RUTINAS DE VERANO
Una de las cosas que más les mola a los niños en verano es pasarse un día en el parque temático y, como somos padres mimosos y se lo consentimos todo a los hijos, en algún momento de la vida a uno le recuerdan que prometimos llevarlos de viaje a EuroDisney, ese parque lleno de peluches de dibujos animados que se pasan el día firmando autógrafos a los críos y a más de un adulto a quien no se le ha curado del todo la infancia y que los persigue más contento que un chinche. De los parques de Disney todos han copiado lo esencial, o sea poner una tienda cada 50 metros y tener unos empleados que siempre sonríen, hablan muchos idiomas y parecen miembros de una secta.
EuroDisney estuvo a punto de venir a Catalunya y durante unos años competimos con París jugando a la ruleta de los parques temáticos. Creo que los americanos se arrepienten porque en Francia hace un frío que pela y no les acaba de funcionar el invento aunque después lo arreglan con el golf y la venta de casitas como segundas residencias o incluso primeras porque París les queda a tiro de piedra. El caso es que puestos a tener un parque temático aquí nos montamos Port Aventura, que es un lugar donde vamos una vez al año a pasar un día con los niños. Hace muchos años en Barcelona teníamos el Tibidabo y el parque de atracciones de Montjuic, pero un día lo cerraron y nos quedamos huérfanos de montaña rusa. El parque de atracciones de Montjuic tenia un gran encanto y me acuerdo que entre muchas otras cosas comíamos salchichas de Frankfurt, cosa que hoy le parece normal a un pipiolo de 8 años, y que era todo un manjar que mi generación descubrió en la Feria de Muestras allá por los años 60 y que se nos quedó grabado como un gran adelanto. No es que hayamos evolucionado mucho y ahora en los parques temáticos se come sucedáneo de cocina étnica, es decir, hamburguesas pero con especias
En verano, pues, nos vamos a Port Aventura a pasarnos unas horitas haciendo colas para acabar el día con una sensación extraña de haber amortizado mal la entrada, que por otro lado no es nada barata. En los primeros años Port Aventura era una novedad y te servía como premio si tu hijo aprobaba el curso pero con el tiempo se ha convertido en una excursión normalita que incluso está en el currículo de las escuelas concertadas, de tal manera que ni el Dragon Khan ni el fuego de Indiana Jones te sirven para mejorar las notas.
Entre las bonanzas de la temperatura mediterránea y el cambio climático, en Tarragona no hace falta que Port Aventura cierre medio año; con eso el público se reparte, los adictos repiten y le damos juego a otras variedades de parque temático radicalmente veraniegas como son los parques acuáticos. En Port Aventura han montado uno al lado, supongo que con alguna parafernalia y bombo porque los que hay desperdigados por la costa son todos iguales, enormes estructuras de poliuretano desde las que te tiras para acabar en una piscina, es decir, lo mismo que un chiquipark pero sin bolas de plástico.
El repertorio no puede ser muy variado porque el agua no da para mucho de tal modo que se trata de montar enormes toboganes, piscinas con olas prefabricadas que se enchufan cada dos o tres horas y un montón de jacuzzis, donde compartes un agua caliente que parece sopa con abueletes y abueletas orondas incapaces de seguir el ritmo de sus nietos. En el aquapark el utensilio más sofisticado es como máximo un gran neumático donde te has de subir tú mismo en un penoso viaje cuesta arriba para tirarte y acabar en un minuto un penoso viaje.
Los aquaparks son un poco peligrosos y sobre todo muy cansados porque no hay nada mecanizado y has de subir centenares de escaleras andando. Los vigilantes son estudiantes de bachillerato que veranean por allí y que se pasan las horas sentados bajo un calor de órdago que inevitablemente los deja adormilados, circunstancia que te obliga a perseguir a los niños y a tirarte por esos tubos que te dejan la espalda hecha polvo.
De momento no se ha inventado el parque temático monitorizado en el que dejas a los niños y te vas directamente al bar a leer el diario, a tomar el sol en una terraza o simplemente te vuelves a casa para seguir durmiendo hasta que se ponga el sol y los recojas. Hay que hacerles las colas o seguirlos con la mirada para evitar que un adolescente alocado no les ponga un pie en la cara y se ahoguen en la piscina. Así que uno se sacrifica y al final le coge el gusto a la montaña rusa, lo que en algunos casos te convierte en un padre suicida.
Port aventura Ya no sirve como premio al aprobado de nuestros hijos, ahora es una excursión obligada una vez al año, sobre todo después de la desaparición de la competencia. Incluso encontramos una nueva opción más pasada por agua
© Mundinteractivos, S.A.

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