Tribuna
Tomen el Diccionario de la Lengua y busquen "chorreo": "m. Acción y efecto de chorrear. 2. Gasto incesante, innecesario y, a la larga, excesivo." Por eso a nadie le gusta el chorreo. Pero la ausencia de chorreo puede ser, a veces, un grave problema. Pregunten a las (escasas) clases medias y a los más adinerados de países latinoamericanos donde políticos populistas han llegado al gobierno por medios democráticos (en algún caso, con propensiones autoritarias, como Chávez en Venezuela).
En este sentido, el caso de Perú es importante, porque puede ser el fiel de la balanza entre las ofertas políticas de centro izquierda democrático (como Brasil, Chile o Uruguay) y las populistas (Venezuela, Bolivia y Ecuador). Argentina es más difícil de clasificar, porque reúne ingredientes de todo tipo. Esto en un contexto en que las ofertas conservadoras han sido derrotadas en los países más relevantes, con la excepción de Colombia, cuya política está muy dominada por el problema terrorista.
Un pequeño repaso a la historia. El presidente de Perú - Alan García- pertenece al APRA (de la Internacional Socialista), y tuvo una acción de gobierno desastrosa a finales de los ochenta. ¿Por qué fue reelegido en 2006, a pesar de su trayectoria? Primero, porque es un hombre carismático, y además inteligente, y conoce muy bien los errores más graves de su anterior mandato. Segundo, y más importante, fue el mal menor para las clases medias y altas en la elección de 2006. La segunda vuelta le enfrentó al populista Ollanta Humala (ex militar, de perfil muy parecido a Chávez) y Alan García recibió el voto "útil" de los conservadores y ganó por cinco puntos.
Pocos discuten hoy en Perú el éxito global de la política económica. La economía lleva años creciendo mucho, y las tasas de pobreza se van reduciendo. Pero se extiende el malestar entre los más pobres y crecen las protestas. En una reciente visita a Perú, muchos colegas coincidían en señalar que el crecimiento chorreaba muy poco hacía abajo, y hacía falta más chorreo. La falta de chorreo en Perú es una metáfora del por qué es tan difícil sostener períodos duraderos de crecimiento económico en América del Sur.
Regresemos a los gobiernos populistas, todos ellos elegidos democráticamente (Chávez, incluso reelegido). Es probable que la experiencia venezolana acabe mal, cuando deje de ser financiable por el precio del petróleo. Pero lo relevante es el gran activo electoral de Chávez: una gran parte de la población percibe que - por primera vez en décadas- también le llegan los beneficios del petróleo. Es decir, hay chorreo. Y los venezolanos más modestos se comportan como predicen los modelos: votando estrictamente por sus intereses.
El asunto es serio, pues es importante que América del Sur mantenga crecimientos económicos prolongados. Pero la ausencia de sistemas fiscales modernos, capaces de generar recursos para financiar las políticas que cohesionan a la sociedad - como las educativas y las sanitarias-, es un lastre para la estabilidad política, lo que dificulta mantener políticas económicas sanas. Los sectores con poder económico y político pueden mantener sus impuestos bajos, pero al coste de la estabilidad política y social. Sería pues buena idea que las instituciones internacionales (Banco Mundial FMI) exigieran la instauración de sistemas fiscales modernos en América Latina para el acceso a sus programas de apoyo y financiación, porque sin chorreo no hay estabilidad.
GERMÀ BEL, catedrático de Economía Aplicada (UB).

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