Medio Ambiente y Medio Rural, ambiente entero, de Fernando Prendes en La Nueva España
El Gobierno regional del Principado nos ha sorprendido a muchos con la fusión de dos áreas de consejería, que si bien comparten el «agro» como lugar de desarrollo, no es demasiado lo que tienen respectivamente en común. La fusión entre la Consejería de Medio Ambiente y la de Medio Rural es, desde un punto de vista apriorístico, una cuestión que necesita de mucha explicación, y también unas muy elevadas dosis de competencia e integración para su complementación armónica.
Somos muchos los que pensamos que el medio ambiente en Asturias tiene por sí solo entidad suficiente para integrar una «única» Consejería, con un enorme campo de actuación que abarcaría desde el control de los recursos hídricos a la fauna, la pesca, la investigación medioambiental, la lucha contra la contaminación y la gestión de miles de hectáreas de territorio asturiano que se encuentran sometidas a algún grado a protección. Como pueden ver, esta Consejería tendría por delante un «ambiente entero» para desarrollarse y buscar esa utopía de «Asturias, paraíso natural». Por otro lado, de ser encajada, entiendo que debería haberse pensado en mantenerla unida a Ordenación del Territorio, de la cual es parte inseparable.
A su vez la Consejería de Medio Rural, entendiendo como tal al desarrollo rural, la agricultura, la ganadería, la pesca y la industria agroalimentaria, tiene para sí un enorme espacio competencial de desarrollo, y una dilatada historia a sus espaldas. Esta Consejería ha ido siendo vaciada de contenidos en los últimos años, para ir paulatinamente convirtiéndose en una mera «oficina de Bruselas» para gestión de subvenciones, dejando de lado algunas de sus importantes funciones. Resulta innegable que el campo asturiano ha sufrido la reconversión más brutal de su historia en los últimos 25 años, y ahora que empieza a salir de una crisis con un cierto carácter «endémico», justo ahora, es cuando más necesita un reenfoque de las políticas agrarias del Principado. El campo asturiano necesita investigación, inversión; necesita una más que acertada política agroalimentaria, una política fiscal y necesita, sobre todo, una política de «desarrollo rural y fijación de población» en el propio ámbito rural. A su vez las políticas pesqueras y derivadas precisan, en Asturias, un espaldarazo definitivo para su lanzamiento, y ello sin olvidarnos de la implantación y desarrollo en nuestra región de una verdadera política forestal.
Además, si me apuran, medio ambiente y medio rural son dos caras de una misma moneda, pero son dos caras en cierto modo antagónicas; no se pueden dejar de mirar, pero juntarlas generaría grandes focos de conflicto: desde el eterno conflicto lobo-ganadero, pasando por la gestión de purines y residuos orgánicos, las quemas controladas, la eterna pelea del saneamiento de los núcleos rurales, el asfaltado de carreteras o las antenas de teléfono. Los conflictos entre el medio ambiente y los ganaderos están servidos y en ellos, ¿por quién tomará partido la Consejería?
La Administración regional ha tomado una decisión que supongo habrá valorado correctamente, pero que desde luego aún a día de hoy no ha argumentado de la manera más conveniente. Sé que el alarmismo que de forma partidista han desatado algunos sectores de la Consejería (tal parece que los lobos vayan a campar por los parques de las ciudades) es mera exageración y descalificación gratuita, pero el Gobierno regional debe valorar que hay caldo de cultivo para ello. Hay que dar a la Consejera cien días de gracia para que se asiente en su «ambiente» y pueda ir dejándonos entrever por dónde va ir su política y desde luego hay que desearle mucha suerte, porque todos los que vivimos en el medio rural dependemos de que la tenga.
