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Reggio

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15 Agosto 2007

El miedo a lo desconocido puede ser más peligroso que lo desconocido, de José Antonio Fdez. Hódar y Carmen Ramos en su Blog en Expansión

Creo que fue Roosevelt quien dijo que, realmente, lo que le daba miedo, era el miedo. La incertidumbre es una constante en los mercados bursátiles, pero cuando ésta se transforma en miedo, los mercados comienzan a caminar por el borde del precipicio y cualquier suceso, que a posteriori, analizado con calma, puede que no sea para tanto, los puede derribar. El gran problema de miedo reside en que, por nada, se puede desembocar una situación de pánico.

Con los datos disponibles de puede pensar que los riesgos de las hipotecas basura (subprime) están muy concentrados y no tienen tamaño para dañar a todo el sistema financiero ya que sólo afectan a poco más del 3% de los préstamos norteamericanos. Pero el hecho de que la SEC esté investigando los libros de cinco grandes bancos de inversión ha puesto a más de uno los pelos como escarpias. El miedo ha hecho acto de presencia.

Es imposible analizar lo desconocido. Pero es cierto que se han cometido barbaridades que ya están pasado factura. Por una parte, se ha prestado dinero con demasiada alegría y algunas entidades se van a coger los dedos. Por otra, algunos inversores han metido su dinero en fondos de alto riesgo. Las pérdidas registradas por los hedge funds que invertían en bonos respaldados por hipotecas de alto riesgo, van a llevar a muchos de ellos a la quiebra. Las rentabilidades eran muy altas, pero también lo era el riesgo, y los inversores lo sabían.

El impacto en los bancos europeos va a ser pequeño, aunque el BNP haya cerrado la puerta de salida a tres fondos. La banca española tiene un riesgo muy bajo y va a seguir dando préstamos, aunque ahora mire con lupa a quién presta dinero. Y no cerrará el grifo en la financiación de operaciones empresariales siempre que la solvencia y viabilidad de las mismas esté dentro de límites aceptables.

Hablar en este momento de una retracción en el consumo que lleve a una caída en la producción y que desemboque en una recesión, a margen de prematuro, parece poco probable. Las economías sigue creciendo un ritmo moderado. Los fundamentales son sólidos. La inflación está bajo control y, lo que es más importante: los bancos centrales disponen de experiencia para sortear crisis de liquidez, y no cabe la menor duda de que la sortearán.

Hemos llegado a un punto de inflexión, a partir del cual habrá un antes y un después. Solía decir mi abuelo que los bancos dan dinero a quién no lo necesita. A partir de ahora, las entidades financieras van a seguir dando prestamos, pero lo harán a quienes tengan capacidad para hacer frente a su deuda. Los promotores no van a pagar lo que les pidan por un terreno, porque no podrán repercutirlo en el precio final y las empresas tendrán que presentar estudios muy sólidos si quieren conseguir financiación para tomar participaciones significativas en otra empresa o llevar a cabo una opa.

Habrá promotores inmobiliarios que tendrán que echar el cierre, pero no se va a hundir el sector inmobilairio ni el de la construcción. Y el castigo que están sufriendo algunas de las cotizadas, con un riesgo muy bajo en promociones, va a dar oportunidades de inversión sumamente atractivas.

A pesar de que los índices bursátiles -aguantados por los pesos pesados- no reflejan el castigo que están sufriendo la mayor parte de las empresas (ya pusimos en un titular que la bolsa vivía una corrección encubierta), las caídas han venido a moderar excesos, que permitan, como ha ocurrido siempre, volver a empezar. Si los mercados no recobran la calma y siguen las desaportaciones de los fondos de renta variable, éstos tendrán que vender en bolsa y provocarán, en contra de su voluntad, nuevas caídas. Pero de estas caídas, vendrán los futuros beneficios.

En el pronóstico que hacíamos en el mensual de bolsa para agosto, apostábamos por una reacción al alza, pero en los comentarios de los distintos valores abundaba las recomendaciones de aplazar compras, y se indicaba, en los bajistas que, lo más probable, es que continuasen bajando. Se ha cerrado la primera decena del mes con un intento de subida al que ha seguido de un paso atrás. Queda mucho mes por delante, como para tirar la toalla, pero seguimos insistiendo en la necesidad de no poner, de momento, más carne en el asador, a pesar de que los precios de algunos valores inviten a situarse en ellos. No hay que tener prisa por el riesgo de que un dato desfavorable pueda provocar una estampida.

En los valores sólidos se pude veranear con la tranquilidad que me comentaba un inversor en la playa. "Si baja el Santander, ya subirá. Y si baja mucho, compro más".

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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