El país está que trina y no son los pájaros, de Màrius Carol en La Vanguardia
EL MIRADOR DE LA CERDANYA
The Ivy es un restaurante casi centenario de Covent Garden, donde en la carta advierten a los clientes: "no mobiles, no photos, no guns" (ni móviles, ni fotografías, ni pistolas). Ni el sonido de los teléfonos, ni el fogonazo de las cámaras, ni el estruendo de los disparos favorece la conversación o las digestiones, así que los propietarios de este elegante local no los aceptan en sus salones.
Y palabra que quien incumple recibe la visita de los camareros para advertirle seriamente.
Los alcaldes de la Cerdanya deberían en agosto en sus municipios colocar un aviso parecido al de los restauradores, pero en estos términos: "no motocicletas, no cortacésped, no motosierras". El personal se va de vacaciones intentando saber los sonidos del silencio y acaba escuchando los tubos de escape de los adolescentes que debutan sobre las motos, el motor constante de las cortadoras de hierba y el traqueteo de las sierras eléctricas en los setos. En los ochenta, en Meranges un hotelero despertaba a la clientela con un disco en el que se oía el trinar de los pájaros, el mugir de las vacas o el tañer de las campanas, porque pensaba que la naturaleza le ponía poca ambientación al entorno. Los munícipes ceretanos deberían rescatar aquel CD con sus sones campestres para que los veraneantes recordáramos en las casas, con las ventanas cerradas para evitar la contaminación motorizada del campo, lo que un día lejano se podía oír en el monte.
En cualquier caso, en Barcelona y sus cercanías lo que se oye no son ni los tubos de escape de las motos, ni el trinar enlatado de las aves, sino la protesta creciente de los ciudadanos, por mucho presidente que venga, por mucha ministra que se pasee como alma que se la lleva el diablo y por mucho directivo de Renfe o del aeropuerto que ponga la cara. Pasan las semanas y el desastre de las infraestructuras no se difumina. Es por eso que la frase que más ha impresionado en este valle pirenaico es la de Joaquim Nadal, quien por cierto ha pasado por Alp, cuando en un alarde de ingenio (o puede que de impotencia) declaró ante la prensa: a estas infraestructuras habrá que darles un buen meneo. Yo creo que este país nuestro necesita un buen meneo, así que cuidado con lo que se dice porque se empieza dándole un buen meneo a una ministra de Madrid y puede que el personal le encuentre el gusto a dar meneos sin tener que ir tan lejos.
De todos modos, estaría bien empezar por la ministra del ramo, esta dama vista y no vista en su visita a las obras de la estación de Sants, el pasado martes. Fue una visita relámpago en un día de tormentas y de más problemas en los trenes de cercanías, de tal modo que la titular de Fomento pareció el ama de casa del anuncio el Wipp Express, que pasa el mocho a la velocidad del correcaminos. El martes comparecerá Magdalena Álvarez en la diputación permanente del Congreso después del caos que no cesa del servicio de cercanías y puede encontrarse con que la totalidad de los grupos políticos, con la excepción socialista, le den un buen meneo. Zapatero, que de forma imprescindible cuenta para ganar estas elecciones con el tradicional granero catalán de votos, no debería dejar pasar la ocasión y apuntarse a la estrategia del buen meneo a la ministra, si no quiere tener un disgusto en marzo, que es tiempo traicionero como saben las gentes del campo, no sólo los ceretanos.
Aunque seguramente también se merece un buen meneo Manuel Benegas, director de infraestructuras del Adif, quien durante la visita declaró: "Sólo estamos aplicando el plan de obras firmado en el 2002 por Francisco Álvarez-Cascos, Felip Puig y Joan Clos", que era una manera de repartir culpas entre el PP, CiU y el PSC. Este caballero se olvida de que ha dispuesto de casi cuatro años para mejorar un plan manifiestamente mejorable, sin que la capacidad de reacción de su departamento se haya visto por ninguna parte. Así que ni está legitimado para pedir paciencia a los usuarios, ni tampoco para buscar responsabilidades en el baúl de los recuerdos. Ni mucho menos para apuntarse a la coña de que un día los trenes de los catalanes serán la admiración del mundo.
Y necesita también un buen meneo el discurso del PSC. El secretario de organización de los socialistas catalanes, José Zaragoza, tiene unas vacaciones más interrumpidas que el propio servicio de cercanías. Zaragoza aplaudió que la ministra diera la cara (fue tan corta y a la carrera su presencia que la cara a lo sumo sólo la dio de perfil), insistió en que la falta de inversiones es el resultado de una situación heredada (pero cuando menos debería reconocer que la mala gestión del caos sólo es atribuible a los herederos) y se mostró satisfecho de que Magdalena Álvarez haya puesto fecha a este interminable calvario que viven los usuarios
(de tal modo que hizo que recordáramos la frase de Josep Pla de que "es más fácil creer que saber"). El político socialista debe tener ganas de darle un buen meneo a la situación (quizás también a la ministra aunque los secretarios de organización son por definición gente que no se sale del guión) para poder acabar con este veraneus interruptus en el que se está convirtiendo su mes de agosto.
Mientras escribo estas líneas, el jardinero de la urbanización vecina ha vuelto a dar la tabarra con el cortacésped y me han entrado ganas de darle un buen meneo. Mi electricista rumano que anda liado con un cortocircuito que hace que salten los plomos, me dice que Rumanía sí que necesita un buen meneo, que allí los trenes todavía funcionan peor, "pero no mucho peor porque eso sería imposible". Y en estas el niñato de la moto de trial ha pegado un acelerón que ha hecho que le temblara la voz a Carla Bruni en el equipo de música. Cuando acabe el artículo, este Pedrosa de bolsillo sí que se va a llevar un buen meneo.
