El rescate de la Fed y el BCE ha sido insuficiente. La crisis hipotecaria y de los mercados de crédito pasa factura a las bolsas. El Ibex perdió un 3,72%, su mayor caída desde marzo de 2004, y retrocede un 1,18% en el año.

Ha sido la mayor caída diaria del Ibex en tres años y medio (desde el 15 de marzo de 2004, cuando cayó un 4,15%). Y el golpe ha sido fuerte. El principal índice bursátil español se dejó un 3,72% y dijo adiós a los 14.000 puntos. Los inversores intentaron resistir, pero al final de la sesión era evidente que el miedo se apoderaba de Wall Street y el Ibex –que cerró en 13.979,7 puntos– perdió más de 100 puntos en poco más de media hora.

La crisis ya no es sólo una palabra. Es una realidad. A los inversores ni siquiera les queda el consuelo del teletexto. Durante los últimos días, y en pleno auge de noticias catastrofistas, al menos se podía mirar las pantallas y comprobar que todavía había beneficios que recoger. Ya ni eso. Tras la caída de ayer, el Ibex pierde un 1,18% en el año (y un 6,8% desde el jueves pasado, cuando perdió los 15.000 puntos). Los recortes, además, se producen en una sesión en la que se negociaron 5.937 millones de euros, un volumen importante (casi el doble del pasado miércoles) para estas fechas.

Ahora todo el mundo mira hacia abajo, en busca del siguiente soporte, que los expertos sitúan en los 13.600 puntos (ver página 15). Ayer, todos los valores del Ibex cerraron con números rojos. Gamesa (que perdió un 8,23%), NH Hoteles (con recortes del 7,32%) y Ferrovial (que se dejó un 6,92%) fueron los más perjudicados (ver gráfico). Entre los grandes valores, Telefónica perdió un 3,65%; Repsol cayó un 4,48%; mientras que Santander y BBVA se dejaron un 3,7% y un 3,5%, respectivamente. Endesa, Altadis y Aguas de Barcelona fueron los que menos sufrieron, con caídas inferiores al 1%.

Los expertos insisten en la creciente autonomía de los mercados europeos frente a Estados Unidos. Pero la realidad es que Wall Street es el principal foco de atención de todos los inversores. Las nuevas inyecciones de dinero por parte de la Reserva Federal fueron insuficientes. Las malas noticias fueron protagonistas de la sesión. Los permisos de construcción en EEUU cayeron un 2,8% en julio hasta el nivel más bajo de la última década. La construcción de nuevas viviendas descendió en un 6,1% y las solicitudes de ayuda al desempleo han aumentado. A todo esto hay que añadir los problemas de liquidez de Countrywide Financial, la mayor entidad hipotecaria de EEUU (ver página 11).

Y los índices se tiñeron de rojo. El Dow Jones recortaba, a media sesión, un 1,74%, hasta los 12.637,35 puntos. El S&P 500 perdía un 1,44% (hasta los 1.386,48 puntos) y el tecnológico Nasdaq retrocedía un 1,7% (hasta los 2.417 puntos). Al estornudo americano, en Europa siguió un resfriado en toda regla. El Ftse británico cayó un 4,10%; el Cac francés perdió un 3,26%; y el Dax alemán, un 2,36%.

Que el mercado se ha apuntado a los deportes de riesgo es un hecho. La gran duda es si se trata de puenting o de caída libre. Nadie sabe cuándo pasará la tormenta. Como en un cuento de Monterroso, muchos inversores se preguntan si, al despertar de este mal sueño de verano, el dinosaurio subprime seguirá allí. "La vuelta de vacaciones de los inversores será clave para calibrar si la tensión genera reembolsos en los fondos de inversión, lo que tendería a agravar la crisis", comenta Ofelia Marín, jefe de análisis de Banca March.