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28 Agosto 2007

Hacia una distribución más justa, de Carlos Tomada en Clarín

TRIBUNA

Existen interpretaciones mezquinas sobre la modificación del impuesto a las Ganancias. Lo correcto sería contextualizar la medida dentro de una política de recomposición de los ingresos de los asalariados, que esta vez se orienta hacia los sectores medios.

Analizar la reciente modificación sobre el impuesto a las Ganancias como un hecho aislado resultaría un tremendo error. O lo que sería más grave aún, una enorme tergiversación.

He leído por estos días diferentes interpretaciones. Algunas, muy mezquinas. Se omite contextualizarlas con las políticas laborales en curso, las mejoras progresivas y progresistas en el mundo del trabajo y la recuperación del empleo con protección social.

Esta propuesta forma parte de un todo. Se inscribe en una política de recomposición de los ingresos de los asalariados que se puso en marcha hace ya más de 4 años. Se identifica plenamente en la vocación del Presidente de dejar atrás el infierno para ingresar a un cambio definitivo de nuestro país. Es sin dudas, caminar en el crecimiento, pero en un crecimiento que incluya a todos y que es la única manera que entendemos y con la que queremos crecer. Con todos.

Por eso, no se debe perder de vista que este cambio implica una mejora directa sobre el poder de compra de 600 mil familias argentinas y que forma un continuo con todas las iniciativas que el Gobierno puso y pondrá en marcha con el objetivo muy claro.

Nuestra meta es la inclusión de todos. Desde el momento en que se asumió se comenzó por mejorar la situación de los más rezagados. Los jubilados y los trabajadores que están en la base de la pirámide de los ingresos fueron los primeros y los que recibieron los mayores incrementos. La mejora del salario mínimo, de las asignaciones familiares y la extensión de la negociación colectiva fue la política activa permanente.

Y ahora continuamos con los trabajadores de ingresos medios. Trabajadores que en muchos casos vieron cómo el impuesto a la renta minimizaba los aumentos de salario acordados con sus empleadores.

Ya está dicho que ésta no es una decisión aislada ni apresurada. Pero muchos pueden preguntarse legítimamente por qué se toma recién ahora. Se pone en marcha una vez consolidada la situación fiscal a partir del crecimiento económico y del aumento de la recaudación. Porque para llegar a esta instancia, antes fue necesario que entre todos pusiéramos de pie al país y rescatáramos a su sistema productivo de la situación de colapso en la que muchos de los que hoy critican lo dejaron.

Este cambio, que beneficiará al 70% de los asalariados que hoy pagan Ganancias, se logró a partir de elevar el mínimo no imponible del impuesto y dando por tierra con la tabla de deducciones vigente desde el año 2000. Esta tabla se encontraba desactualizada no sólo en sus montos sino también en su concepción y su lógica. Fue dictada siguiendo una filosofía del ajuste y del achique permanente, que hasta hace pocos años constituía la única fuente de inspiración de todas las políticas que se ponían en marcha.

Ese razonamiento ya nada tiene que ver con el proceso que vive hoy la Argentina. Porque afortunadamente la sociedad construyó una nueva escala de valores y el Gobierno supo —y sabe— interpretarla y ponerla en práctica.

Los argentinos tomamos decisiones estratégicas. Decidimos priorizar la producción por sobre las finanzas, el trabajo por sobre la especulación y la inclusión social por sobre cualquier otra obligación externa.

Con esta modificación del impuesto a las Ganancias, hacemos justicia en los segmentos de ingresos medios, conformados mayoritariamente por esforzados profesionales y técnicos que merecen recibir también los beneficios del crecimiento, más allá del esfuerzo fiscal que esto implique.

Ya no asusta ni sorprende que los que instalaron la política del ajuste permanente como modelo critiquen ahora esta decisión. Como siempre, aluden al costo de la medida y se olvidan de la gente. No comprenden que es así como se construye una distribución más equitativa.

No entienden que este es un acto de justicia con los trabajadores. Con los que siempre pusieron el hombro y quienes una vez más pondrán este aumento de sus ingresos para mejorar la salud, la educación, y las condiciones de vida de su familia, lo que no significa otra cosa que ponerlos al servicio del crecimiento del país.

Carlos Tomada. MINISTRO DE TRABAJO DE LA NACION.

http://www.clarin.com/diario/2007/08/28/opinion/o-02701.htm

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