Es una novela. Romántica, por supuesto. En el sentido más preciso de la palabra "romántico", claro; nada que ver con lo "rosa", y que me perdonen los de XEGA.

Durante meses, su esposa, sus hijos, su familia angustiada, incluso gente próxima a su confesor, el Padre Nalina, me fueron dando instrucciones que seguí al pie de la letra, sin intentar en ningún momento salir del terreno de juego que marcaba el autor.

Me gustó el reto. Me importaba un carajo la sensación intensísima de encontrarme ante una simulación de la máxima calidad.

Sólo respondí a los mensajes que parecían pedir respuesta. A los demás no. Siempre manifesté a sus personajes, mi respeto y mi cariño. El experimento me gustaba, aunque con el cura se pasó siete pueblos. Sardi lo cazó al principio, y como buen cristiano se escandalizó.

I,M&M, uno de sus más rendidos admiradores, tuvo un tiempo la mosca detrás de la oreja.

A nadie trasladé ningún dato ni especulación, ni siquiera comenté los variadísimos personajes de la vida política y social del Principado que se interesaron, con más o menos pasión, por tener algún dato sobre el protagonista de esta trágica historia.

¿Es éste, ése o aquél? Qué más da. Siempre tuve mi opinión al respecto, pero como administrador de El Comentario me gustó seguirle el juego, aunque a veces me intranquilizó un poco su fría capacidad de elucubrar con tanta virtualidad.

Estoy acostumbrado a las historias duras y ésta tenía todos los requisitos para ser de las mejores. En un primer momento entró por la vía del conflicto de Cajastur, simulando formar parte de la institución, de la que se alejó a toda velocidad, según esa confrontación se fue desinchando.

Quien quiera que sea el Fontanero en Paro, consiguió hacer temblar ciertas estructuras. Unos cuantos miles de asturianos que consultan un "Blog" a diario, como me dicen quienes desde la política me hablan de esto, que "zapean" -nuestro acumulado mensual de "zapping", que son unas cuantas decenas de miles de personas al final-, vieron un lenguaje cautivador para una imagen del político, distante y muy distinta del profesional que todo el mundo rechaza.

El Fontanero en Paro era la contraimagen de Fernando Lastra o Javier Fernández, que matan sin pensárselo dos veces. Él parecía humano y daba la impresión de que podía hacer algo, cambiar algo, protagonizar un movimiento real.

¿Se imaginan ustedes la intranquilidad que supondría para la gente poderosa, que personajes como el F. P. se decidieran a cobrar existencia en la vida de fuera del ordenador?

Ahí vendría el pánico, los miedos, el terror a la realidad. Nadie, o casi nadie, se atreve a hablar así, con esa naturalidad, de tú a tú, con los poderes fácticos.

Protegido dentro de la red se puede hablar sin miedo. Afuera esperan las mafias con su dureza para disuadir a todo el que no sea un delincuente de lo público.

Agradezco al creador de el Fontanero en Paro su ejercicio de creatividad y la sublimación de una personalidad atractiva que ha sido capaz de elaborar en la soledad de su ordenador, creando toda una trama de coordenadas de una realidad ficticia sobre la que asentar su relato.

En Candamo ya hicieron todas las comprobaciones oportunas. El personaje del Fontanero en Paro se va, y nosotos nos quedamos aquí, recordando que hemos vivido una historia mágica.

¡Qué gran literato se oculta en algún rincón de Oviedo, que ha sido capaz de crear una pequeña obra maestra que nos recuerda la experiencia de H. G. Wells en la radio! ¡En pequeñito, eso sí. ¡Cómo es Oviedo! ¡Cómo es Asturias!

Una "Guerra de los Mundos" a la asturiana y sin marcianos, que extraterrestres ya tenemos bastantes.

¿Por qué te suicidaste Fontanero en Paro? ¿Estabas acosado ya por tu propia creación?

Cuando él mismo, el "técnico en cañerías", anunció la proximidad de su muerte, con la crónica de la grevedad de sus dolencias manifestada a través de su delicada y maravillosa parentela, que dialogaban con el editor de El comentario TV utilizando discretamente el correo del cabeza de familia, Barbie me dijo lacónica: "lo está matando". Recuerdo haberle contestado con melancolía: "sí, lo mata"...

Y lo mató. Un final digno de Goethe. Sin duda...

Oviedo, Juan Vega
10/08/2007 20:34h