DIARIO

Liquore di limone di Sorrento. Me lo estoy bebiendo a sorbitos, helado, dulce y ácido como tu piel. Limoncello para adormecer este deseo que empuja hacia dentro y duele como si te hubieran robado en casa. Tal vez necesitaría algo más fuerte. Pensaba que ya no volvería a sucederme esto. Me aferré a las rutinas después de quemar los últimos harapos de un amor, mejor dicho, de un malentendido. Ya me había acostumbrado a la cama llena de libros y al agua en la mesilla. A andar a oscuras, con tal de no ver mi sombra muda, el paisaje que forman un vaso y un plato, uno solo, con las sobras de la cena. Me conformaba con el método indoloro de vivir de puntillas, sin hacer ruido. Hasta que tu nombre empezó a habitar esta penumbra.

Tu ausencia llena mi cabeza, y estúpidamente creo que no estamos demasiado lejos a pesar de que nos separe un océano. El cerebro de una mujer enamorada sufre severos trastornos además de alucinaciones. Imagina, por ejemplo, que nuestras mentes se enlazan a través de un cableado poderoso; que él no puede dejar de pensar en ti y en tus pies pequeños. Rebobino una y otra vez la película del primer día en que me abrazaste. Susurraste mi nombre, Dolores Braun, desdoblando las letras; el ansia de dos náufragos que ven un barco. Las farolas ciegas dejaban que la luz del café formara un rectángulo en la calle para enmarcar nuestros besos. Tu anhelo de dormir haciendo un cuatro, como una pareja de siempre. Cuento una y otra vez, con los dedos de la mano, los días que faltan para verte, domando los nervios que pinchan como agujetas. Cuando entres por la puerta. Esta taquicardia.

Decidiré de una vez qué me voy a poner, incluso me probaré medio armario ahora mismo para distraerme. Para huir de la enfermedad que desde hace días me ahueca el pecho. El enamoramiento es una patología seria. Una idea obsesiva va poseyéndote sin tregua, asomando a cada instante su miel y sus garras. Gozas y sufres, andas y desandas, las certezas son incertidumbres al doblar la esquina. Aire en las manos. El verdadero problema radica en que a menudo la ansiedad y el miedo se confunden con el amor y la libido. Al desorden emocional se le plantea con terror la posibilidad de transformar ese pensamiento apasionado por una rutina llena de pequeñas miserias. ¿Cuándo se desvanece el capricho, la curiosidad? El sentido común y el escepticismo acabarán por arañar el paisaje de los amantes, que a veces logran alumbrar un nuevo paisaje. "Tinguis coneixement", decían las abuelas de antes. El conocimiento es el principal aliado para sortear el realismo mágico que complica nuestras vidas. Cierto,del latín certus,derivado de cerniere:decidir. Según el Coromines, otra voz etimológica de cierto es acertar, acertarse, hallarse presente en alguna parte. Decidir y acertar son dos verbos complicados e implicados entre sí. No siempre se acierta.

El amor es un género literario. Disfraza lo nuevo y lo convierte en mágico. Casi todas las historias tienen la misma estructura: introducción, nudo y desenlace. Aunque los principios suelen guardar poca relación con los finales; la segregación de endorfinas produce un estado de encantamiento. Sé que cuando mis neurotransmisores se calmen no percibiré el recuerdo de Mr. Wrong del mismo modo. Aún no existen vínculos, tan sólo el guión de la conquista. La pasión no atiende a la lógica. Inevitablemente, Eros seguirá deambulando por la geografía universal. Qué dulce idiotez pensar que somos el uno para el otro.