Critican al presidente francés porque se ha ido de veraneo a un exclusivo resort a orillas de un precioso lago en el estado norteamericano de New Hampshire. Nicolas Sarkozy ya recibió pullas cuando, nada más ser elegido, se largó a relajarse a Malta con amigos, al parecer, demasiado adinerados. ¿No hay nada más para atizar al inquilino del palacio del Elíseo? Tal vez la venta de armas a Libia daría más de sí, o la recién aprobada ley de servicios mínimos en los transportes públicos, o el sistema de financiación del plan Alzheimer. Lo veremos a partir de septiembre. En todo caso, resulta sospechoso que, ante la habilidad de Sarkozy a la hora de crear complicidades entre el centro y la izquierda, las críticas más sonoras cultiven el populismo fácil que explota la sospecha acerca de dónde, con quién y a cargo de qué presupuesto pasa las vacaciones el presidente de la República. Mal lo tienen los adversarios del líder francés si han de vivir de estas historietas.
¿Cómo debe veranear un jefe de Estado o un jefe de Gobierno? ¿Quién dice dónde está la frontera entre la discreción aceptable y el lujo ofensivo? Tomemos un ejemplo al azar: la familia real saudí, que cada verano aterriza en su pequeño palacio de Marbella con un séquito de 300 personas, lleva el trámite del asueto canicular hasta un extremo espectacular que, como es lógico, no sería defendible para un gobernante democrático. Tomemos otro ejemplo opuesto, también al azar: las vacaciones familiares, ascéticas y frugales del president Jordi Pujol en Queralbs, en la comarca del Ripollès, con mucha lectura y mucha montaña a buen paso. Entre las opulencias del desaparecido rey Fahd y la contención calvinista del Molt Honorable Pujol, hay todo un catálogo de opciones.
¿Puede establecerse si la elección del parque de Doñana que ha hecho este año Zapatero es más o menos acertada que sus anteriores veraneos en las islas Canarias? ¿Puede saberse de modo concluyente si es más polémico hacer una excursión a Quintanilla de Onésimo (topónimo de ecos indudablemente falangistas), como era costumbre de Aznar cuando era presidente del Gobierno, o navegar a bordo del yate Azor (embarcación del dictador Franco), como hizo González cuando ostentaba la misma responsabilidad?
Los que despellejan a Sarkozy por sus vacaciones me recuerdan mucho a un actual conseller de la Generalitat que dijo, al poco de ser nombrado, que él viajaría en metro cada día hasta su oficina para estar más cerca de la gente. Los Mossos d´Esquadra tuvieron que recordarle que existen unos protocolos de seguridad y que ir en coche oficial no le impediría saber lo que pasa de verdad. Si es que quería enterarse, claro está.

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