Qué se ha hecho de la conciencia? ¿De la exigencia ética, los ideales, del pecado y del remordimiento...? Me lo preguntaba leyendo el espléndido Una tumba para Boris Davidovich (Siete capítulos de una misma historia),del serbio Danilo Kis, reeditada por El Acantilado. Para Kis, la misma historia que ejemplifican los revolucionarios, inquisidores, brigadistas... que pueblan su novela es la de los más viles crímenes cometidos en nombre de los más altos ideales. Esa interpretación, la que consiste en ver la fe, o la militancia política, no como una actitud altruista sino como peligroso fanatismo, era rompedora en los años setenta, cuando se publicó el libro - mucho antes de la guerra de los Balcanes y las Torres Gemelas-; hoy se ha convertido en un tópico. Pero lo cierto es que a pesar de todo, los fanáticos desalmados que pueblan Una tumba... son también seres morales, movidos por el sentido del deber, dispuestos al sacrificio. Recordemos, sin ir más lejos, a los brigadistas, como el sobrino de Virginia Woolf: un joven poeta inglés que sin ninguna necesidad, sólo porque consideraba su deber defender la democracia, vino a luchar a España. (Murió al poco de llegar, conduciendo una ambulancia. Tenía 29 años.) Yhay otro ámbito, aparte del político, en el que el sentido del Bien y el Mal ha hecho estragos: el del sexo. La literatura universal está sembrada de cadáveres de amantes asesinados o suicidas: no sólo Romeo y Julieta, Werther o Ana Karenina, sino hasta obras escritas en pleno siglo XX, como El buen soldado de F. Madox Ford (1915), terminan con muertes tremendas provocadas por amores ilícitos.
Menos de un siglo más tarde, ¿qué se ha hecho de todo eso? En Estados Unidos, hace unas semanas, Divine Brown, la prostituta que se hizo famosa por haber sido pillada in fraganti con Hugh Grant, saltó de nuevo a la actualidad con un reportaje en el que explica lo muy rica que se ha hecho y lo muy orgullosos que se sienten de ella sus hijas y su ex marido, un tal Gangster (bonito nombre) Brown, que declaraba ante las cámaras: "Amo a Hugh Grant. Gracias a él, nuestras hijas van a un colegio privado, yo he viajado en aviones privados, nos ha dado la oportunidad de tener una vida como nunca habríamos soñado... Me gustaría conocerle y darle las gracias" (un honor que Grant sospecho que declinaría...). En Inglaterra, un periódico gratuito de los que se reparten en el metro dedicaba la semana pasada un artículo a los buenos modales en una situación social un poco delicada: la orgía. No era un artículo irónico: consultando a empresarios del sector, daba algunas instrucciones sobre cómo comportarse - "saber estar", que diríamos- en los clubs de intercambio de parejas.
¿Dónde están, entonces, si es que aún existen, los principios morales?... En Inglaterra, país que aparte de educado es sumamente moralista, se han trasladado a otros campos. Los periódicos debaten a menudo cuestiones como si es o no ético comprar ropa barata fabricada en China, los supermercados Harvey Nichols han anunciado que no van a vender más foie-gras, en nombre de los derechos de las ocas, y en las calles se ven a veces letreros que después de "No aparcar" no ponen, como en España: "Llamamos grúa", sino: "Aparcar aquí es ilegal... y egoísta". En cuanto al comunismo, en cuyo nombre millones de personas murieron y mataron... acabamos de leer una noticia: la marca de bolsos y maletas de lujo Louis Vuitton ha fichado, para su nueva campaña de publicidad, a Mijail Gorbachov. Si Lenin levantara la cabeza.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados