Caldera y Chacón se opusieron a que el PSOE permitiera que UPN gobernase en Navarra
«Se trataba de si perdemos dos escaños en Navarra o 20 en España», dijo un miembro de la dirección
No fue un debate tormentoso, pero sí fue un debate difícil para la cúpula del PSOE. Sobre todo, por el hecho de que dos ministros y miembros de la Ejecutiva Federal del partido y, además, uno de ellos incorporado recientemente a la reunión de maitines de los lunes, elevaron su voz en varios encuentros internos para oponerse a que el PSOE permitiera que UPN gobernase en Navarra.
Y, a esto, hay que sumar que asesores muy cercanos al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, eran de la misma opinión que los dos destacados dirigentes socialistas.
Según ha podido saber EL MUNDO, el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, y la ministra de Vivienda, Carme Chacón, manifestaron abiertamente en varias reuniones internas que el PSOE no podía permitir que gobernara UPN, después de la actitud de este partido durante el llamado proceso de paz y de las múltiples manifestaciones del presidente navarro, Miguel Sanz, acusando al propio Zapatero de querer «vender Navarra» a ETA.
Caldera, de forma más vehemente, y Chacón, de manera más tímida, expusieron sus argumentos contrarios, y apostaron por un gobierno «sin complejos» con Nafarroa Bai (NaBai) e Izquierda Unida.
Para Caldera, no era menos que humillante permitir que un partido que «ha mentido, ha insultado y ha ofendido» a los socialistas, «con infundios y calumnias» sobre el futuro político de Navarra, se le premiara ahora dándole el gobierno. El ministro de Trabajo, además, pensaba que era contradecir el discurso del PSOE renegar de NaBai, al ser un partido que rechaza tajantemente la violencia.
Sin embargo, enfrente se encontraron al núcleo más duro del PSOE. El tándem José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba tuvo meridianamente claro, casi desde la misma noche del 27-M, que a nueve meses de las elecciones generales el PSOE no podía permitirse más juegos en el alambre.
Los argumentos de Blanco y Rubalcaba pasaban no sólo porque el hecho de gobernar con NaBai podía dar más munición política al PP en el problema terrorista, sino porque también era una manera de callar la boca del adversario político y bajar el nivel de crispación política.
Rubalcaba fue el que más se esforzó en ganar la batalla y actuó a todos los niveles. Tiró primero de Blanco, aunque no le costó mucho. Y, luego, el ministro del Interior no se cansó de argumentar -lo que se le suele dar bien- las bondades de ceder el gobierno de Navarra a UPN.
Ni que decir tiene que el debate lo ganó arrolladoramente el tándem Blanco-Rubalcaba que, además, contó con el apoyo explícito de los nuevos barones socialistas -como los presidentes de Castilla-La Mancha y de Extremadura, Javier Barreda y Guillermo Fernández Vara- y el de sus antecesores, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y José Bono.
Zapatero, los primeros días, escuchó mucho y guardó silencio, o hizo comentarios muy medidos. Sin embargo, según fuentes de la dirección del PSOE, el secretario general no tuvo dudas desde el primer momento de que había que sacrificar Navarra.
Más claro lo dijo un miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE a este diario, antes de que se tomara la decisión de agosto: «El debate se trata de si perdemos dos diputados por Navarra o 20 en el resto de España. A nadie le gusta que gobierne UPN, pero ahí tenemos el resultado de las municipales».
La decisión final, ya conocida, sigue sin agradar a muchos dirigentes socialistas -aunque posiblemente sean más los que la aplauden-, pero lo cierto es que el PSOE está más que satisfecho de cómo ha transcurrido la crisis interna, y cómo se está repartiendo la cuota de desgaste entre UPN y PSN.
Más allá de la dimisión de Fernando Puras y del sector crítico que se ha formado en el seno del partido, la crisis ha ido derivando más hacia las relaciones entre UPN y PP, aunque los socialistas son plenamente conscientes del desgaste electoral y social que van a sufrir en la Comunidad Foral.
No obstante, la gran pregunta es qué pasará tras las elecciones generales. Es evidente que la amenaza de la moción de censura estará planeando durante todo el mandato de Sanz. Ahora, los socialistas guardan silencio y dicen con prudencia que no la contemplan. Ya se verá tras el 9 de marzo.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados