rigurosamente vigilados. Hoy, en estos edificios inútiles hay máquinas canceladoras. En algún lugar quedan los antiguos retretes. Naturalmente, cerrados. En ellos aún se puede ver la palabra "caballeros". Cuando alguien se me dirige como "caballero" siempre temo lo peor. Y en una estación semiabandonada lo peor es que a la suciedad de la vía se añade la incapacidad de señoras y caballeros de aliviarse tras un pestillo. Eso no son retrasos: es simplemente atraso.
Aeropuerto
La aviación comercial se nutre de maletas perdidas que viajan solas y de personas que se buscan a sí mismas viajando como maletas.
