La actitud de la Administración Bush hacia los divididos territorios palestinos constituye una invitación al desastre. Al favorecer a los buenos de Al Fatah contra los malos de Hamas, deja que una baza ideológica disfuncional trunque una buena oportunidad para hacer progresar a los palestinos y extender la búsqueda de la paz con Israel. No puede haber paz con un gobierno palestino que excluya a Hamas. Enumeramos algunas medidas concretas que puede tomar el presidente Bush en los próximos meses para corregir el rumbo presente:

1. Anunciar que respalda el diálogo entre Hamas y Al Fatah para restablecer un gobierno unitario y abrir con discreción contactos diplomáticos con Hamas.

2. En cooperación con sus socios del Cuarteto (la Unión Europea, Rusia y las Naciones Unidas), convocar una conferencia de paz basada en el compromiso de Estados Unidos de apoyar una solución biestatal.

¿Cómo ha llegado Estados Unidos a meterse en el actual aprieto? En enero del 2006, los palestinos de los territorios ocupados de Cisjordania y Gaza fueron a las urnas. Era la primera vez que votaban en diez años y, contrariados por la corrupción y la arrogancia de la Autoridad Palestina, optaron por Hamas, una organización descrita en Occidente por muchos como terrorista. La Administración Bush, desconcertada por esta victoria legítima, se vio entre la espada y la pared. Si aceptaba el resultado, permitía que un grupo que había lanzado ataques terroristas contra Israel ocupara el poder. Pero rechazarlo constituía un acto de hipocresía, puesto que EE. UU. había dado un fuerte respaldo a la convocatoria de elecciones.

Algunos diplomáticos experimentados exhortaron a tomar una postura intermedia: trabajar con Hamas y fomentar un diálogo pragmático con Israel. Sin embargo, EE. UU. la desechó. En lugar de ello, hizo campaña para aislar el nuevo Gobierno de Hamas y socavar sus finanzas, mientras se esforzaba en secreto para derrocarlo. Semejante política provocó la burla del mundo árabe respecto a las aserciones de EE. UU. de que promovía la democracia. Y corroboró las proclamas de los islamistas radicales sobre que la democracia era una farsa.

Hamas suspendió de hecho sus ataques suicidas después de la victoria política del 2006, pese a su historia de actos terroristas antiisraelíes. Paradójicamente, grupos afiliados a Al Fatah han reivindicado en tiempos recientes un mayor número de víctimas israelíes que Hamas. Poco después de las elecciones, Hamas intentó formar un amplio gobierno de coalición. Políticos independientes de la organización y favorables a una solución biestatal consideraron incorporarse a un gobierno unitario.

No obstante, fueron objeto de advertencias en sentido contrario por parte de EE. UU., que orquestó a continuación un boicot político y económico contra el Gobierno y el pueblo palestinos. Por su parte, Israel confiscó los impuestos y las tasas que recaudaba en nombre de la Autoridad Palestina con el fin de vaciar las arcas del Gobierno de Hamas.

Estas decisiones agravaron el padecimiento del pueblo palestino. Según las Naciones Unidas, una familia de cuatro miembros debe de ganar al menos dos dólares al día para estar por encima del umbral de pobreza. A causa del boicot orquestado por EE. UU., el número de personas que vivían bajo el umbral de pobreza en la franja de Gaza se incrementó de un porcentaje ya muy alto, del 65% al 80%. En Cisjordania, el porcentaje aumentó de manera parecida, del 30 al 55%. La Casa Blanca ha reaccionado ante la conquista de la franja de Gaza por parte de Hamas con un conveniente respaldo a lo que queda del Gobierno palestino bajo la dirección del presidente, Mahmud Abas. Mientras tanto, las realidades que definen la vida de los palestinos de Cisjordania y la franja de Gaza bajo la ocupación israelí son el desposeimiento y la humillación.

Pese a la peligrosa división entre la franja de Gaza y Cisjordania, es improbable que los palestinos renuncien a su anhelo de obtener un Estado cuya capital sea la Jerusalén oriental. Los votantes de Hamas apoyan por abrumadora mayoría una solución biestatal y los dirigentes de Hamas han declarado que cumplirían cualquier acuerdo ratificado por un referéndum popular. Hamas ha propuesto una suspensión duradera de las hostilidades con Israel, aunque ambas partes deben demostrar una voluntad real de poner fin a los respectivos ataques; sigue reconociendo la legitimidad del presidente Mahmud Abas y pide que se reanude la cooperación con Al Fatah.

¿Pueden beneficiarse realmente EE. UU. o Israel del apoyo a un gobierno palestino fracturado, que necesita poderes dictatoriales para sobrevivir? El éxito electoral y militar de Hamas fue un veredicto sobre el fracaso de la vieja guardia de Al Fatah. Una política más acertada trabajaría para ensanchar el margen de posibilidades de la política palestina y no bendeciría una administración de Al Fatah que se está convirtiendo con celeridad en un instrumento útil de intereses israelíes y estadounidenses.

A. R. NORTON, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Boston. SARA ROY, investigadora del Centro de Estudios de Oriente Medio de la Universidad de Harvard. © Augustus Richard Norton y Sara Roy The Christian Science Monitor Traducción: Albert Freixa.