En las últimas semanas se ha desencadenado el debate sobre la conveniencia o no de la gestión privada de parte del Fondo de Reserva de la Seguridad Social, que alcanzará este año 50.000 millones de euros y superará antes del final del ejercicio el volumen de todo el sector de los fondos de pensiones españoles privados.

En este debate, el Gobierno promueve la inversión en empresas y la oposición considera más acertado mantener las inversiones íntegramente en renta fija.

La situación de estos fondos en otros países es bien distinta. Muchos de ellos invierten desde hace años cifras significativamente elevadas en los mercados financieros, alcanzando adecuadas rentabilidades y gestionando riesgos limitados. La mayor parte ha optado por invertir fracciones significativas en acciones de empresas nacionales e internacionales. ¿Por qué? La inversión a largo plazo en acciones de empresas, especialmente de las cotizadas, obtiene una rentabilidad superior a la de la renta fija a medio y largo plazo.

Varios estudios cifrado han calculado este diferencial y habitualmente se cifra en un 3% la remuneración adicional que obtienen los mercados de renta variable respecto de sus homólogos de renta fija pública. Por tanto, si de los 50.000 millones de euros invirtiéramos un 20% en renta variable y el resto en renta fija, obtendríamos unas ganancias para el Fondo de Reserva de 300 millones de euros anuales. No es mucho, pero sí implica añadir al ahorro público un 0,1% del PIB, en pocos años.

Bajas probabilidades de pérdidas

Desde el punto de vista macroeconómico, la medida resulta entonces claramente aconsejable. Pero invertir en acciones implica riesgos que no contempla la renta fija. ¿Qué ocurrirá si un año el Fondo de Reserva registra minusvalías? Aunque no existe una única respuesta, debemos considerar que es improbable que invirtiendo adecuadamente un 20% de un patrimonio en acciones diversificadas se pierda dinero. Veamos unos números sencillos pero clarificadores.

Invirtiendo el 80% en renta fija, se puede obtener una rentabilidad próxima al 4% exclusivamente de esta parte. Para que el conjunto del patrimonio del Fondo de Reserva contabilice pérdidas, lo invertido en renta variable debería obtener unas minusvalías del 20%, aproximadamente. O lo que es lo mismo, una crisis financiera bursátil tan grave como infrecuente.

Obviamente, nunca podemos descartar una crisis, igual que tampoco descartamos un accidente de automóvil. Sin embargo, muy pocos dejan de usar su coche por esa causa. Por eso es conveniente una discusión parlamentaria sosegada a la hora de decidir hasta cuánto se ha de invertir en renta variable con el dinero de todos.

Desde hace muchos años los fondos de pensiones más sensatos utilizan sistemas que nivelan la transición de renta fija a renta variable e invierten muy gradualmente en acciones. Son los sistemas para evitar pérdidas en sus fases iniciales (EPFI), que diversifican riesgos. Conforme se van obteniendo resultados positivos, se amplía inversión en renta variable para que la transición permita cosechar ganancias y evitar pérdidas. Así se alejan los fantasmas de las pérdidas económicas durante esta fase.

En definitiva, la gestión financiera del Fondo de Reserva de la Seguridad Social puede y debe incluir la inversión en activos de renta variable, de forma segura y gradual para posibilitar la mejora de nuestro sistema público de pensiones. Invertir con un poco de riesgo facilitará que el Fondo de Reserva crezca más deprisa y se capitalice durante más años. Por el bien de todos.

Manuel Álvarez. Director de Particulares Vida y Pensiones de Caser.