Dicen que, en un hospital geriátrico de Rhode Island, Estados Unidos, hay un gato llamado Óscar, con una extraña premonición. Se acerca a las habitaciones donde, justo después, fallece el interno que la ocupa. Los resultados de algunas petroleras, en el segundo trimestre de 2007, indican que algunas “muestran signos de envejecimiento”.

Terreno abonado para Óscar, entonces. En cuanto una compañía pone en marcha un proyecto de producción de crudo o gas, o arranca una refinería, o una planta petroquímica, comienza su cuenta atrás. Son negocios finitos, que van envejeciendo, con un principio y un fin.

El éxito de una petrolera, y la satisfacción de sus accionistas, radica en su habilidad para reponer y sustituir ordenadamente las reservas consumidas o agotadas, más modernizar y adaptar sus procesos y productos a los requerimientos del mercado. Si los nuevos proyectos compensan la declinación de los que tiene en marcha, la compañía crecerá. Si no, su fin se acercará y vendrá el gato Óscar en algún momento.

Los analistas han analizado los resultados obtenidos por las petroleras internacionales al finalizar el segundo trimestre del año, calificándolos de malos (Eni, Repsol) o muy malos (ConocoPhillips), mediocres a aceptables (BP, ExxonMobil, Total), y buenos (Chevron, Shell, Statoil). El entorno, salvo alguna singularidad específica, fue el mismo. Crudo caro, presión de algunos gobiernos, depreciación del dólar (impactando negativamente en las europeas), inestabilidad política de ciertas regiones e, incluso, ataques a sus instalaciones. En fin, problemas o achaques que afectan a los activos, en algunos casos, ya muy gastados.

Las petroleras son, aplicando el símil geriátrico, como ancianitos más o menos activos, mejor o peor conservados. Cuando algún órgano o función les falla, por su edad o por algún imprevisto, hay que reaccionar para reanimarles, sustituirles la botella de suero o, incluso, hacerles una transfusión de choque. Algunos, con algún órgano con principios de gangrena, prefieren amputárselo, parcial o totalmente. Óscar, expectante, claro.

ConocoPhillips, la tercera petrolera estadounidense, fue quizás la más castigada en el trimestre. Aún es muy grande, produciendo diariamente 1,9 millones de barriles equivalentes de petróleo, entre crudo y gas (la mitad que la británica BP, o casi doble que Repsol), pero se enfrentó a tres circunstancias adversas destacables, que afectaron directamente a su negocio upstream. Digamos que sufrió varios achaques casi simultáneos.

Muchos de sus activos van declinando por la edad pero, además, el 1º de abril salieron de sus concesiones en Dubai –donde eran operadores, incluso–, se enfrentaron a cortes de la producción en varias áreas y, a finales de junio, decidieron renunciar a su gran proyecto en la venezolana Faja del Orinoco. Todo ello impactó demoledoramente en sus resultados trimestrales. La producción bajó más de 224.000 barriles diarios, y su beneficio neto se recortó un 94%, ganando tan sólo 301 millones de dólares, frente a 5.186 millones un año atrás.

En Dubai, donde también participaban Repsol y Total, no se retiraron por el agotamiento de los campos, que producían aún más de 80.000 barriles diarios, ahora operados en exclusiva por otra compañía (Petrofac).

La razón fue el escaso incentivo económico del contrato, que sólo dejaba a los concesionarios unos centavillos de dólar por cada barril producido, con el crudo por encima de los 60 dólares. No compensaba el esfuerzo dedicado, particularmente por el operador, ConocoPhillips. Interrupciones de producción en Alaska, Mar del Norte o Nigeria, les afectaron como a muchas otras petroleras, y se debieron a trabajos de mantenimiento o a ataques a las instalaciones.

Venezuela les aportaba un 4% de su producción mundial. Pero las nuevas condiciones contractuales exigidas por Hugo Chávez en la explotación del petróleo ultrapesado de la Faja del Orinoco, les ha hecho tirar la toalla, considerándolas inadmisibles, al igual que ExxonMobil, que también se ha retirado de un proyecto similar, allí.

Su impacto en los resultados de ConocoPhillips ha sido una pérdida de 4.500 millones de dólares, más un recorte de sus reservas actuales y su producción futura. En conjunto, han tenido un brusco fallo multiorgánico, en términos médicos. Si no encuentran pronto remedio, con alternativas que sustituyan la producción y reservas perdidas (y los beneficios para sus accionistas), el gato Óscar empezará a rondarles. De momento, ya han fulminado a algunos gerentes.

Para evitar que Óscar ronronee cerca, la francesa Total es un buen ejemplo. Junto con ConocoPhillips y Repsol, ha salido de Dubai. También, como la primera de ellas, sufrió recortes de producción en Nigeria (por ataques de grupos separatistas del Delta del Níger) y .Mar del Norte (por mantenimiento). Como Repsol, tiene que pelear en países ahora “incómodos”, Bolivia, Venezuela, Argentina e, incluso, Argelia.

Su beneficio neto en el trimestre fue 8% menor del obtenido hace un año, fundamentalmente (7%) por depreciación del dólar. Pero consiguió que nuevos proyectos, como los de Angola y Qatar, puedan compensar la producción perdida. De momento, ya la aumentaron un 1%. Afrontan el porvenir con una cartera importante de proyectos ya iniciados (África Occidental, Oriente Medio, Golfo de México, Australia), o inminentes (Ártico ruso).

Más un Dominio Minero nuevo y atractivo, que promete próximos descubrimientos, futuros desarrollos y, en definitiva, más reservas, producción y beneficios. Incluso ya tomó posiciones para explotar arenas bituminosas (petrolíferas) en Canadá, otra forma de producción a la que se prevé un brillante futuro, cuya fase comercial comenzó hace pocos meses.

Y en el downstream, acaban de asociarse con la compañía nacional argelina Sonatrach para invertir 3.000 millones de dólares en un gran complejo petroquímico. Los gestores de Total intentan que su compañía siga manteniéndose como un joven dinámico, incluso en crecimiento, sin síntomas de senectud. Nada que ver con lo que le sucedió a ConocoPhillips. No creo que el gato Óscar se fije en la francesa, en unos cuantos años.

También en nuestro entorno se ha visto deambulando al malvado felino. Seguro que estuvo muy atento ante la fracasada opa de Gas Natural sobre Endesa, que feneció prácticamente desde su intento de gestación. Quizás acecha ahora en Argelia, por la aparente penosa evolución –y posible fatal desenlace– del megaproyecto de gas integrado de Gassi Touil, simplemente leyendo las declaraciones respectivas de las compañías implicadas, Repsol, Gas Natural y la argelina Sonatrach. Esperemos que los inquietantes maullidos de Óscar no se oigan próximamente desde el madrileño paseo de la Castellana. Habrá que estar atentos.

Juan Ramón Fernández Arribas. Ingeniero de Minas. Analista de Energía y Consultor.