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27 Agosto 2007

70.º aniversario de la constitución del Consejo de Asturias y León (y 4), de Javier Morán en La Nueva España

Rafael Fernández, de la soberanía a la concordia

El nonagenario socialista regresó a España porque le mortificaba la responsabilidad de lo ocurrido en 1936

El único testigo vivo de la declaración de soberanía y segregación de la II República, que Asturias atravesó el día 24 de agosto de 1937, hace ahora setenta años, es el político socialista Rafael Fernández Álvarez, que, a sus 94 años, vive retirado en Oviedo de toda actividad pública.

Rafael Fernández fue consejero de Hacienda del Consejo Interprovincial de Asturias y León, creado por la República el 24 de diciembre de 1936. El referido 24 de agosto de 1937 dicho Consejo se declaró soberano, y aquel joven socialista, de 24 años, asumió la problemática cartera de Justicia y Orden Público poco después de que casi le partieran una silla en la cabeza por oponerse a dicha medida de independencia.

Pocos días después, el 20 de octubre, víspera de la entrada de las tropas nacionales en Gijón, Rafael Fernández abandonó Asturias por El Musel y acabó exiliado en México; pero volvió a Asturias en 1976, con 63 años, rozando la edad de jubilación, y contribuyó con empeño al proceso autonómico del Principado y a la transición política española.

«Rafael Fernández regresó con espíritu de reconciliación al Principado. Fue el Tarradellas de Asturias, y era un hombre que sabía de la época más turbulenta de España y del disparate de la guerra». Lo comentaba ayer a LA NUEVA ESPAÑA Juan de Lillo, periodista, amigo del político y autor de un libro-entrevista que en 1983 recogió sus memorias y reflexiones políticas («Rafael Fernández, testigo de Asturias»).

Rafael Fernández nació el 17 de septiembre de 1913 en la ovetense calle de San Antonio. Su padre, Carlos Fernández González, trabajaba en la Fábrica de Armas de La Vega y se integraba en los sindicatos católicos de Maximiliano Arboleya. Era «liberal conservador y votante de Melquiades Álvarez y de Teodomiro Menéndez», recuerda el propio Rafael Fernández en el libro de Lillo. Su madre, Dolores Álvarez Álvarez, regentaba una casa de comidas en el Fontán.

Estudió Derecho en la Universidad de Oviedo, institución que propone su nombre a la junta de ampliación de estudios para que el joven curse materias de Economía y Hacienda Pública en París y Bruselas. En 1930 ingresa en las Juventudes Socialistas, donde percibe ciertos recelos iniciales por el catolicismo de sus padres. En 1931 comienza a militar en el PSOE. Fue secretario general de las Juventudes Socialistas y alumno de la escuela socialista de verano en El Pardo y Torrelodones, así como director de la de Brañes, en el Naranco

Allí conoce a Puri, Purificación Tomás Vega, hija de Belarmino Tomás, entonces militante socialista y dirigente del Sindicato de Obreros Mineros de Asturias (SOMA). Después fue delegado del Gobierno de la República en Asturias y presidente del Consejo de Asturias y León, del Interprovincial y del Soberano.

Rafael Fernández y Purificación Tomás se casan el 5 de junio de 1937. Ella es secretaria de la ejecutiva femenina de las Juventudes Socialistas y tiene 19 años. Tendrán 5 hijos. El primero nace en San Pedro Pescador (Gerona), en 1939, y muere a los pocos días, cuando sus padres cruzaban la frontera francesa hacia el exilio. En México nacerían sus hijos Rafael, Carlos Belarmino, Jorge Belarmino y Víctor Manuel.

El exilio mexicano supone años iniciales de precariedad, con trabajos manuales, hasta que Rafael Fernández pone en pie diversos negocios.

Regresó a Asturias en 1976, después de que Felipe González o Nicolás Redondo se lo insinuasen. Fue secretario general de la Federación Socialista Asturiana (FSA): «La recibí de manos de un muchacho que se iba al servicio militar», Jesús Sanjurjo.

Fue senador en las legislaturas de 1977 (en la que fue presidente de la minoría socialista), 1979, 1982 y 1986. En septiembre de 1978 será presidente del Consejo Regional de Asturias y, una vez aprobado el Estatuto de Autonomía, presidente del Principado hasta 1983.

Su esposa, Purificación Tomás, será concejala socialista en el Ayuntamiento de Oviedo desde 1983 hasta su fallecimiento, el 10 de noviembre de 1990.

Rafael Fernández rememora lo acaecido en agosto de 1937 en la obra de Juan de Lillo, caso de la «reunión celebrada dos días antes de la caída de Santander en el despacho de Belarmino Tomás», en la que se planteó «abierta y crudamente ese estado de aislamiento, la imposibilidad de conectar con el Gobierno central y, como consecuencia, la necesidad de arbitrar una fórmula legal que nos permitiera tomar decisiones». Agrega que «fue la reunión más tensa de todas cuantas celebró la institución regional. En plena discusión, uno de mis oponentes se levantó enarbolando una silla, que me hubiera roto encima si no hubieran mediado algunos de los asistentes». Rafael Fernández niega que el agresor hubiera sido el socialista Amador Fernández. Juan Ambou, consejero de Instrucción Pública, manifestó años después que había sido el anarquista Segundo Blanco.

La tensión surgió porque Rafael Fernández, según sus recuerdos, sostenía que «la declaración de soberanía era una salida políticamente peligrosa. El nacimiento de un cantón en Asturias hubiera sido inadmisible ante el exterior, porque habría significado la ruptura con el Estado y quedar al margen de toda legalidad constitucional y del apoyo internacional». «Socialistas, republicanos, anarcosindicalistas y, finalmente, el Partido Comunista» aprueban la medida.

«El decreto de declaración de soberanía fue elaborado al concluir la tempestuosa reunión, a las 12 de la noche de aquel 24 de agosto, mientras las tropas nacionales avanzaban implacablemente hacia Gijón. Supe después que Indalecio Prieto había calificado de disparatada la declaración y que Azaña llamaba al Consejo el "Gobiernín"».

Al volver a Asturias, 40 años después, Rafael Fernández lo hizo con recuerdos vivos: «A mí, la responsabilidad de lo que sucedió en el 36 siempre me mortificó. Y creo que fue esa responsabilidad la que me decidió, tal vez valorándome en exceso, a regresar a España para aportar mi granito de arena con el fin de lograr que se estableciera la concordia». Añade: «Fundamentalmente, mi regreso se debió al convencimiento de que en el año 36 habíamos cometido muchos errores todos los españoles y que era necesario repararlos».

Juan de Lillo afirma hoy que «Rafael Fernández contribuyó a la reconciliación positiva de todos los sectores políticos asturianos. En el presente, a sus noventa y tantos años, vive en paz y tranquilidad. Ha sido un hombre de concordia».

Tags: javier moran

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