Cientos de franceses, británicos y portugueses entran cada día en España para comprar tabaco y alcohol, o llenar sus depósitos. Al tradicional turismo de sol y playa, se suma el de ‘cartones y botellas’ debido a su baja fiscalidad.
Playas, hoteles y campings no son los únicos que perciben la afluencia masiva de extranjeros durante el período estival. Los estancos, los supermercados y las gasolineras próximas a las fronteras españolas también se benefician de la llegada de miles de turistas procedentes de los países vecinos.
Sólo que, en este caso, el seductor precio del tabaco, el alcohol y el combustible sustituye al tradicional sol y playa, como principal atractivo turístico nacional. Y ello gracias a que tales productos presentan una estructura impositiva más favorable, en comparación con el resto de la UE.
La reciente subida en el precio de las labores del tabaco aplicada por el Gobierno francés, que ha encarecido las cajetillas una media del 6% –el principal incremento desde 2004–, beneficiará a medio plazo a los estancos de las provincias limítrofes con el país vecino, según las Asociaciones de Estanqueros de España, en un contexto en el que los galos ya se aglutinan en los estancos de territorios como Girona. Y es que, de media, el tabaco en Francia cuesta el doble que en el mercado nacional –en Gran Bretaña se multiplica por 3,2 veces–.
Así, el precio de una cajetilla de Fortuna es ahora de 4,8 euros en el territorio francés frente a los 2,4 de España, tras la última subida de Altadis. En el mercado nacional, el tabaco está sometido a un impuesto específico de 8,2 euros por cada mil cigarrillos, muy inferior a los 15 de Francia o los 160,3 euros de Gran Bretaña. En toda la UE, a excepción de los países del Este –con una fiscalidad más baja– los tributos suponen cerca del 75% del precio de venta de este producto.
Pero España también se ha convertido en un destino atractivo para la compra de alcohol. Los establecimientos del norte del país, junto a las zonas costeras de Francia y Bélgica, reciben cada año la visita de miles de ingleses que no dudan en cruzar la frontera en busca de un botellón más barato. No es de extrañar, teniendo en cuenta que tienen los precios más elevados del continente en materia de bebidas destiladas, exceptuando ciertos países nórdicos, como Noruega o Finlandia, según datos de la UE.
El elevado IVA portugués
El Gobierno británico aplica un impuesto especial de 338,6 euros por hectolitro de alcohol producido, frente a los 214 de Francia, los 99,2 euros de Bélgica, o los 55,5 euros propios de España –muy próximo al mínimo impuesto por la UE, de 45 euros por cada 100 litros de producto–.
Mientras, el elevado precio que, debido a las diferencias fiscales, presentan ambos productos en Europa beneficia a los comercios duty free (libres de impuestos) situados en las zonas transfronterizas, como los puertos y aeropuertos internacionales. El pasado año, el alcohol y el tabaco supusieron el 38% del volumen total de ventas de las tiendas aeroportuarias exentas de tributación gestionadas por la operadora española Aldeasa.
Mientras, los ciudadanos del norte de Portugal suelen acercarse hasta Galicia para llenar sus depósitos –con el carburante un 15% más barato–, aprovechando tales visitas para, además, comprar tabaco –unos 80 céntimos menos por cajetilla– o adquirir productos en los grandes centros comerciales gallegos. De media, sin contar los impuestos autonómicos sobre hidrocarburos, el combustible español está gravado con cerca de 396 euros por cada mil litros, mientras que en Portugal se eleva hasta los 583 euros –el mínimo que impone la UE es de 359 euros–.
Además, Portugal aplica un Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) del 21%, frente al 16% español, con lo que ciertas compras salen rentables. De este modo, España se beneficia del turismo fiscal europeo.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados