RECTA FINAL DE UNA PRESIDENCIA EN EE.UU.

Karl Rove, principal asesor del presidente, pone fin a 30 años de cooperación

Era el "cerebro de Bush", según el periodista James Moore; "el arquitecto" y "genio" del poder absoluto republicano entre el 2001 y el 2006, según el mismo George W. Bush, y un "mito", según su propio calificativo en una entrevista publicada ayer en The Wall Street Journal.

Pero Karl Rove, el poderoso y maquiavélico asesor de Bush, autor del asalto al poder del presidente iniciado en Texas hace casi 30 años, abandonará a fin de mes un barco presidencial que, según todos los indicios, no sólo hace agua, sino que se encuentra en pleno hundimiento.

Rove anunció ayer en la misma entrevista que renunciará su puesto de asesor principal del presidente y vicejefe de gabinete el 31 de agosto, citando un deseo de pasar más tiempo con su mujer y su hijo. Pero el verdadero motivo de la retirada del arquitecto de tres victorias de Bush - a gobernador de Texas en 1996, y a presidente de Estados Unidos en el 2000 y el 2004- es el desastre electoral republicano de noviembre del 2006 y el colapso del apoyo del presidente que viene intensificándose desde el 2005. Es posible que Rove también quiera minimizar el impacto sobre la Casa Blanca de pendientes citaciones en las investigaciones en el Congreso sobre el despido de fiscales en varios estados relacionado con operaciones de ingeniería electoral de Rove.

Cualquiera que sea el motivo inmediato, la marcha de Rove se incorporará a los libros de historia como el fin simbólico del auge y caída de la presidencia de Bush. El presidente lo dejó entrever ayer al anunciar la renuncia: "Karl Rove se va por el camino y, dentro de poco, yo le seguiré por el mismo camino", dijo con resignación casi biblica. No se sabe si junto con Bush y Rove se irán por el mismo camino el proyecto histórico de Rove y del feudo texano del Partido Republicano de buscar mayorías duraderas no en el centro del espectro político, como se había hecho en el pasado, sino mediante la movilización de la base conservadora del partido.

La inversión de la suerte de Rove es espectacular. Tras la victoria de Bush en las presidenciales de noviembre del 2004, emergió como un gurú con poderes casi sobrenaturales. Supuestamente, había aprovechado su pasado en el negocio de marketing directo y venta por catálogo para identificar en estados decisivos como Ohio los segmentos del electorado - notablemente cristianos evangélicos- que podían ser movilizados en torno a temas concretos como el aborto. La victoria de Bush en el 2004 - pese al ya evidente pantanal en Iraq- pareció confirmar que esa estrategia - en tándem con la modificación de distritos electorales impulsados por Rove- garantizaría el poder para los republicanos ad infinitum. "Rove no sólo ha fijado en cemento su fama de ser el gurú de campaña más astuto de una generación, sino también (…) para cumplir con su objetivo a largo plazo de crear una amplia mayoría republicana para la próxima generación", advirtió The New York Times el día después de las elecciones.

Solamente tres años después, este análisis ha quedado hecho añicos. Tal es el desplome del apoyo republicano que David Brooks, el comentarista neocon,prevé que la derecha "se alejará del poder durante más de diez años". La humillación de Rove no es menos espectacular que la de otro estrecho colaborador de Bush conocido por su astucia y prepotencia, Donald Rumsfeld, que dimitió inmediatamente después de las elecciones de noviembre del 2006.

Rove - de 56 años- dijo en su entrevista en The Wall Street Journal que sabía que la gente le acusaría de haberse marchado para evitar las investigaciones del Congreso sobre su papel en diversas irregularidades, pero añadió con la furia de quien ha perdido el poder absoluto: "No decidiré si quedarme o marcharme para dar gusto al populacho".

Insistió en que había aplazado su dimisión hasta que hubiera acabado la última fase de la guerra en Iraq - el envio provisional de más soldados-, para que "Iraq sea un lugar mejor" y "Bush recupere su popularidad", dijo. Pero hasta los comentaristas republicanos reconocen que la caída de Rove - al igual que la de Rumsfeld y un goteo constante de secretarios y asesores de la Administración que han renunciado en los últimos meses- es el resultado de la debacle de Estados Unidos en Iraq.