España ha pasado de se un país de emigrantes a un país receptor de inmigrantes en un periodo muy corto de tiempo (10 años). Hemos pasado de tener menos de un millón de extranjeros en nuestro país, la mayoría residenciales europeos, a tener más de cuatro millones, un millón residencial y más de tres millones laborales. Eso además de los que se puedan encontrar en circunstancias irregulares y no estén empadronados en estos momentos.

Esto ha sido necesario para poder completar la demanda de trabajadores que hemos tenido. Hoy la demanda de trabajadores es casi el doble que hace 15 años y la oferta de profesionales se ha visto mermada por la tremenda caída de natalidad que hemos sufrido desde el año 1978. Hemos pasado de disponer de “promociones” de 650.000-700.000 españoles nacidos cada año a 360.000 de 1998.

Duplicar la demanda y reducir a la mitad la oferta ha generado la reducción de la tremenda bolsa de paro que teníamos hace no muchos años (1994 por ejemplo) y además hemos necesitado esos más de 3 millones de inmigrantes.

Ahora bien, además de la crítica que podríamos hacer al procedimiento que desde entonces se ha seguido para gestionar el flujo de inmigración laboral, hay que hacer notar que la totalidad de dicha inmigración se ha producido para cubrir demanda poco cualificada.

Eso lo puso de manifiesto en 2005 Hania Zlotnik (Directora de la División de Población de las Naciones Unidas), cuando comentaba que no podía entender cómo un país desarrollado, una supuesta importante economía mundial, había importado millones de trabajadores de otros mercados sin prestar atención a sus cualificaciones para hacer tareas de tan bajo nivel añadido.

Profesionales con valor añadido

Ella suponía que nuestro mercado laboral requería, por nuestro posicionamiento económico y estratégico, profesionales del conocimiento, capaces de competir en empresas de alto valor añadido gracias al diferencial de sus ideas y su capacidad de innovación. Pero evidentemente, no ha sido así. Nuestra economía está fundamentada en el servicio y en servicios de bajo valor añadido que no requieren mucha sofisticación para proveerlos. En nuestro mercado laboral actual dos de cada tres puestos de trabajo están en el sector de servicios, normalmente en tareas y actividades de bajo nivel añadido.

En nuestro análisis del mercado laboral podemos constatar que la inmigración laboral hacia España ha tenido dos momentos. El primer momento la demanda atraía inmigrantes de baja cualificación para tareas de back-office en las que el idioma no era crítico. Las primeras grandes olas inmigratorias provenían mayoritariamente de África.

La segunda oleada de inmigración fue atraída para cubrir puestos de front-office y baja cualificación, sectores como la hostelería, la restauración, el comercio, fueron grandes demandantes. El origen inmigratorio cambió y la primera procedencia pasó a ser Latinoamérica ya que el conocer el español era determinante para cubrir dichos puestos.

Actualmente, nos encontramos ante la tercera ola inmigratoria, la que supone la convergencia con otros países desarrollados. Se trata de la inmigración cualificada. Los españoles matriculados en la universidad española descienden año a año desde 1999 y en el sistema superior el fracaso escolar es cada día mayor.

Hay algunos sectores que ya tienen una fuerte tensión entre su demanda y la oferta disponible. Es el caso del sector biomédico en el que existe una demanda no cubierta. También el sector de las tecnologías de la información.

Nuevo desafío

Ahora tenemos que afrontar un nuevo desafío. Atraer a los mejores profesionales de diversos perfiles requeridos. Ante esta nueva etapa inmigratoria se suscitan nuevos interrogantes. Por ejemplo, de dónde atraerlos.

Básicamente hay dos posibilidades. Atraerlos de países con diferencial de renta que permitan su movimiento hacia nuestro país fácilmente, por ejemplo de Latinoamérica. Esta alternativa tiene la ventaja del idioma, además de la posibilidad de mantener los costes. Tiene el inconveniente ético de descapitalización del talento de países que lo necesitan.

La otra alternativa es entrar en la batalla por el mejor talento internacional. Países como Australia, Irlanda, Canadá, llevan ya años de ventaja en esta guerra, atrayendo para sus empresas los mejores talentos del mundo.

Evidentemente en una economía competitiva y de valor añadido, la diferencia la marcan las personas y su talento. Pero para tener el mejor talento tenemos que atraerlo y luego retenerlo.

Para ello, es necesario tener una imagen de marca, en este caso país, que permita mostrarnos como un destino atractivo para los mejores profesionales del mundo.

En este sentido tenemos ventajas y barreras. Como ventajas tenemos la propia imagen de España, la hospitalidad de nuestros ciudadanos, nuestro clima y la experiencia que durante años nos ha dado el turismo como exposición a otros.

Barreras de entrada

Como barreras la inexperiencia de gestionar reclutamiento internacional, el idioma, las barreras administrativas para la tramitación de los permisos de trabajo y por supuesto, nuestros menores salarios que otros destinos internacionales, aunque también es justo decir que nuestros costes son menores.

Una muestra de nuestra inexperiencia lo muestra que durante el curso académico 2004-2005 ninguna empresa española hizo presentación corporativa en las escuelas de negocio de los Estados Unidos de más prestigio.

España, si quiere seguir compitiendo y ante la reducción de efectivos en todos los niveles educativos, tenemos que salir a captar el mejor talento internacional. Eso nos permitirá aportar más valor a nuestros productos y servicios y para ello tendremos que crear la marca España, también como lugar de empleo de calidad.

Para ello, es necesaria una importante colaboración pública y privada. La empresa sola no puede modificar dicha actitud. La Administración pública (estatal, autonómica e incluso local) tiene que emprender acciones de mejora de marca en los mercados internacionales y facilitar programas de atracción.

Es la hora de competir por el mejor talento internacional y para ello necesitamos generar una marca de España como destino laboral para el acoger el mejor talento.

Alfonso Jiménez, socio director de PeopleMatters.