Alex Salmond, primer ministro escocés y líder de la formación independentista Partido Nacional Escocés, ha presentado su plan para celebrar un referéndum sobre la independencia de Escocia el año 2010. Al atender esta novedad, me he acordado, rápidamente, de una escena discreta que, sin duda, pone de relieve la importancia del factor escocés para otras naciones europeas sin Estado, singularmente para Catalunya. Lo que les voy a relatar ocurrió hace pocas semanas y no forma parte de ninguna ficción, sino de la más estricta realidad.

El escenario es el interior de la embajada de España en la capital de un país del Este europeo. Los personajes son diplomáticos y políticos convocados a una cena. El ambiente es distendido, a pesar de la formalidad del encuentro. Las buenas viandas y los mejores caldos favorecen la charla animada, incluso la confidencia. Entre los presentes, donde no faltan catalanes, está un destacado ex ministro del PP no catalán, que ofrece sus reflexiones en voz alta. Sus palabras suenan sinceras, transmiten algo que parece largamente meditado en determinados ambientes de poder: "Amigos, si Lituania es hoy un país independiente, ¿qué razones hay para decir que Catalunya no puede serlo?". El ex ministro no habla con ironía ni busca provocar, su tono es racional y mesurado. Ante el evidente interés de sus compañeros de mesa, el político popular prosigue su reflexión: "Lo que me parece fuera de duda es que, si Escocia logra ser un Estado independiente en los próximos años, será irreversible que Catalunya también lo sea, no habrá razones para impedir un proceso similar". El personaje en cuestión no ha repetido en público estas palabras, pero es lo que piensa. Y, al parecer, en Madrid hay más personas que piensan igual. Repito: no se trata de razonamientos de gente de ERC o de Convergència. Son pensamientos de un ex ministro conservador.

Salmond ha hecho un movimiento audaz que, más que perseguir la independencia de inmediato, trata de obligar a los partidos británicos a comprometerse en la consecución de más poder y más recursos para Escocia. A los catalanes esto nos suena a peix al cove pujolista recubierto de música independentista, como un híbrido celta de CiU y ERC. Seguiremos atentos a Edimburgo. En todo caso, no olviden al ex ministro del PP ni lo que escribe Rafael Ramos en sus crónicas, cuando compara lo de aquí y lo de allí: "La primera diferencia que salta a la vista es la civilización y cordura con que se desarrolla la discusión, sin que nadie salga de tono, amenace con sacar los tanques a la calle para preservar la unidad de la patria o plantee escenarios apocalípticos". ¡Qué envidia!