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Reggio

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27 Agosto 2007

Las carpas y las terrazas, de Xavier Marcé en El Mundo de Cataluña

RUTINAS DE VERANO

Las terrazas de verano se compaginan con la actividad de las carpas, lugar de recreo en que la búsqueda de sexo fácil y el intento por matar la soledad congrega masas de gente en las periferias de las grandes urbes como barcelona

Hay quien todavía cree que el inicio del verano lo marca el calendario o, en casos excepcionales, el calor que llega anticipado. Pero, en realidad, quien decide tan señalada fecha son esos ávidos empresarios que han conseguido una licencia para montar una carpa de verano. Las carpas del verano no son simples terrazas porque afortunadamente en Cataluña las hay todo el año y estamos acostumbrados a usarlas aunque haga ese frío agradable de nuestro invierno.Las carpas son concentraciones enormes de terrazas alrededor de barras de bar alegremente decoradas por señoritas ligeras de ropa y hermosos mulatos a los que ni les sobra ni les falta el punto exacto de bronceado.

Cualquier ciudad o pueblo mínimamente poblado tiene sus carpas y la gente acude en tropel para exhibir sus encantos y solucionar sus problemas más urgentes: la soledad del verano, el sexo desesperado o para comprarse unas pastillas para alargar la noche. Las carpas están en la periferia, alejadas del aburrido centro para asegurar el descanso diario de los viejecitos del lugar, que son los únicos que no se han marchado, o para dejar aislados a los emigrantes que se montan su verano en Ciutat Vella o en otros guetos de la ciudad moderna.

En la España calurosa de Andalucía o Extremadura es preceptivo dormir la siesta desde las cuatro hasta las siete para tomarle el pulso al termómetro y armarse de valor para salir a la calle.Bien sea en la terraza de la rambla del pueblo, que están dispuestas a lo largo de cualquier acera, o en el descampado golfo donde abundan las carpas, los niños juegan hasta medianoche, las parejas se picotean sin reloj y las familias enteras tienen charlas intrascendentes que alargan la noche si no les mata el calor.

En la Cataluña urbana, donde prima el anonimato y la familia sólo permanece unida en Navidad o el día de la madre, el verano es un desparrame. Por eso las terrazas y las carpas se clasifican por edades, por clases sociales o por las bondades físicas de los mortales. A la terraza de la esquina bajan las señoras María solas o con un marido aburrido que tiene la cabeza en otro sitio, a las cosmopolitas del Paseo de Gracia los pijos urbanos hasta la hora de pisar la disco y a las carpas metropolitanas las Juanis y su séquito de jóvenes guapos sin más interés por la noche que pillar lo que sea y pasar el rato.

Para el adolescente precoz, idea redundante donde las haya, la carpa es agua de mayo, es decir, tiempo de investigación y locura de vacaciones; amores de locos que duran lo que dura el verano, la primera borrachera notoriamente indigesta, un cigarro relleno de humo raro y el espacio perfecto para descubrir la diferencia entre los buenos y los malos.

En la terraza urbana o playera es fácil hacer nuevos amigos, que después de una charla de cinco minutos y tres cervezas se convierten en protagonistas irremplazables de tu vida. Somos frágiles y nos gusta ampliar la lista de nuevos hermanos del alma, aunque en pocas semanas nos de pereza contestarles un e-mail y acaben decorando el fondo de un cajón en una de aquellas fotos que sacamos con tanta alegría. En verano ligamos como locos porque mostramos únicamente el 20% de lo que realmente somos. Esa ligereza nos libra de la coraza que a lo largo del año nos disfraza de seres humanos normales y nos enamora del primer desconocido que pasa. Con suerte, el amor durará hasta principios de otoño diluido poco a poco por la rutina, el frío y el olvido de unas vacaciones con terraza y barman.

Hay terrazas de calidad y las hay de garrafa, o sea que el tipo de bebida es un criterio que marca la diferencia. En una carpa de calidad, un cubata se acerca a los 10 euros y te puedes tomar otro con tranquilidad alcohólica y desesperación económica. En una de garrafa, el cubata lo regalan pero te destrozan el hígado con alcohol de quemar. En las terrazas se baila la canción del verano, sabiamente interpuesta entre música de dj's y éxitos clásicos de los 80. Esa mezcla explosiva contiene la esencia de la realidad mediterránea: la gente más española se junta con el nacionalista finolis, el intelectual tímido baila con una groupie de Muchachito Bombo Infierno, el nativo inquieto busca la mirada del turista y el ejecutivo agresivo se siente por un día en la piel del joven motero.

Las terrazas y las carpas nos convierten en una especie de travestis urbanos; quien más quien menos se busca un disfraz para parecer entonado y evitar que lo tachen de ligón de verano.

© Mundinteractivos, S.A.

Tags: xavier marce

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