RUTINAS DE VERANO

EN ESPAÑA HAY UNA TRADICION QUE JAMAS SE HA PERDIDO: LA CANCION DEL VERANO. ESO NOS PERMITE SEGUIR SIENDO EL PAIS MAS HORTERA DEL CONTINENTE. ES UNA LASTIMA QUE CREACIONES TAN RISIBLES Y TAN POCO AMBICIOSAS MUSiCALMENTE NOS COLONICEN
XAVIER MARCE

Desde que entramos en Europa los españoles nos empeñamos en domesticar los veranos en una lamentable competición con nuestros socios nórdicos. Ya se sabe que a los escandinavos o a los alemanes la naturaleza les ha castigado con un clima hostil que favorece la construcción de fantásticas bibliotecas y los hace extraordinariamente dotados para la filosofía, la música clásica o el ballet contemporáneo, pero en cambio los inhabilita para tomar el sol sin convertirse en una tostada, beber sangría sin ponerse pesados o alargar las sobremesas hasta la hora de cenar.

Antes el país cerraba por vacaciones y ahora ese abandono total de cualquier responsabilidad pública o privada apenas se mantiene un par de semanas a mediados de agosto. Pero aunque técnicamente cumplamos con nuestros compromisos laborales y cada día nos volvamos más aburridos, hay una tradición que se mantiene viva, para alegría o sonrojo del nativo (eso depende de lo muy viajado que sea cada uno), que nos permite seguir siendo el país más hortera de la comunidad.

A partir de junio y hasta muy entrado septiembre las televisiones nos ofrecen refrescantes shows musicales desde Lloret, la Manga del Mar Menor o Benidorm, las ciudades se llenan de carpas y terrazas, se impone la siesta como la única terapia contra el calor, cada noche nos vamos de Fiesta Mayor y en todas partes se baila al ritmo de la canción del verano.

La canción del verano ha generado grandes momentos de gloria nacional, incluso éxitos internacionales que realzan el sentir patrio. Recuerdo a mediados de los 70 aquella incontestable canción de Manolo Escobar que se llamaba «Y viva España», con la que los emigrantes españoles tuvieron por primera vez la sensación de conquistar el corazón sonoro de los centroeuropeos. Veinte años después en la Casa Blanca sonaba la Macarena, música que igual influyó en el idilio que vivieron Bush y Aznar y animó a tan ilustres estrategas a arreglar los problemas del mundo.Pero la canción del verano siempre ha sido una cuestión local, véanse si no algunos hitos de la composición como Eva María, Canta y sé feliz, Qué pasa contigo tío o el muy estupefaciente Baile de los pajaritos.

En los últimos años la creatividad local parece estar en crisis y por eso hemos puesto a trabajar a nuestros artistas en laboratorios de investigación y desarrollo tan imponentes como Factor X. De ahí ha surgido ese prototipo de nueva canción del verano que se llama Ponte el Cinturón que promete ser más versionada que el Satisfaction de los Rolling Stones. La falta de cintura creativa de nuestros artistas comporta adoptar como propias canciones tan golosas como Microfonía, de una tal Tata Golosa, que inevitablemente me vuelve sensible hacia ciertos tipos de xenofobia cultural.Es una lástima que creaciones tan risibles nos colonicen, especialmente si tenemos en cuenta que para escribir la canción del verano no hace falta una gran ambición musical; con una letra cortita y muy repetida, y una tonada propia de máquina tragaperras va que chuta. En caso de duda se recomienda hacer la prueba del algodón; es decir, ponerla a ritmo de tómbola y observar atentamente si aguanta el oído crítico de un feriante veraniego. El nos dirá si estamos o no delante de un éxito.

La canción del verano no sabe de fronteras lingüísticas ni debates nacionalistas, de tal modo que es probable ver a cualquier joven maulet bailando desaforadamente al ritmo del Aserejé, siempre que se encuentre de vacaciones y fuera del ambiente doctrinal. Una lástima que no tengamos el ranking de la canción del verano en catalán, porque capacidad no nos falta, y si no pensemos en los Juegos Olímpicos que hicieron tan famosas aquellas rumbitas de los Manolos o la canción que Peret le dedicó a Barcelona en la ceremonia de clausura.

En Francia, que son más serios, la canción del verano cumple siempre con los requisitos de la Francophonie, algo así como un Ne me quitte pas, morena cantada, eso sí, por un muy poco afrancesado Yuri Buenaventura. Tiempos vendrán que a Raimon lo cantarán con una cumbia o bailaremos a Llac al morboso ritmo del merengue.

La canción del verano es un gran negocio; tal como está el patio, la discográfica puede hincharse a ganar dinero de los derechos editoriales sin que absolutamente nadie haya comprado un solo disco. En eso consiste el marketing musical del verano; en que todo el mundo la cante sin que nadie se dé por enterado, y sobre todo sin que a nadie lo pillen con un CD en la mano.

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