LA VERDAD SOBRE LO QUE ESTA OCURRIENDO
La serpiente del verano han sido los coletazos del artículo "No imponer, no impedir.
A raíz del mismo propios y extraños, sobre todo extraños, se han creído con derecho de meter sus narices en el puchero del PNV que, a fuego lento y con cautela prepara, su Asamblea General y su renovación de cargos.
Lógicamente todos salvan la figura de Ibarretxe, pero todos arremeten contra Imaz en un dudoso juego de deslealtad, sobre todo cuando estos dos partidos traicionaron el acuerdo de apoyar a la lista mas votada tras las elecciones del 27 de mayo.
Aquellos días de avidez negociadora poltronesca, ni a EB ni a EA, le dolieron prendas para flirtear con el PSE y en muchos de los casos para votar con el PSE y quitarle al PNV su mejor derecho. Lo ocurrido en Muskiz, Zumaia, las Juntas Generales de Gipuzkoa y el apoyo de EB a Txarli Prieto para Diputado General de Araba eran el guión de una película de tahures.
Pactos Conclusión: ellos si pueden pactar con el PSE cuando a ellos les da la gana, pero si lo hace el PNV es pecado de lesa patria. La transversalidad es un demonio al que hay que combatir por tierra, mar y aire. Ah! eso si, solo cuando lo pretende el PNV. Cuando lo hacen ellos eso es una apuesta de izquierdas, el famoso pacto de progreso que el impresentable de Odón Elorza preconiza.
El PNV no está tratando de pactar nada con el PSE. Ya se ha visto lo que dan de si los acuerdos en Navarra con el partido socialista, pero lo que no admite, con buen criterio, es que se le impida hablar, pactar, acordar o tomar café con quien quiera. Así de sencillo. Y eso es lo que está ocurriendo digan lo que digan unos y otros.
Esa es la madre del cordero. En el fondo, eso lleva dentro una fea palabra: pesebre. Eso es en lo que hoy se resume la ideología acomodaticia de estos dos partidos que no le aseguran a Ibarretxe ni una sola votación en el Parlamento Vasco, pero, eso si, tienen el tupé de criticar al PNV a todas horas, sobre todo cuando ven en peligro su posición privilegiada. Eso, en términos amorosos, se llama celos. No ideología.
De ahí la expresiva nota de Urkullu y las atinadas puntualizaciones de Aristondo.

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