El detonante de las caídas espectaculares de las bolsas europeas es, a decir de los expertos, la incertidumbre sobre el impacto que tendrá en el conjunto de la economía la crisis de las hipotecas en Estados Unidos. Los analistas usan, con profusión, palabras como incertidumbre, pánico, psicosis, y el pequeño inversor, al oírlas, viaja a su infancia y se ve a sí mismo como un niño metido en la cama, en una habitación oscura, con los ojos muy abiertos y atento a cualquier ruido. El niño, al que alguna vez mentaron el papu o monstruo de guardia, tiene miedo. Aunque sus padres le han dicho que puede dormir tranquilo y que los papus no existen, el chiquillo no las tiene todas consigo y, a ratos, mete la cabeza bajo las sábanas porque así cree que está a salvo. Los niños confían en sus padres, pero los terrores infantiles no se disipan rápidamente. La desconfianza de los mercados acaba llegando hasta el que tiene sus ahorrillos y todo son dudas y congojas. Por mucho que nos digan que la crisis hipotecaria de los yanquis no será capaz de atravesar el océano y que nuestro sistema es lo bastante sólido para aguantar.

Algunos especialistas, para tranquilizar al personal, subrayan lo irracional de los últimos desplomes en las bolsas. Como si saber el carácter irracional de estas oscilaciones pudiera tener efectos calmantes en nuestro ánimo, como si anotar lo obvio ayudara a disminuir la sensación de vértigo. Pero, para una gran mayoría, es todo lo contrario. Irracional es sinónimo de arbitrario, de inseguro, de incierto, de incontrolado, de volátil. Lo irracional, puesto en el centro de la escena, agudiza la desconfianza y volvemos a las palabras de antes: incertidumbre, pánico y psicosis. ¿Qué será de los ahorros? ¿Subirán las hipotecas?

Junto a las palabras que nos recuerdan al papu de antaño, los entendidos nos aseguran que las empresas tienen buenos resultados y que el crecimiento económico sigue a buen ritmo. Relativicemos. Si salimos a la calle y olvidamos las sombras nocturnas de la habitación infantil, nadie parece muy preocupado por lo que cuentan las páginas de Economía. Será que cada cual hace sus cábalas y espera a ver en qué acaba todo. Tiendas, restaurantes y agencias de viajes andan repletas de clientes, nada en nuestro paisaje hace pensar que seamos presa de la incertidumbre, el pánico o la psicosis.

Por estos pagos nos hemos acostumbrado - desde hace un buen tiempo- a decir y comprobar que la economía marcha bien, lo cual atempera cualquier malestar o cabreo en otros campos, especialmente en lo político, no menos irracional, por cierto. Quienes gobiernan - no debe olvidarse- también se han acostumbrado a ello.