TORMENTA EN LOS MERCADOS FINANCIEROS: Las reacciones en Europa

La decisión de la Reserva Federal de EE. UU. presiona en favor de mantener el statu quo

Fue un matiz. Un simple matiz que en la codificada jerga que emplean los banqueros centrales equivale a sugerir que los miembros del consejo de gobernadores del Banco Central Europeo (BCE) no han tomado ya la decisión de subir el precio oficial del dinero del 4% actual al 4,25% el próximo jueves 6 de septiembre, contrariamente a los mensajes lanzados anteriormente y, muy especialmente, los contenidos de la rueda de prensa del presidente de la institución, Jean-Claude Trichet, del pasado 2 de agosto.

La declaración del consejero del BCE, Axel Weber, se produjo después de la decisión de la Reserva Federal de recortar medio punto el tipo de interés de su tasa de descuento para situaciones de emergencia y de una ronda de declaraciones de los ministros de Economía y Finanzas europeos tratando de tranquilizar a los inversores.

Ayer, Axel Weber, miembro del consejo de gobernadores del BCE, dio a entender que la institución no ha tomado ya la decisión de incrementar sus tipos de interés oficiales, contrariamente a las señales enviadas a los mercados financieros con anterioridad. "La estabilidad de precios es nuestra misión. Haremos todo lo necesario" para asegurarla, explicó a los periodistas el presidente del Bundesbank alemán en el marco de la celebración del 50. º aniversario del banco emisor alemán. Posteriormente fue interrogado sobre si la coyuntura sigue haciendo necesario mantener "una gran vigilancia" ante los riesgos que existen sobre la estabilidad de precios, el banquero central rechazó realizar cualquier comentario. Y es que la expresión "gran vigilancia" es la que emplean los miembros de la BCE cuando quieren preparar a los mercados para una subida de los tipos de interés.

Esta inflexión en el discurso de Weber coincide con un creciente clamor entre los economistas y los inversores para que el BCE mantenga su tipo oficial en el 4%, en lugar de cometer la contradicción de incrementarlo después de haber inundado los mercados interbancarios de liquidez durante cinco sesiones. La otra forma de verlo, la que defienden los más ortodoxos, quiere proseguir con la subida prevista para que el BCE no pierda credibilidad como guardián de la inflación. Ahora bien, la tasa interanual de inflación bajó del 1,9% al 1,8% en julio y suma once meses por debajo del tope del 2% (que es la definición de la estabilidad de precios para el BCE). Y no hay que olvidar que la Reserva Federal, con más experiencia y autoridad que el BCE, puso ayer por escrito que la crisis financiera ha aumentado los riesgos de una desaceleración económica.

En los mercados de futuros, la inflexión es notable. "La gente del mercado está reduciendo a sólo un 40% la posibilidad de una subida de tipos en septiembre", explicaba a Bloomberg, el jefe de estrategia en renta fija de Dresdner Kleinworth en Frankfurt. "Hace dos semanas, era del 90%". Aplazar la subida de tipos "sería el rumbo responsable ante las notables turbulencias en los mercados", concluye Charles Diebel, jefe de estrategia europea en Nomura, reflejando un sentir bastante generalizado.

Los políticos, por su parte, intentaron tranquilizar. Los alemanes frenando el frenesí francés por convocar una reunión del Grupo de los Siete (G-7) y estudiar una mayor regulación de los fondos de riesgo. . Por su parte, la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, explicó que la situación actual no es la de "un crash sino una corrección brutal" que tiene su epicentro en el sector de las hipotecas de riesgo de EE. UU. Pidió a los inversores que "mantengan la cabeza fría" y negó que la crisis vaya a afectar al debilitado crecimiento francés.