El azote de Bush y de las grandes compañías de EEUU es atacado en el documental 'Manufacturing dissent', en el que cineastas de izquierda, como él, critican sus métodos
Los cineastas Debbie Melnyk y Rick Caine repiten el mismo mantra a todos los que les preguntan una y otra vez por su última película y sus inclinaciones políticas: no, insisten, no son de derechas, ni republicanos partidarios de Bush. En todo caso son «progresistas y de izquierdas».
Sin embargo, las preguntas no son tan sorprendentes, en vista de que en su documental Manufacturing dissent, el equipo de cineastas, que reside en Toronto, se enfrenta a Michael Moore, el director de documentales de mayor éxito comercial en la Historia. Y no sólo ponen en duda su carácter, sino que también se preguntan si no tiene una actitud displicente hacia la ética cinematográfica.
Con Roger & me, Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11, Moore se ha convertido en un creador de documentales que son verdaderos éxitos en cartelera, capaces de recaudar más de 100 millones de dólares en todo el mundo. Y aunque enfrentarse a Moore con un documental no es nada nuevo -en el pasado lo han intentado Michael Moore hates America y Celsius 41.11, dos largas cintas contra Moore que recorrieron los festivales y obtuvieron críticas poco entusiastas- estos primeros proyectos fueron obra de cineastas con claras posturas políticas de derechas y, por tanto, sus ataques podían rechazarse fácilmente calificándolos de diatribas ideológicas.
Melnyk y Caine llevan muchos años realizando documentales de investigación y eran entusiastas admiradores de Moore, hasta que decidieron hacer un documental sobre él. ¿El motivo? Según ellos, hay algo insano en la forma de manipular los datos y en las técnicas cinematográficas de Moore.
Melnyk y Caine estaban de acuerdo con la postura de Moore contra la invasión de Irak, pensaban que había tenido muchas agallas al pronunciar su discurso antibélico durante la ceremonia de entrega de los Oscar en 2003, cuando aceptó el premio al mejor documental por Bowling for Columbine, y eran conscientes de que Moore se había convertido en la encarnación del rechazo generalizado al presidente George W Bush y su política exterior, especialmente desde Fahrenheit 9/11, cinta en la que Moore arremete contra la política del presidente tras el 11-S, y que obtuvo la Palma de Oro en Cannes, en 2004.
Pero cambiaron su opinión sobre él. Al igual que el intento frustrado de Moore para entrevistar al presidente de General Motors Roger Smith en su debut de Roger & me (1989), Melnyk y Caine decidieron estructurar su documental en torno a sus intentos de sentarse con Moore para que respondiera a una serie de preguntas inquietantes. Roger & me analizaba la falta de ética y la indiferencia de las grandes compañías estadounidenses. La idea central del documental era que Smith era una persona tan despiadada y terrible que simplemente no estaba dispuesto ni a darle la hora a Moore, y mucho menos a concederle una entrevista. Por cierto, la entrevista que nunca llega a concederse se ha convertido en un elemento básico de los documentales de Moore. El problema para él es que, en su película, Caine y Melnyk ofrecen pruebas irrefutables de que, finalmente, Smith sí le concedió la dichosa entrevista...
Los realizadores examinan una serie de acusaciones contra Moore, algunas sobre su carácter y sus hábitos de trabajo, y otras sobre sus actitudes ante la ética cinematográfica. El resultado es un retrato que en ocasiones resulta inquietante. A veces, antiguos compañeros de trabajo y periodistas parecen insinuar que Moore es egomaniaco y megalómano; otras presentan acusaciones aun más graves, alegando que Moore a menudo incluye material claramente ficticio en sus obras de no ficción.
Algunos de los entrevistados son antiguos colegas de Moore que ofrecen anécdotas negativas del cineasta. No es de sorprender, quizá, que a Ralph Nader, activista y ex candidato presidencial independiente, no le vuelve loco el personaje, pues el cineasta apoyó la candidatura de Nader en 2000, pero en 2004 brindó su apoyo a Kerry y acusó a Nader de permitir la victoria de Bush. Nader sostiene que Moore está confundido, que se ha dejado pervertir por la gente de Hollywood.
Algunos de los entrevistados incluso insinúan que quizá Michael Moore deseaba un segundo mandato de Bush, en vista de que ha ganado millones de dólares explotando la aversión que muchos sienten hacia el actual presidente de Estados Unidos.
Sin embargo, lo más inquietante es la insinuación de que Moore ha inventado datos para ajustar la realidad a sus deseos. En Roger & me, una memorable secuencia de un informativo indicaba que una reunión en el Ayuntamiento de Flint, Michigan, organizada por el informativo de la cadena ABC Nightline, tuvo que interrumpirse cuando el camión de la conexión por satélite fue robado por un desempleado de la localidad. «Eso nunca ocurrió, nadie robó ningún camión, todo fue una invención», asegura Caine.
«Los directores de documentales y los periodistas», añade, «deben trabajar sobre una premisa básica: debemos desenmascarar a los mentirosos. Al distorsionar tanto las cosas, Moore ha hecho daño a la izquierda y ha dado armas a la derecha. Cuando la gente vea que ha distorsionado tantas cosas, podrá rechazar sus argumentos».
Melnyk y Caine cuentan con el apoyo de cineastas respetados como Albert Maysles (Gime shelter, Grey Gardens) y Errol Morris (The fog of war), quienes expresan sus reservas con respecto a las tácticas de Moore. Maysles incluso llega a insinuar que, como decía aquel otro documental, puede que Moore odie EEUU.
© Mundinteractivos, S.A.

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