lunes 27 de agosto de 2007
DEBATE
Los que avalan el régimen chino y sus críticos más duros especulan con que los Juegos estimularán transformaciones. Todos se entusiasman en vano.
A quién le importan las Olimpíadas 2008 en Beijing? Sin duda, es un gran acontecimiento: los medios nos lo dicen. Faltando un año somos bombardeados por artículos de cuenta regresiva sobre qué acontecimiento grandioso e histórico será. Masivos proyectos de construcción, un ejército de periodistas extranjeros, un magnífico espectáculo dirigido por Steven Spielberg y, ah sí, algunos actos deportivos.
China ve los Juegos como una fiesta de presentación en sociedad, una exhibición de su creciente talla de potencia mundial. Los críticos los ven como la oportunidad perfecta para empujar a China a una mayor apertura y más tolerancia para el disenso.
Unos y otros deberán aceptar las decepciones. Las Olimpíadas de Beijing podrían no dar como resultado nada de lo anterior. En primer lugar, excepto alguien que haya vivido en una cueva por los últimos 10 años, nadie piensa que China necesita una fiesta de presentación en sociedad, simplemente porque ya nadie puede escapar de la segunda economía de Asia (después de Japón).
Por eso mismo, los críticos deben bajar sus expectativas. La forma en que muchos observan a China es semejante a la de esos padres ansiosos que miran fijamente a su bebé a la espera de que se pare y atraviese caminando la habitación. Para bien o para mal, el sistema político chino en 2009 probablemente se parezca mucho al de 2007.
William Pesek. ECONOMISTA, COLUMNISTA BLOOMBERG.

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