La Coctelera

Reggio

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11 Agosto 2007

Libros o películas, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Antes o después de las actividades habituales del veraneo, suelen poner los días a nuestra disposición un cierto número de horas muertas, para el reposo del cuerpo y la mente, que cada cual llena a su modo.

Por ejemplo, conversando en familia o entre amigos mucho más que el resto del año. O bien jugando a cartas. Oal dominó. O acudiendo en tropel a los restaurantes. También están los viajes, tan atractivos en la perspectiva pero a menudo menos gratificantes de lo prometido. Por lo menos sirven, los viajes, para romper esa monotonía del tiempo y del espacio. Centrémonos sin embargo, en esas jornadas que se suceden, unas iguales a las otras con las mínimas variaciones, a no ser que la meteorología imponga su ley, como en esta semana tan brumosa y en tantas partes poco soleada. Más a favor del presente artículo, pues cuando el tiempo se dedica a lo contrario de acompañar es cuando más posibilidades deberíamos tener de abrir un libro o bien de ojear la programación televisiva en busca de películas con tres estrellas, ya que las de cuatro acostumbran a ser clásicas, lo cual es sinónimo de lentitud, y para la mayoría de aburrimiento. Alternativamente se puede repasar el arsenal de filmes gravados, por si hubiera alguno aún sin ver, o que apeteciera volver a visitar.

¿Un libro, una peli? Vaya dilema. ¿Cómo resolverlo? No una cosa después de la otra, porque luego sale al encuentro un imprevisto quehacer: un telefonazo proponiendo planes inmediatos; la visita inoportuna o el encuentro fortuito con tal o cual que nos saca de cavilaciones porque nos conduce a la terraza de un bar. Hay que decidirse, y después no dudar un solo instante de que era la mejor opción. El libro tiene la ventaja de que puede dejarse en el momento que se desee; hasta puede que entre un poco de modorra y nos procure, el libro, ocasión para un par de cabezadas con el volumen abierto sobre el pecho y las manos cruzadas sobre el abdomen. Es aconsejable, en cambio, ver entera una película, pues para eso han sido pensadas y fabricadas, para ser tragadas de una sola vez, a poder ser sin interrupciones publicitarias. Mejor si están en DVD, ya que así podremos hacer alguna pausa -las mínimas- según si aprieta alguna necesidad.

Ahora bien, a igualdad de condicionantes o circunstancias, ¿cuál es la mejor opción? La cuestión es pasar un rato entretenidos, sin pensar ni profundizar. Si de exprimir neuronas se tratara, entonces no habría duda, pues las películas, incluso las más sesudas o de tesis, supongamos alguno de los mejores Bergman, van sucediendo, escena tras escena, según su propio ritmo, de modo que por mucho que cuitemos a interpretar lo que se ve y se dice, nunca acabaremos de completar los entresijos del contenido, pues antes de que sea posible adentrarse lo suficiente en una escena, ya estamos en la siguiente, y así hasta el final. El cine, al contrario de la literatura o la filosofía, conlleva siempre ingredientes hipnotizantes, movimientos de la cámara, cambios de plano, música que pauta el estado emocional del receptor, a los cuales es imposible sustraerse. Pero, desaconsejado todo esfuerzo mental, pues de eso se trata en vacaciones, las cosas están bastante más equilibradas.

Supongamos ahora que nos encantan las novelas y las películas de aventuras, y que disponemos de la película Master and comander,así como de la novela de O´Brian en la que se basa. En una mano el libro, en la otra el DVD. El sofá, impaciente, reclama una decisión inmediata. Le echamos una ojeada en busca de ayuda, pero lo único que nos indica es que se pirra por acoger nuestro cuerpo entre sus mullidos cojines. Así que urge tomar una decisión. Allá cada cual, pero si de veras pretenden desconectar y pasar un buen rato, una película es más relajada, menos exigente e incluso más entretenida. Además de que dura mucho menos y llegamos al final como quien dice en un santiamén. El tiempo se ha suspendido, que es de lo que se trataba.

Además de las mencionadas, el libro cuenta con la ventaja de ser autosuficiente. Entendámonos, le falta un complemento llamado lector. Pero nada más. No consume electricidad ni exige aparatos, como no sean las gafas en caso de usarlas (el lector, no el libro). Parece algo absurdo pero es bastante usual que una pantalla exhiba una película sin que nadie le preste atención. Sola va, e indiferente. No se ve a ella misma pero le da igual, y sigue. Tal vez sea una limitación, pero es muy cierto que el libro no puede leerse solo. Ni siquiera pasar las páginas por sí mismo, como el DVD va pasando las escenas.

Lo ideal, si conclusión fuera imprescindible, sería leer a ratos perdidos, en especial por las mañanas y en cualquier lugar, reservando las películas para el sofá de casa, o la cómoda butaca del salón, lo mismo da a media tarde que después de cenar (a condición de que la cena no sea opípara). Apuesto a que, por una vez, estamos de acuerdo. Y si no, pues lean lo que les plazca, incluso en el sofá.

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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