TESTIGO IMPERTINENTE

Calvo se dejó llevar por un arrebato de incontinencia verbal y arremetió contra quienes hemos hablado de su vida privada

¿Se avergüenza de reconocer que su novio es policía?

Sarah Ferguson y el príncipe Andrés pacen en Sotogrande, juntos pero no necesariamente revueltos

Las mujeres del franquismo se liaban con los chóferes. Las de la democracia, con los seguratas. Tengo ejemplos de los dos casos. En cuanto al primero, pienso en la esposa de un altísimo cargo cuyo nombre silencio porque se puede revolver en la tumba y mandarme unos matones (o lo que es peor, presentarse a la orilla de mi cama y hacerme cosquillas en los pies: casi es peor morir de un susto que de un tiro). Con los muertos no quiero tratos. Y con las esposas muertas de los muertos, menos.

Respecto al segundo caso, mi conciencia me autoriza a dar su nombre. Primero, porque está viva. Segundo, porque es una vivales. Y tercero, por defensa personal. Me refiero a Carmen Calvo, que fue, al menos hasta el día de su cese, novia de Julián, el madero que le vigiló las espaldas cuando llegó al Ministerio de Cultura.

La ex ministra es mona y espabilada, pero un poco bocazas. El otro día declaró en una entrevista que «no tenía novio ni pensaba casarse». Calvo se dejó llevar por un arrebato de incontinencia verbal y como está de moda desmentir a los periodistas, arremetió contra quienes hemos hablado de su vida privada. Nuestra osadía merecía un correctivo. Carmen bla, bla debía de llevar varios días contenida en el silencio porque se dedicó a negarlo todo. Si se descuida, niega también el principio de Arquímedes. No es que los periodistas seamos susceptibles (que también), pero yo había destapado el noviazgo de la ex ministra y me sentí desagradablemente aludida. Se pasó.

Carmen Calvo no sólo me contradice a mí. También a sí misma. Niega a Julián una vez (le faltan dos para ser como San Pedro, otro que largaba lo suyo). Si Julián no es ni su novio, ¿qué es? ¿El perrito que le ladra? ¿O será que se avergüenza de reconocer que su novio es policía? ¿Así andamos? ¿También se avergüenza Carmen de haberle pedido a una persona del Gobierno que cambiara a Julián de plaza para así proteger su intimidad?

La ex ministra declara, entre otras cosas: «Es indignante que se inventen historias a mi costa. Podía haber ido tranquilamente con un señor a un acto público porque no tengo nada que ocultar, pero es que no tengo novio. No soy nada de amores ni de novios, lo único que hago es trabajar». A partir de semejante declaración, no creo que la ex de Cultura se atreva a decir que los periodistas mentimos más que los políticos. Ella nos gana.

Carmen bla bla miente, salvo que su disgusto por el cese (menudo berrinche se pegó) la llevara a desquitarse cesando a Julián en su corazón y por eso va diciendo digo donde dijo Diego. Las cosas han cambiado para Carmen en la vicepresidencia del Congreso, su nuevo cargo. Y pueden cambiar más. Ahora ella está expuesta en el altar mayor de la democracia, de cara al público, como los curas en misa. La han llevado allí para que no hable. Con un poco de suerte, a lo mejor la terapia hace efecto y antes de las elecciones la vemos hablando por señas y callando por sonrisas.

Muchas mujeres han abierto la veda de los novios jóvenes. Carmen Calvo y Obregón son dos ejemplos muy vistosos. También Carmen Martínez-Bordiú, aunque José Campos no sea comparable a Darek, ni en edad ni en musculatura. En lo demás no se sabe, si bien una ex amante del stripper ha puesto en evidencia las cualidades amatorias del polaco al calificarlas con un aprobado raspadito. Las amantes despechadas siempre apuntan en la misma dirección.

Notas en la moleskine: Sarah Ferguson y el príncipe Andrés pacen en Sotogrande, juntos pero no necesariamente revueltos (en inglés también se dice: «un día es un día»). Por exigencias del guión familiar, Andrés y Sarah se han mostrado en pareja y con sus hijas. También están juntos, y supongo yo que revueltísimos, Gunilla y su galán escoba, Luis Ortiz, que la otra noche se zampaban un perrito caliente a la salida del concierto de Liza Minnelli. Cómo han cambiado los tiempos. Antes, después de los conciertos, a las celebridades les abrían las puertas de los mejores restaurantes para cenar a las tres de la madrugada. Ahora se impone la austeridad. Un bocata y fuera: a la cama.

La placidez es síntoma de edad. No sólo Gunilla y Luis (casados, divorciados y reunidos de nuevo) cultivan la filosofía del hogar dulce hogar. Phillipe Junot y Nina, que tarifaron hace tiempo, pasean en confortable y mutua compañía por Marbella. Mejor que un mal matrimonio es un buen divorcio.

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