El encarecimiento del producto nacional, por el bioetanol y la demanda de China, derivará en una jornada de protesta

Que los italianos comen pasta a diario no es un tópico. Realmente la comen todos los días. De ahí que tenga mucho mérito, si efectivamente se cumple con rigor, la huelga de spaghetti y demás tipos de pastasciutta que las asociaciones de consumidores han convocado para el próximo 13 de septiembre en Italia. Se trata de un gesto simbólico que tiene como objetivo protestar contra el aumento de precios previstos para el otoño.

Unos aumentos que, según numerosas previsiones, encarecerán no sólo luz, gas, leche y libros escolares, sino también el grano y sus derivados. Ya a finales de julio, la unión de productores de pasta italianos había lanzado la alarma asegurando que a partir del mes de septiembre el precio de pan, pasta y galletas sufrirá un incremento próximo al 20%.

La reacción de Adoc, Adusbef, Codacons y Federconsumatori, las mayores asociaciones de consumidores del país, no se ha hecho esperar. Han solicitado que el gobierno intervenga sobre los aumentos -«tanto los ya realizados como los anunciados»- y han exigido «una inmediata bajada del 5% de todos los precios y tarifas». Y, ya puestos en pie de guerra, han invitado a los italianos a renunciar por un día al amado plato nacional. Spaghetti, ravioli, fettucine y demás no estarán presentes ese día en las mesas de los italianos. La movilización prevista para ese día, además, no quedará sólo ahí. Para el 13 de septiembre están previstas otras curiosas iniciativas como la de distribuir en conocidas plazas de todo el país -entre las cuales la plaza romana de Montecitorio, delante del Parlamento -pan y leche gratis a los ciudadanos «para demostrar que los aumentos son sólo fruto de especulaciones».

Y es que el tema de las materias primas se ha convertido en un asunto candente en los últimos tiempos. El ministro italiano de Políticas agrícolas, Paolo De Castro, ha vinculado recientemente el fenómeno con la crecimiento de las necesidades alimentarias de China. «Con un aumento del 11% de su PIB China ha contribuido al aumento de precios de los géneros alimentarios, y a la carencia en la producción de cereales, sobre todo la de grano duro», dijo. El aumento del precio de la harina es una realidad -ha subido un 110% en el último año en el mercado de Chicago, y se triplicó respecto al 2000- debido a la combinación de bajos niveles de producción con una demanda creciente, en parte, por el desarrollo del bioetanol, que hace que se dispare el precio de los cultivos utilizados para carburantes alternativos al petróleo. La OCDE ha alertado del aumento de precios próximos al 50% en una década en alimentos ahora destinados al nuevo combustible.

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